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Animales de radio

Revista

Se devoran la audiencia de entre 25 y 40 años, y son referentes de los que buscan en la FM buenas historias, información y humor. Están sonando. Rugen fuerte

Por   | LA NACION

Lalo mir

 
Lalo es el animal de radio por definición: así se llamó su programa, que marcó el pulso de los 90 en Rock & Pop. Foto: Martín Lucesole
 

Tres horas y media de ida y tres horas y media de vuelta. En tren. Todos los días. Para estudiar locución. Desde San Pedro, su ciudad natal. Cuando se recibió empezó a hacer suplencias en radio Del Plata y Rivadavia, más tarde vendría un enojo de año y medio con el oficio. "Cubría turnos en los que no tenía que hablar: hacía el libro de transmisión. Volví cuando me llamó el Cholo Gómez Castañón para trabajar como productor. Fueron 12 años." Ahí vino el aire.

¿El primer acercamiento fue en San Pedro, en el colegio secundario?

Sí, en tercer año, un trabajo práctico. Había una radio de circuito cerrado, había sido una propaladora (en un momento suspenden los parlantes en la calle, por contaminación sonora. O algo así). Era un cable con cada parlantito en la casa. No tenía antena. Ahí empezamos casi todos los que vinimos en esa época. El primero fue Fernando Bravo, que fue como la llave. Él volvió a San Pedro con un Peugeot cero kilómetro color salmón. Todos dijimos si él pudo, yo puedo. Entonces nos vinimos a estudiar locución.

La radio y vos, ¿fue fortuito o creías que iba a pasar?

No, no iba a pasar, me crucé con una radio y pasó. Mi vida es un poco así; yo pensé que iba a ser marino mercante o piloto de aviones. Me gusta mucho viajar. Por suerte esta profesión me lo permitió. Y la arquitectura: trabajé mucho tiempo dibujando planos con constructores. Soy bastante curioso de todo lo que es visual, sonoro y artístico. Me va por ahí.

Hoy sos una rareza: un conductor locutor. No hay mucho de eso. ¿Es una nueva etapa de la radio?

Los usos y las costumbres cambian con las sociedades. Mucho más rápido de lo que pensamos. En mi época era impensado que un conductor de radio no fuera locutor o periodista de carrera. Pero el periodista de carrera no tenía escuela. El periodismo era un oficio de carrera in situ, en las redacciones; la locución ya estaba colegiada. Hoy cualquier persona puede hablar por la radio.

En radio, ¿el horario hace que estés más arriba?

Calculo que no hay un patrón; es lo que uno quiere hacer. Hay una convención que dice que a la mañana estamos todos más despiertos y andamos rápido y a los gritos y a la noche hay como más tiempo para la reflexión y menos actividad paralela. Pero es una convención. Yo grito porque grito, porque hablo fuerte. El programa se monta sobre una onda que se va dibujando cada día y la tendencia es para arriba y somos los payasos. Ya después tenés el payaso metido adentro.

¿Qué opinás de transmitir imagen de un estudio de radio?

No me gusta. Es muy personal y particular. Cuando los chicos que trabajan con Mario [Pergolini fue contactado para participar de esta producción, pero dijo que no estaba dando notas] empezaron en Vorterix, ya había cámaras. Para mí, que vengo de la radio antigua, no. La radio no se ve. Hay cosas que suceden en la radio que no se tienen que ver y que son las que alimentan esa cosa natural que después sale por el parlante y te la creés.

Los locos y la radio...

La radio y la soledad son el mismo elemento. El pirucho muchas veces está solo. A veces acompañado, pero su cabeza está sola. Y la radio es un sonido. Inasible, reinterpretable, subjetivo. Mucho más que el libro. Está muy cerca de la soledad y el solitario. Entonces es una gran compañía para las personas que tienen problemas de concentración [hace una pausa y ríe fuerte, a lo Mir].

Del 1 al 10, ¿qué nivel de locura creés que tenés?

No sé muy bien qué es la locura, 5, calculo: estoy en la mitad.

¿La radio te ayudó en algo?

Sí, claro. La radio te obliga a hacer y a pensar tantas horas por día de manera casi enferma y es una gran ocupación para la cabeza. Igual, viendo nuestra sociedad, creo que estoy más cerca de la cabeza del loco Borda (que cree que los locos están afuera, y ellos son los cuerdos). La gran mayoría de la gente que trabaja de seria en este país, que tiene tarjeta de seria y título de seria, está muy mal.

