Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí
 
lanacion.com | Las noticias que importan y los temas que interesan
Ver página en pdf

Twist de Palito

Revista
 
 

Ramón Palito Ortega está instalado en un departamento en la zona que se denomina La Isla, en Barrio Norte, y cada lugar tiene el sello de sus recorridos. Muebles franceses, cuadros chinos, un dibujo de Irineo Leguizamo de 1966, una escultura en hierro que le entregó Sadaic en 1972 como Gran Premio de Música Internacional. Un comedor verde con amplias sillas y una mesa de madera lustrada muy grande, que se agranda más aún cuando se instala toda la familia: su mujer de siempre, Evangelina Salazar, y sus seis hijos: Martín, Emanuel, Julieta, Sebastián, Luis y Rosario. A los 71 años se lo ve satisfecho por haber cumplido un viejo sueño: recorrer Estados Unidos y grabar canciones en la cuna del country y el rock & roll. Producto de ello tiene un disco nuevo bajo el brazo, Por el camino del Rey, que presentará el 1° de diciembre en el Luna Park.

Parece siempre recién bañado y peinado. Siempre superprolijo. Pantalón de jean y camisa afuera. Tranquilo. Este personaje siempre sorprende por su parsimonia, por la calma con la que habla. Nunca levanta la voz. Y durante las dos horas de charla, recuerda frases que le han dicho a lo largo de su vida.

A los 71, ¿estás para hacer un balance?

[Silencio largo] Sí, se puede hacer un balance.

 
Una pintura. Retratado por Antonio Berni, en 1975. Foto: Gustavo Saiegh
 

¿Te complica si te digo balance?

No, no, he hecho balances muchas veces. Hacés un balance cuando empezás a tener notoriedad, a vender discos, a viajar por el mundo... Y un día te encontrás en un país determinado, te acordás de tu pueblo natal y empezás a hacer todo un balance de cómo llegaste hasta ahí. Ahora hay más cosas que poner en el debe y el haber. Yo pasé de programar la participación del American Ballet en el Teatro Colón, moviendo 120 personas desde Nueva York, a cantar en Iquitos, en la selva de Perú. De quedarme con la deuda de Sinatra a haber montado una productora con mucho éxito en Miami gracias a la gran mano que me dio el mismo Sinatra, y luego volver, sin ninguna escala, de Miami a la gobernación de Tucumán. Soy un hombre de soñar mucho. Pensá que iba en bicicleta a repartir mercadería del supermercado El Hogar Feliz, y cuando pasaba frente a la Casa de Gobierno me asustaba semejante palacio. Y volví años después como gobernador.

¿Estás conforme con este señor que sos ahora?

En gran medida. Creo que es el resultado del espíritu que uno tiene, de la fuerza interior que uno heredó.

¿En qué momento decidiste que más allá de las crisis, el matrimonio y la familia iban a ser indestructibles? ¿De dónde sacaste este concepto de familia?

Yo creo que está relacionado con un sentimiento de abandono que tuve desde muy chico por parte de mi mamá, y el único pilar inconmovible era mi viejo. Él me permitió venir a los 15 años a Buenos Aires para tener un futuro. Llegué sin amigos y la primera noche dormí en la plaza de Retiro. Luego mis hogares fueron los sótanos, las pensiones, hasta que entré en el Club del Clan y empecé a ganar unos pesos. Fue entonces cuando alquilé un departamento pequeño de un ambiente.

Pero volvamos al concepto de familia...

Todo lo que hacía era en función de mi padre. Él fue mi guía y nos criaba. Lo veía levantarse a las 5.30 a lavarnos una ropa y prepararnos el mate cocido. Lo viví sacrificándose enormemente por nosotros, que éramos cinco y una chiquita. Mirá, yo conocí a mucha gente, pero cuando la vi a Evangelina, enseguida pensé: "Esta mujer podría tranquilamente ser la madre de mis hijos". Yo quería una mujer, quería un hogar. No quería encontrarme con mi esposa en una filmación pasando el libreto. Eso no lo quería. Y ella me dijo: "El día que nos casemos dejo todo, sólo quiero mi hogar; el matrimonio y mi hogar". No me equivoqué.

¿Y cuándo te diste cuenta de que la familia Ingalls es de ficción?

