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Conclusiones tras el 8-N

La ilusión del fin del kirchnerismo

Opinión

Los empresarios creen que la protesta sepultó los anhelos de reelección presidencial y que eso mejorará el clima de negocios. Sin embargo, los intentos del Gobierno de recuperarse podrían complicarlos

Por   | LA NACION

Néstor Kirchner era un hombre combativo que, en la intimidad, sabía reflexionar. Incluso hasta límites inexplorados en público, como pedir disculpas. Daniel, uno de sus secretarios privados, lo entendió en vivo y en directo el día en que el santacruceño le dio un golpe y, con el anillo, sin querer, le hizo sangrar el ojo. Era el trato a que el líder tenía acostumbrado a su entorno. La anécdota que su hijo Máximo cuenta en la película de Paula de Luque describe algo de este costado bromista, de riqueza psíquica incalculable. "Jugábamos a los soldaditos y pasaba y por ahí te rompía todo. Eso hacía Néstor: rompía, ¡pa, pa, eeeeh...! Y otra vez a arreglar todo. Y se divertía", recuerda Máximo en el documental, por estrenarse el próximo jueves.

Era un jefe que por lo menos parecía escuchar. Lo acreditan, además de los empresarios que lo frecuentaban, varias historias patagónicas en apariencia triviales. La más reciente: en sus últimos meses de vida se lo veía dando cucharadas a potecitos de arándanos. Una implícita aprobación a un consejo doméstico de José María Díaz Bancalari. El diputado lo había convencido de que esa fruta, pródiga en antioxidantes, vigorizaba todas las facetas humanas.

No es por capricho que en la quinta de Olivos se lo esté extrañando cada vez más. Principalmente por contraste: la presidenta de la Nación es, en las reuniones, mucho más propensa a explayarse que a atender. El embajador Carlos Betini, el hombre sobre quien había recaído este año algo así como la tutela de Florencia Kirchner en España, volvió de su última entrevista con la jefa del Estado convencido de esta idea. Incluso ese viejo vínculo personal puede haber sufrido la distancia en todo sentido. Betini no fue a verla directamente: sondeó antes, entre los colaboradores, el estado de ánimo de Cristina.

¿Cómo está?, se preguntan empresarios, legisladores, gobernadores y sindicalistas. La curiosidad es política, aunque busque hurgar en el mundo de la psiquis. De ahí que sea tan relevante, para todos ellos, conocer el impacto de la protesta del 8 de noviembre. La propia cerrazón del poder realimenta la incógnita. Pero parte de esta dirigencia, principalmente los hombres de negocios, ha sacado una conclusión propia, acaso apresurada, y de valor innegable para quien invierte: la última marcha callejera sepultó por completo cualquier esperanza de reelección presidencial.

Es curioso. La historia reciente del kirchnerismo se define por la capacidad de recuperarse ante las crisis. Pero algunos sondeos sociales y la sospecha de que la reactivación económica no será tan significativa como imaginaban para un contexto de alta inflación han convencido a varios de que esta vez todo será más arduo. "La materialidad del bolsillo", concluiría Ricardo Forster.

El tema se trató, fuera de programa, antes y después de la última reunión de junta de la Unión Industrial Argentina (UIA). Y es recurrente entre los gobernadores. Daniel Scioli, por ejemplo, tiene encuestas de las consultoras Poliarquía, Management & Fit y MB2 con resultados coincidentes. La imagen de Alicia Kirchner en la provincia de Buenos Aires, que era del 30% antes del 8 de noviembre, cayó al 20% inmediatamente después. El 65% de los consultados juzgó positiva la protesta. La imagen negativa de la Presidenta está entre 38 y 39%. Y la positiva no supera el 35%, su núcleo histórico.

Es la única explicación que le encuentran en La Plata a cierta tregua que perciben en estos días desde La Cámpora. Santiago Carreras, diputado provincial del Frente para la Victoria y miembro de esa agrupación, dijo esta semana a CadenaBA: "Scioli da sobradas muestras de lealtad al proyecto".

La mayoría de los empresarios comparte estas nociones. Y un peligro adicional: las referidas recuperaciones del kirchnerismo suelen venir cabalgando gestas que en general los involucran. En 2009, después de la derrota por el voto de Julio Cobos en el Senado contra las retenciones móviles, contribuyeron a la resurrección las estatizaciones de Aerolíneas Argentinas y las AFJP. Este año, aunque breve, el único apuntalamiento llegó con la expropiación de YPF.

¿Qué otra cosa que una nueva epopeya será entonces el 7 de diciembre, fecha de vencimiento del plazo de la medida cautelar del grupo Clarín? Quienes están cerca de la Presidenta no la ven pendiente de otro tema. En ese objetivo está, explican, el único modo en que ha digerido la protesta.

No es que el 100% de los empresarios argentinos haya decidido respaldar abrumadoramente a Héctor Magnetto. Pero muchos advierten que el de Clarín puede ser caso testigo e inaugural de otros avances. Algo de esto intuye Eduardo Eurnekian: hace por lo menos un año que Axel Kicillof, viceministro de Economía, le viene transmitiendo sus ganas de que el Estado amplíe su participación en Aeropuertos Argentina 2000. Francisco de Narváez acaba de vender al Fénix Entertainment Group su parte en la concesión del predio de La Rural con presunciones análogas sobre sus propios negocios. Y Jorge Rendo, director de Relaciones Externas de Clarín, admitió el 22 del mes pasado ante unos 40 ejecutivos, durante un revelador encuentro organizado por el G-25, la agrupación que encabezan los ministros macristas Esteban Bullrich y Guillermo Dietrich, que el multimedio no quedaría exactamente igual después del kirchnerismo.

Serán momentos de cambios. Tal vez no sólo con las corporaciones. En algunas filas del Gobierno se empiezan a preguntar si no habrá transcurrido ya un tiempo prudencial como para que la Presidenta haga un balance del desempeño de los funcionarios más nuevos. Es la única razón que une últimamente a Roberto Baratta, subsecretario de Coordinación del Ministerio de Planificación, con José María Olazagasti, secretario privado de Julio De Vido. Ambos se llevan mal con Kicillof, gran esmerilador de las viejas atribuciones de esa cartera. El silencio presidencial suele permitir fantasmas disímiles y contrapuestos: la última convocatoria a De Vido tras el apagón eléctrico, ¿fue una reivindicación o, por el contrario, una exhortación tardía a que el arquitecto dé la cara ante una de las gestiones más inexplicables desde 2003?

Sólo la Presidenta lo sabe. Pero ningún funcionario, ni siquiera los novatos, puede arrogarse perpetuidad en un esquema de poder radial y de cortesanos prescindibles. Aunque algunos se hayan ilusionado al ser convocados hace un mes por Máximo Kirchner a un picado en Olivos. Se podrá jugar hasta de enganche y con la diez, pero la lógica es clara y probablemente recrudezca: a Olivos no se va a proponer sino escuchar.

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