¿Cómo quién querías hacer radio?

Como (Hugo Guerrero) Marthineitz

¿Cómo quién creés que hacés radio?

[Silencio. De los gordos] Como Marthineitz. Y sueno totalmente diferente, no tenemos nada que ver. Pero no importa. El secreto está en el cerebro. El tema es la idea.

¿Y cuál es tu idea?

En radio todo es posible. Eso es Marthineitz. Te puedo hacer cualquier cosa. Y puedo hacer un largo silencio y con eso tejer historias. Es lo más parecido a la literatura, que es la cabeza de un tipo escribiendo en una hoja. Vos construís, pero ésa es la idea: con una idea hay radio. Hay gente, hay complicidad, hay oyente, hay tanda. Con una idea. Sin esa idea no hay nada; hay una antena.

¿Cuál es el valor del silencio?

Para mí es meditación. Es San Pedro. En radio es un llamado de atención. Si yo hago un silencio estoy juntando.

¿Qué estás juntando?

"Te voy a decir algo", "escuchame bien". Y clavo 5 segundos y no hablo, todo el mundo se empieza a dar vuelta. Estoy llamando. Estoy diciendo ojo. Estoy subrayando. Codificando. El silencio es la parte más inmanejable de la radio. Hay que usarlo muy bien.

Escuchaste a Milagritos López en un avión y la llevaste a la radio. ¿No habrá quien supere a Fernando Peña?

No. No creo. Puede ser, me sorprenderé una vez más. Nunca vi nada igual. Ni Catita, que era otra cosa, pero es lo que más cerca veo, Niní Marshall. Una persona que se escribía los personajes, pero se los escribía y grababa, y hacía de a uno en la radio. Peña construía en vivo siete personas a las vez. Era realmente ezquizopeña.

En el aire
Animal de radio por definición, llegó a hacer al mismo tiempo AM y FM.
Con Bobby Flores y Douglas Vinci inventó Radio Bangkok, hace 25 años. Google y el periodismo dicen que cambió la forma de hacer radio, humor delirante. Él cree que fue más conceptual. "La idea era no hacer un programa de FM convencional, sino un programa de radio. Cuando empezó era el delirio: había vuelto la democracia hacía un par de años. Estaba el Parakutural, Cemento, explotaba Buenos Aires. Éramos de esa movida. Así que si no éramos nosotros, iban a ser otros. Iba a pasar. Y no era el humor de cómico, era cagarse de risa o agarrar en solfa. Más Satiricón, La noticia rebelde. Ironía. Sátira. Parodia. Grotesco".

Hace seis años que conduce Lalo por hecho, FM 100, de 9 a 13.

andy kusnetzoff

 
Foto: Martín Lucesole
 

Fue productor de Mario Pergolini en Rock & Pop cuando dejó La TV Ataca (era productor allí también). Después, durante su etapa de cronista en Caiga Quien Caiga no volvió a la radio. El regreso fue con el programa que hoy tiene al aire, Perros de la calle, en 2001, y en AM, en Mitre.

La FM es menos periodística que la AM. ¿Por qué?

Porque la gente pone la AM para informarse y la FM para que la acompañe. Pero el que me escucha a mí, a Matías [Martin] o a Sebastián [Wainraich] creo que quiere saber qué pensamos de los temas.

¿La tele te dio algo para la radio?

[Menea la cabeza, pero enseguida corrige el chiste]. Sí, tuve que aggiornarme. La experiencia en la tele me dio mucho. Para conseguir una nota con Messi tuve que hacer las cosas que hacía en CQC. Esperarlo, correrlo. La picardía de cómo conseguir una nota, como cuando saqué a Kirchner al aire, fue porque lo apuré a [Rafael] Bielsa en una entrevista telefónica. Le dije que si Kirchner lo apadrinaba saldría al aire. Y salió. Cuando era presidente. Fue un momento fuerte. Esa picardía me la dio la tele. Cuando hablo de pobreza y hago notas que tienen que ver con lo social, eso me lo dio Argentinos por su nombre.

Su programa tiene un fuerte sello solidario. El próximo proyecto estará vinculado con el trabajo que lleva adelante Susana Trimarco (la mamá de Marita Verón) en la lucha contra la trata de personas.

