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"¿Qué tipo de victoria es matar chicos?"

La furia palestina por la muerte de 11 miembros de una familia cuya casa fue bombardeada

Martes 20 de noviembre de 2012
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CIUDAD DE GAZA (De una enviada especial).– Ofrecen café, dátiles y dulces en la carpa de techo de plástico azul que se levanta a pocos metros de donde quedaba la casa de Yamal Adalú, que anteayer quedó reducida a escombros por tres misiles. En el ataque aéreo murieron su esposa, cuatro hijos, una nuera, cuatro nietos y una hermana.

Hombres vestidos con túnica, en silencio, con rosario árabe en la mano, hacen fila para presentarle a Yamal su pésame, darle la mano, un abrazo. Salta a la vista una corona de flores de plástico enviada por Ismail Haniyeh, jefe del gobierno de Hamas, y un pasacalle colocado por el mismo movimiento islámico para darle las condolencias a la familia. Flamean banderas verdes.

Yamal, junto con su hijo, fue el único que se salvó del más que inesperado ataque que sacudió como nunca este barrio residencial de Gaza , porque no estaba en ese momento en la casa. "Voy a hacer todo lo que pueda para que haya justicia y que estos criminales paguen", dice Jamal, dueño de un almacén, que más allá de la tragedia, llama la atención por su compostura. "¿Por qué nos atacaron? En nuestra casa nunca hubo bombas, nunca tuvimos armas. Sólo había chicos, mujeres", agrega, aunque Israel afirma que había un líder de Hamas.

Vecinos cuentan que todavía no pudieron encontrar el cuerpo de dos chicas debajo de la montaña de escombros que antes era una casa de tres pisos. De hecho, hay una topadora trabajando. Entre la gente, reina la rabia. "Era una familia pacífica, los israelíes dicen que el hijo estaba involucrado con la resistencia armada, pero, aunque fuera cierto, que no lo es, eso no justifica que hayan bombardeado toda la casa, llena de mujeres y chicos", dice Wael Jebril, de 33 años, maestro que vive a pocos metros de allí. "Fue atroz la explosión, a mi madre casi le agarra un infarto y mi sobrinita de siete años empezó a llorar histéricamente", añade.

"Nunca hubo advertencia, atacaron sin avisar que había que evacuar la casa", dice Hala Alashi, de 24 años, que como vive en el segundo piso de la casa de enfrente, fue testigo directo de la masacre. "Nunca nos esperamos algo así, que ataquen a civiles inocentes. ¿Qué tipo de victoria puede ser matar chicos?", se pregunta.

El bombardeo hizo trizas todos los vidrios de su departamento. "Anoche dormimos todos juntos en un cuarto, porque sin vidrios en la casa hace frío", dice Hala, con ojos llenos de terror.

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