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La Sinfónica, en ascenso

Concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional con la dirección de Andrés Spiller y la participación del pianista Daniel Rivera en calidad de solista. Programa. "Preludio a la siesta de un fauno", de Debussy; Concierto Nº 2 para piano y orquesta en Do menor, de Rachmaninov; Sinfonía Nº 3, de Esteban Benzecry, y "Las alegres travesuras de Till Eulenspiegel", de Richard Strauss. En el Auditorio de Belgrano. Nuestra opinión: bueno.

Jueves 09 de septiembre de 1999

Hubo en el último concierto de la Sinfónica Nacional aciertos felices, por el mérito de quienes asumieron la responsabilidad de encarar desde sus atriles la ejecución de partituras consagradas. Su frecuentación por parte de batutas y organismos orquestales de fama mundial, constituye un estímulo y, a la vez, un permanente desafío, especialmente cuando los sellos grabadores los han fijado en el surco.

Pero, ciertamente, también hubo factores que conspiraron para que las cosas no hayan resultado de maravillas. Una de ellas fue el deplorable estado del instrumento elegido para abordar una obra como el Concierto Nº 2 de Rachmaninov para piano y orquesta, máxime cuando se debía poner de relieve un pianismo tan elaborado como el del compositor y pianista ruso.

La primera parte del programa tuvo, así, un resultado muy diverso. Si nadie hubiera visto a los intérpretes ni a su director ocasional, Andrés Spiller -que es el subdirector estable de la orquesta- y tan sólo los hubiera escuchado, habría creído que se trataba de una de las calificadas orquestas extranjeras que nos visitan. Tal fue el grado de rendimiento del conjunto en esta página genial.

La forma y el estilo de esta obra impar fueron mantenidos con clara conciencia de la sensualidad sonora y las imágenes evocativas de un paisaje de ensueño poblado de ninfas y faunos. Fue impecable el solo inicial de la flauta y, en pareja medida el trazo blando del corno y las notas desgranadas del arpa.

Enjundiosa textura

Las condiciones en que debió actuar el excelente pianista argentino Daniel Rivera, con un instrumento en malas condiciones y sin profundidad sonora, no impidieron advertir su pianismo seguro y sin fisuras en el acometimiento del Concierto Nº 2 de Rachmaninov. Su virtuosismo afloró cuando hizo falta, en pasajes de enjundiosa textura, particularmente en los rápidos movimientos extremos de la obra, y el fraseo se adecuó a la expresión lírica; pero su toque pianístico no contó con la respuesta instrumental en materia de color y calidad sonora cuando fue necesario.

No todo anduvo bien con el sector grave de las cuerdas, pese a que éstas en su conjunto crearon el clima de expresivo lirismo que Rachmaninov requiere, y el segundo movimiento no estuvo del todo logrado en materia de equilibrio. El Allegro scherzando final fue una muestra de la capacidad de Rivera para potenciar sus recursos técnicos y expresivos a alturas considerables.

Más sincronización entre los distintos sectores instrumentales y mejor equilibrio sonoro se advirtió en la pujante obra de Esteban Benzecry, su Sinfonía Nº 3 ofrecida en calidad de estreno. El joven compositor, actualmente radicado en París donde desarrolla una carrera ascendente, posee perfiles propios que definen una clara voluntad de expresión, con suficientes dosis de candor vanguardista como para encarar con éxito tareas presentes y futuras de genuina importancia.

La obra, de poco más de 20 minutos de duración, subtitulada "Preludio de un nuevo milenio", y compuesta por encargo de la Sinfónica Nacional tiene suficiente impulso como para dejar de lado los lugares comunes de cierta vanguardia, en verdad, decadente. Su Sinfonía Nº 3 se aparta de las formas académicas establecidas y se interna en el mundo fascinante de los timbres instrumentales y sus combinaciones, explorándolos a fondo.

El "Réquiem a los mártires del último siglo", posee significativa carga dramática y un largo pasaje de gris desolación sumamente logrado.

Tintes de hedonismo sonoro

El segundo movimiento ("Homenaje a la creación y el progreso") con gran movilidad y motorización rítmica, donde se combinan formas y texturas, que por momentos alcanza cierto tono inquietante, y el tercero ("Amanecer de la esperanza") es música vibracional, con tintes de hedonismo sonoro y un crescendo final de larga preparación y drástico final.

La versión que la Sinfónica dio de "Las alegres travesuras de Till Eulenspiegel", de Strauss, mereció un detallado tratamiento por parte de la Sinfónica, dentro del carácter burlesco y aun satírico de la historia del bufón, si bien careció de la transparencia que Strauss da a su orquestación junto al espléndido despliegue instrumental.

Piano a la deriva

Una vez más en esta temporada, el concierto perteneciente a la Sinfónica Nacional debió contar con un piano en deplorables condiciones técnicas y acústicas. El instrumento asignado a la orquesta puso en evidencia mayores deficiencias que las observadas en las fechas anteriores. Resulta notoria la falta de mantenimiento del instrumento y de la debida afinación que debe preceder a un concierto. Pese a figurar en el programa un técnico afinador responsable, éste no se halla actualmente en funciones y aquellas tareas, imprescindibles, parecen haber sido libradas al azar.

Héctor Coda

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