Te pegaron la etiqueta del solidario, ¿te molesta?

Cero, me enorgullece. Y el oyente, que es muy fiel, acompaña esas cosas.

Pero hay quienes lo asocian con la demagogia.

No podés dar un paso y ver si lo aprobaron o no. Tenés que estar convencido de lo que hacés. Lo que me importa es que me crean. No soy hipócrita ni careta. No hay más auténtico que eso. Y eso es la radio. Te escuchan todos los días, vas dando tu opinión.

¿Es el medio más sincero?

De los que laburé, sí. La televisión no lo es. Salvo que tu autenticidad mida, cosa que nunca ocurre, no lo es. De hecho, creo que cuanto más mide menos auténtico sos.

En tele, ¿y en la radio?

En la radio sí. El oyente escucha una charla como si sucediera en un living. Tengo mis tiempos, nadie me apura, ni el minuto a minuto ni siquiera por día ni en un mes me dicen cuánto midió. Creo que es el único medio auténtico que queda. La escuchás en vivo y es así, tenés una percepción mucho más real: no está tamizada por lo que interpretó un editor sobre lo que el periodista preguntó, como puede pasar en gráfica, por ejemplo.

Tu papá, tu mamá y tu amigo Ocho son columnistas. Hay bastante de tu vida personal ahí. ¿Qué lectura hacés de eso?

Uno de los secretos es que parece que yo hablo, que no me doy cuenta que hablo. Qué es mi casa, qué no. Pero sé perfecto todo lo que digo al aire y por qué lo pongo. Las cosas de las que no quiero hablar, te aseguro que nunca tocaron el aire. Soy muy reservado con mis cosas.

Decís que sos reservado con tus cosas y, sin embargo, la gente te cuenta cosas terribles, te entrega una verdad. ¿Por qué?

Es la magia de la radio. Pero yo también entrego verdad; lo que no hago es entregar todo. Si entregara todo, me convertiría en algo que no quiero, que es que no haya diferencia entre personaje y persona. Lo aprendés con la experiencia. En la radio, cuando entré, Matías me decía: "Vos tenés que hablar de vos". Claro, yo venía de hacer preguntas, pero nunca hablaba de mí. Aprendí a hacerlo con la parte que quiero compartir, y guardar la que no. Tiene que estar ese límite. Alguien que no lo tenía y que era absolutamente genial era Peña.

¿Cuál es la clave para no pasarse con lo autorreferencial?

Lo que me exijo y le exijo a la mesa es que tenga un sentido. No me importa que hoy te lavaste los dientes y se te cayó el cepillo, pero sí preguntarse: "¿Cuándo te das cuenta de que el cepillo está viejo?" Identifica y el que está escuchando se engancha. Tiene que disparar algo. Eso es el aire. Si alguien no sabe de radio, cae en la tentación de que cualquiera va y habla de su vida y ya.

Metro le da mucho lugar al operador. Perros también suma a los productores. ¿Se rompió la barrera de la pecera?

Yo fui productor y conozco la frustración: es el laburo más ingrato y sin reconocimiento. Yo nací de esa ingratitud. A mí me gusta que tengan su espacio.

¿Qué te pasó con Twitter?

Lo potenció absolutamente. Internet y la radio, a full. Hice móviles desde una plaza en Barcelona, y argentinos que se acercaban sacaban fotos, las mandaban al programa y al instante estaban en el blog. Es una locura, en un minuto.

Pero se veía., ¿y la magia?

Se potencia, un poco está bien, pero hay que actualizarse. No mataría toda la magia. Internet dio la posibilidad de que escuche mucha gente. Metro llega acá y a Mar del Plata, pero nos escuchan en muchas partes del mundo.

La radio, de noche.

Me encantaría, pero es otro partido. Hablar de otra manera, me copa. Pero la verdad es que estoy en un horario supercompetitivo, lo haría como un plus.

¿Como quién creés que hacés radio?

Como alguien que da lo mejor de sí y que trata de entrener, informar, hacer compañía y hacer el mejor programa posible. Como yo.

En el aire
Este año festejó una década al aire y sumó al staff a Gabriel Schultz.