 
Mmúsica en el aire. Un piano, una mandolina y algunos libros. Foto: Gustavo Saiegh
 

Siempre lo supe. Pero cuando los chicos se empezaron a hacer notar, me di cuenta de que tenía que ir como cualquier padre a ver por qué se peleaban. Que tenía que ir al colegio. Recuerdo el primer día de colegio de Sebastián. Ya tenía su carácter. Yo me iba dando cuenta de que ser padre no iba a ser tan sencillo.

Palito se convirtió en Ramón Ortega cuando ingresó en la política, en la década del 90. Fue gobernador de Tucumán entre 1991 y 1995 y senador nacional por esa provincia más tarde, cuando estalló el escándalo por presuntas coimas en el Senado para aprobar la reforma laboral, en 2000. El mes último declaró como uno de los testigos ante el Tribunal Oral Federal 3 de la causa en la que fue sobreseído.

Hablemos de política. En la época de Menem había tres personajes que eran el símbolo de la no política. Carlos Reutemann, Daniel Scioli y vos. Todos llegaron a gobernadores y fueron exitosos. El único que no la abandonó fue Scioli. ¿Qué pasó con tu relación con la política?

La política en mi vida ha sido un capítulo inesperado, porque en los Estados Unidos había construido mi propia casa, mi casa hermosa donde creía que iba a vivir para siempre. Todo el tiempo me reunía con médicos amigos que me conseguían material para el Hospital de Niños de Tucumán. Y así empezó todo; acopiaba y mandaba. En una oportunidad hubo una promoción muy grande de un par de laboratorios y me encontré con una cantidad de medicamentos inmensa. Entonces me dije: "Los voy a llevar yo personalmente para entregárselos a la cooperadora". Me vine con la intención de entregar todo en Tucumán y volverme. Hicimos la entrega y nos fuimos a comer unas empanadas tucumanas y en esa mesa pregunto: "¿Qué pasa con Tucumán?" [se ríe]. Y todos me pusieron cara de preocupación y de asombro ante mi pregunta. "No sabés cómo está Tucumán. La están por intervenir. El gobierno se cae a pedazos, no hay clases hace tres meses, todo mal." Y siguen: "Aquí va a ganar Bussi, sí o sí". Me volví pensando en esto, que tenía que hacer algo. Y así empezó.

Recuerdo que tenías el apoyo de grandes sectores desde Mercedes Sosa y la izquierda hasta empresarios.

El motivo era ganarle a Bussi.

¿Fue difícil convencerla a Evangelina?

Un día les dije: "Voy a ser gobernador". Evangelina empezó a reírse. Esperé a que terminaran y les dije: "Es en serio. Voy a ser gobernador". Y lo que empezó con una risa terminó con todos llorando, porque nos habíamos mudado hacía un año a esa casa que construimos nosotros. Nadie entendía. Era realmente una aventura. Tuve que formar mi propio partido porque no me dejaban ser candidato por el peronismo. En medio de la campaña me preguntaron si quería conocerlo a Menem. Cuando fui a verlo me dijo: "Ya tengo información, que vas muy bien y que vas a ganar. Lo único que tenés que hacer es abrirte de esta dirigencia vieja que está en Tucumán. Caminá solo, seguí caminando solo, solo, caminá y caminá, y andá casa por casa; andá a los pueblos. Así vas a ganar".

¿Como ves al país hoy?

Hay cosas que me parece que se han hecho bien, otras que faltan. Pero sobre todo me gustaría ver sentados a la misma mesa del diálogo a todos los sectores sociales para sacar adelante de una vez a mi país.

¿Y cómo fue la decisión de ponerle el cuerpo y el alma a Charly García en su peor momento con las drogas? ¿Qué te enseñó tu relación con él?

Fue una relación muy cercana en esos siete meses que estuvimos juntos. Ese hombro que uno le pudo poner a un amigo fue totalmente casual, no es que lo pensé. Yo estaba autorizado a entrar a la clínica donde él estaba internado. Un día me dije: "Voy a ir mañana". No se por qué razón, algo me decía que tenía que ir. Cuando llego encuentro a la jueza, que estaba desesperada: "Me dan 24 horas para encontrarle un lugar y no lo logro". En ese momento Charly me abraza y me dice unas cosas al oído que me quedaron grabadas: "Demasiado dolor". Fue todo lo que me dijo. Allí mismo hablé con la jueza para que fuera a mi casa de Luján.

