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Perspectivas

La pluralidad de voces menos imaginada

Enfoques

Del secreto al murmullo, del murmullo a la crítica en voz alta, de la declaración pública con nombre y apellido a los micrófonos, de los medios al grito en la calle y de la multitud al atril en la cara de un funcionario del Gobierno.

Primero fue un agente inmobiliario. Después uno de los más grandes empresarios argentinos. Más tarde un gobernador patagónico. A él le siguieron prefectos y gendarmes a los que tampoco la plata les alcanzaba para llegar a fin de mes. Luego empezó a hacerse oír el rumor de un río virtual en las redes sociales que desagotó en un mar de calles y plazas de casi todo el país. Y al final otro gobernador se anima no sólo a la queja en público sino a la crítica sin intermediarios ni distancia física.

Algo (o mucho) ha cambiado para el Gobierno en lo que va de este 2012. Una inesperada (y no buscada) pluralidad de voces, hasta hace poco inaudible, emergió del subsuelo en el que un inapelable 54 por ciento de votos había sepultado cualquier disidencia pública.

Pero el Gobierno no ha cambiado nada. Aferrado a sus verdades, a todos les responde igual. Se trate de uno o de miles. Sea una voz individual o un coro multitudinario. Ante cada manifestación crítica, una catarata de descalificaciones verbales o un carpetazo fiscal suele ser la respuesta preferida por el oficialismo para continuar con su extraña forma de dialogar. Y convencidos o por conveniencia, un auténtico batallón de furibundos, disciplinados y uniformados funcionarios y comunicadores militantes se precipita en cada ocasión a cumplir con la misión de acallar u oponerle a cada crítico su voz y su mirada repleta de certezas.

Pero, como con la inflación, la eficacia parece haber quedado atrapada en la aduana de Moreno. Imparables, como una bola de nieve, los disconformes y los quejosos no han dejado de crecer ni de alterar los índices de popularidad presidencial hasta en las encuestas pagadas por el oficialismo.

Todo un éxito en materia de libertad de expresión podrá argumentarse, aunque muchos pueden dar fe de que en castellano free no es sinónimo de gratis y han pagado su buen precio por abrir la boca. Nada irreparable, es cierto, pero tampoco barato ni agradable.

Sin embargo, nadie puede decir que el Gobierno no haya registrado el cambio de humor social y que nada vaya a modificar.

Un recorte provisional, módico y excepcional en el impuesto a las ganancias y una mención sin crispación a la clase media parecen ser las herramientas con que ha decidido probar Cristina en busca de ponerle algún freno a una rueda que no sólo no se ha detenido en todo 2012, sino que se ha acelerado en los últimos dos meses.

Las primeras reacciones a esa nueva terapia experimental no han despertado demasiado optimismo ni permiten augurar necesariamente un éxito. En caso de que fracase, al Gobierno le quedan dos opciones: probar con algún cambio más profundo, en el fondo y en las formas, o rezar para que un golpe de fortuna y un viento de cola veraniego derrita la bola de nieve. Los antecedentes indican que el kirchnerismo está habitado por demasiados creyentes..

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