"Escuché un solo programa de FM: Buenos Aires, una divina comedia, con Lalo (Mir) y Elizabeth (Vernaci). Salí al aire como oyente cuando tenía 17 años. 50 minutos hablando de la colimba. La Negra no se acuerda de eso -lo bien que hace, me preocuparía-. Llamé, me comuniqué y traté de hacerlo entretenido al aire con la intuición de cualquier oyente que quiere durar.

Entre los que más pasaron por su elección aparecen Héctor Larrea y Néstor Ibarra. Y tango, Bocacci, a tango limpio. "En el auto suena mucho La 2x4, más que cualquier otra radio."

Hace diez años que conduce Perros de la calle, Metro, de 10 a 14.

Matías martin

 
Foto: Martín Lucesole
 

En los 90, cuando aún era estudiante en TEA, alquiló un espacio en FM Sol. Lo auspiciaba la mamá de un amigo. "Era un programa de humor, De qué te reís, se llamaba." Hace un silencio breve y se ríe con las cejas.

¿Cuánto de tu éxito tiene que ver con el sentido común?

Es algo que me dicen mucho, difícil de evaluar porque no es algo que alguien pueda proponérselo. Trato de usar la lógica para resolver mis conflictos y para tener una mirada con la gente. Lo importante es no enojarse. Si te ponés en el lugar del otro, no te enojás. Igual, si para algunos soy alguien con sentido común (vivimos en épocas de fanatismo) para otros soy el tibio, soy lo menos. "Ponete la camiseta." ¿Qué camiseta? No es un partido de fútbol. La camiseta que me pongo es la de River. Si un político afanó, ¿lo tengo que apoyar? No me entra en la cabeza. Yo tuve una educación con una lógica que podría llamarse más militante. En mi casa [madre psicóloga, padre dibujante] se hablaba de política, tenían amigos de la cultura, de la política, exiliados. Estamos en una época de ensalzamiento del militante, pareciera que el ciudadano que vale la pena es el que milita, el que provoca los cambios. El que va al supermercado, que da una vuelta, que mira la tele, parece que es una suerte de idiota que va en contra de los intereses de los verdaderos protagonistas de la historia. Y yo reivindico la lógica ciudadana. Dejalo vivir, no tenés que decirles a los demás cómo tienen que vivir. Eso a mí me resulta agotador. Lo digo yo, que estaba en el Frente Secundario Intransigente [ríe], que me importaba. Después pasé de todo, no me interesó más. Me interesa lo que pasa en el país, pero no ponerme una camiseta.

¿Sos el equilibrado más respetado?

¿Vos creés eso? Te lo agradezco un montón. Yo siento que logré que me puteen de los dos lados.

Dijiste : "Tengo una relación con la tele que es medio esquizofrénica. La radio es como mi casa y la tele es mi trabajo..."

Es así. La radio es mi casa, la tele es mi trabajo. Hace dos años que no hago tele.

Las propuestas para regresar a la TV y para relatar fútbol (lo hizo durante siete años) vuelven siempre. Pero...

¿Sabés qué pasa? Lo que más me gusta es la radio. Fui limpiando para quedarme con el programa de radio. Nos va bien porque le pongo tiempo, cabeza, plata. El año que hice La Liga. ir a grabar notas en situaciones de problemática social, llegar a la radio y hacer un programa que no va por ahí, fue quemador. Tengo el mejor trabajo del mundo y no lo quiero descuidar.

¿Cómo preparás una entrevista?

Cuando está confirmado el entrevistado para Sin auriculares [así se llama la sección en la que Martin charla a solas, en el piso, con un invitado] Juan Ferrari [uno de los productores] me manda un recorte de 2 o 3 notas. Marco algún dato. Después leo algo por las mías. Con casi todos tengo un vínculo. Pero también pasa que no quiero contaminarme de datos porque es un espacio de charla: lo más importante en una entrevista es escuchar. Parece una verdad de Perogrullo, pero no se hace casi nunca. Tenés que tener un montón de preguntas anotadas, pero escuchá; si lo que te dice vale la pena, seguí. Cuando sentís que cortó, vas a otra pregunta. Siempre tengo pensados 3 o 4 ejes por donde pasar. Por ahí lo cumplo y por ahí me desvío.

Sin auriculares es un momento radial que tiene prestigio, desde los oyentes y desde el periodismo...

Me viene bárbaro que lo pongan en ese lugar porque mi miedo es que sea un embole. Charlar 45 minutos con alguien mano a mano, y si no enganchás... Es un riesgo.