¿Qué fuerza hay que tener para hacerse cargo del otro, de un ser humano tan vulnerable?

 
Hablando con mi guitarra. Firmada por los Memphis Boys, la guitarra fetiche de Palito. Foto: Gustavo Saiegh
 

Y se dio una cosa demasiado dolorosa para él y para mí. Fue la experiencia más grande que viví en mi vida con respecto al dolor humano. Yo vi sufrir mucho a mi viejo, pero de alguna manera él tenía cierta claridad. Todavía tenía cierta voluntad y fuerza. En el caso de Charly, él no tenía la lucidez suficiente. Solamente sabía que le dolía, le dolía en el alma. Todo le dolía en el alma.

Demasiado dolor . Es una frase muy fuerte.

Sí. Hice una canción, Abrazada al dolor, y se la hice escuchar. Un día también empezaron a venir los amigos los sábados, los fines de semana. Pedrito Aznar, que a Charly le gustaba mucho, porque era muy ocurrente, le inventaba juegos, escuchaba algunas cosas. También venían León Gieco, Nito Mestre... Iban al estudio, ya que para Charly no había nada que lo conectase más a la vida que la música. Entonces, en el momento de más angustia decía vamos, vamos, se sentaba en el piano, que era su cable a tierra, y empezaba a tocar. Casi no escuché sus propias canciones ni cosas modernas. El tipo tocaba música clásica y eran las canciones más tristes que podías imaginar en tu vida.

Conmueve tu relato. ¿No tenías miedo de no poder sostenerlo?

No, no, porque si hubiese tenido miedo lo habría hecho igual. Esta ha sido también la característica un poco en mi vida. A los 15 años no es fácil venirse solo a Buenos Aires. No soy de miedo fácil.

Y cuando estuviste internado en la Favaloro, ¿tuviste miedo?

Estaba solo en Luján y a las 4 me empezó a doler muy fuerte el costado izquierdo del pecho, el corazón. Y entonces pensé: "Este dolor no lo tuve nunca". Y no tenía a nadie cerca. Entonces me levanté, me hice un té con leche y seguía teniendo el dolor. Y al rato empecé con un poco de temperatura. Así que a las 8 no esperé a nadie, no llamé a nadie, me subí al auto y me vine. Llegué a la puerta del sanatorio y ahí me tiré en la camilla; me llevaron a terapia, me enchufaron todo. Estuve cinco días. Sí me preocupé, porque yo siempre fui muy sano.

 
Vida de canciones. ''''Hoy mi vida es muy agitada porque tengo mucho trabajo''''. Foto: Gustavo Saiegh
 

Tengo la sensación de que las mujeres que se casan con un Ortega se convierten en invisibles. Evangelina, en su momento, Guillermina, Ana Paula. ¿Es tan fuerte el sello Ortega?

Puede que sí..., puede que una madre que dejó todo para dedicarse exclusivamente a los hijos marque a esos hijos. Puede que esos hijos idealicen a su madre. Incluso Sebastián lleva tatuado el nombre de su madre.

¿Y cómo es en lo cotidiano?

Todos, con la edad que tienen, si les duele la espalda vienen a ver a la mamá, se tiran en la cama y le dicen: "Mamá, me duele la espalda". Y la madre les tiene que hacer masajes.

¿Cómo es un día en tu vida?

Nunca fui de madrugar por mi propia voluntad. Siempre fue porque tenía compromisos. Hoy mi vida es muy agitada porque tengo mucho trabajo. Estoy con un material nuevo. Tengo fiestas. Tengo eventos en el interior.

¿Hacés gimnasia?

Camino. En Luján camino en el campo y acá en la cinta.

Hablemos de los golazos de tu vida...

El primero tal vez haya sido cuando me dijeron que sí en la compañía de discos. Me acuerdo de eso, de la sensación que tuve porque me dijeron que sí, después de haber escuchado muchos no. El segundo, el día que salí de una pensión de la calle Lavalle entre Maipú y Esmeralda, y pasó un señor silbando una canción que yo acababa de grabar que se llamaba Dejala dejala, y a mí me costaba creer que era mi melodía . Y lo empecé a seguir con el oído atento, y pensé: "Estoy en la calle, mi canción está en la calle, este hombre va silbando mi canción". Y fui volando a la grabadora, al primero que encontré fue a Lalo Fransen. Y le digo: "Lalo, mirá lo que me pasó". Y Lalo me dice: "Ah, pibe, entonces ya te salvaste, chau". El tercer golazo fue cuando el hombre que me estaba escuchando en un estudio justo estaba enamorado de Jolly Land y ese día estaban peleados. Y yo canto Sabor a nada. Me la hizo cantar tres veces y yo no entendía. Voy al control y la chica estaba ahí; entonces me dice: "Cantala otra vez". La canto y cuando termina, me dice: "Flaco, dese por artista nacional". Ahí cambió la frase que él venía repitiendo: "Deje su teléfono que lo vamos a llamar".

Los dueños del legado

-Hablemos tus hijos... De mayor a menor, están ¿Martín?

-Es una especie de asesor que tiene Sebastián, a quien ayuda con la musicalización de todo lo que hace. Es un poco el segundo par de ojos de Sebastián. Es decir, muchas veces Sebastián no tiene tiempo de ver todos los capítulos. Por ahí Martín le dice: "Mirá, este personaje está aflojando. Este personaje escucho que lo nombran en la calle y no está participando demasiado". Es el que le lleva un poco el tiempo de las cosas que hace Sebi.

-¿Julieta?
¿Es la más rebelde?

-Julieta es actriz, está sola y tiene a Benito.

-¿Sebastián?

-Está en pareja. Y tiene la productora. Es el que tiene una vida más pública.

-¿Te dolió cuando se hizo pública la relación de Guillermina Valdés con Marcelo Tinelli?

-No, no es dolor. Yo no soy un tipo al que le duela fácilmente algo. Tiene que ser demasiado para que me duela. Soy más bien de tratar de razonar. Acá hubo una confusión. El tema es cómo le impactó a Sebastián cuando dijo Hace 15 días estuvimos hablando [con Tinelli] no me dijo nada. Entonces él en su cabeza pensó: ¿Cómo puede ser? Tendrían que haber encarado de otra manera la situación.

-¿Emanuel?

-Vive feliz y contento en Estados Unidos, con su música, está casado con Ana Paula [Dutil] y tienen dos hijos.

-¿Luis?

-Luis tiene en su casa un estudio de compaginación. Después de Verano maldito, hizo una película [Dromómanos] por la que ganó el premio a mejor director en un festival que hicieron en el Abasto [Bafici]. Está de novio; para mí está enamorado. Pero Luis es un personaje muy especial, porque no quiere saber nada con el sistema establecido. Sebastián quiere que se incorpore a la empresa como director. Pero es difícil.

-¿Rosario?

-Rosarito vive con nosotros todavía. Bueno, está con Charly, grabó su primer disco como solista y la nominaron para un Grammy latino. Es de perfil muy bajo.

-Salvo cuando estaba de novia con Martín Lousteau.

-Fijate que Lousteau le dijo: "Mirá, yo quiero tener una familia, quiero casarme". Y ella le contestó: "No, yo ni loca". Fue Rosario la que terminó la historia.

El último disco en Nashville

Un viaje a las raíces que rompe una pausa creativa de 25 años: son sus primeras canciones nuevas de las últimas décadas. Entre otros, Palito Ortega pasó por estudios legendarios como Capitol Records, en pleno Hollywood, donde grababan Frank Sinatra, Judy Garland y Nat King Cole.

En Nashville estuvo acompañado por The Memphis Boys, el grupo que brilló en discos y conciertos de Elvis Presley y a Johnny Cash. Con ellos grabó, entre otras canciones, Importa ser feliz, el single adelanto de Por el camino del Rey, el nuevo disco, que presentará en el Luna Park el 1° de diciembre. El otro sueño que cumplió fue conocer la casa de su ídolo máximo: Elvis Presley. Allí, en Graceland, Palito visitó también su tumba. En Memphis cantó con un coro gospel en una iglesia, y fue a los míticos estudios Sun Records y RCA, donde recordó su paso por esa misma ciudad en los años 60, cuando conoció a Elvis en persona. Con Rosario, su hija menor, grabó Del lado del corazón. Fue la primera vez que cantaron juntos..

TEMAS DE HOYInseguridadFeria del LibroFrente Amplio UNENRicardo Bauleo