¿Se aprende a preguntar?

Sí, pero más que eso se aprende el momento en el cual preguntar. Las preguntas son cinco: qué, cómo, cuándo, dónde y por qué, y de verdad que no hay mejores preguntas que esas. Pero sí [se aprende] en qué momento las metés y qué conseguís con ellas.

¿Y animarte a preguntar?

Sí. Si sale un tipo al aire que dice que le falta un brazo y yo hago de cuenta el resto de la charla que no le falta un brazo, soy un imbécil. ¿Por qué, qué te pasó? ¿Fue un accidente?

Sentiste que había secciones del programa que te aburrían y las sacaste, aunque al oyente no. ¿La audiencia no manda?

La lógica del programa es hacer pequeños cambios permanentemente y la sensación que te deja es que el programa nunca cambia, y a la vez si fuera el mismo siempre te cansarías. Ahora hubo un cambio fuerte, que fue el ingreso de Diego [Ripoll, en lugar de Gabriel Schultz, que lo acompañó durante 10 años]. Diego es un locutor y un conductor más. Hace personajes, hace humor; es un poco como tenerlo a Peña. Hay algo, aunque no lo pienses, que te lo trae un poco a Fernando. Diego fue el que más le sacó a Fernando, fue su mejor pareja profesional.

Estar triste y tener que hacer cuatro horas de aire...

Es lo mejor que te puede pasar. A veces vas al programa después de un velatorio, de visitar a alguien en el hospital, pero llegás, y los compañeros y el aire te cambian el humor. En la radio es muy difícil caretear. Estás las cuatro horas siendo vos mismo, no armás un personaje. No hay filtro ni luz especial ni maquillaje. En una nota de diez minutos me podés vender algo. Pero en una de 40 yo te meto tres porqués seguidos y me estás contando tus verdades.

¿En la tele no?

¿Con el minuto a minuto? No. Por ahí en el cable.

¿La radio es más sincera que la tele?

La radio es sincera. La tele no. Son medios opuestos. No se parecen en casi nada.

En el aire
Según Ibope, es el más escuchado de su franja horaria.

"Nunca pensé que iba a durar 10 años. Ahora pienso que podrían ser 20. Tengo 42, contrato hasta fines de los 43, y así. Cada vez que firmo lo vivo como que son los últimos dos, pero es un modo de no tener tanta expectativa."

El segmento de entrevista Sin auriculares podría hacerse libro: sería como un manual del entrevistador, más 10 entrevistas transcriptas.

Este año ganó el Martín Fierro como mejor conductor en radio y en la última entrega de los premios ETER el público le dio el mismo galardón.

Hace 11 años que conduce Basta de todo, Radio Metro, de 14 a 18.

clemente cancela

 
Foto: Martín Lucesole
 

Gente Sexy arrancó en Blue, hicieron un año y pasaron a Rock & Pop. ¿Un programa de radio cambia cuando cambia de emisora?

No, lo que cambió fue la forma de plantear el programa, ahora dura dos horas y antes, tres. Ahora tenemos que acortar. Rock & Pop es una radio mucho más popular que Blue, entonces quizá reprimimos ciertos gestos. En una conversación sobre series no nos vamos tan de mambo en nuestro fanatismo y en algo que puede terminar en una charla de amigos y su código interno. Pero el programa atravesó adaptaciones agradables, como tener rock nacional o poder poner un tema violento o distorsionado, fuerte.

¿Hay un código particular para entrevistar en radio?

No sé si hay un código general. Una entrevista requiere curiosidad, más allá de estar informado sobre el entrevistado y atento al clima. Lo más importante de las preguntas va a salir desde una inquietud personal. En el programa tenemos un abanico muy amplio de invitados. Y si funcionan es porque nos despiertan curiosidad. Gente Sexy es un programa de gente curiosa, por sus columnas y sus columnistas.

¿Pero no se lo asocia con algo geek , nerd ?

Relacionar a la cultura y a las intenciones de conocer un poco más con palabras como freak, geek, nerd es una triquiñuela de los haraganes. Pensar que si por tener ganas de ver una filmografía completa de un director te vas a convertir en un freak. Quizá lo que querés encontrar son los puntos en común entre todas sus películas. Con esto no estoy diciendo que hagamos un programa cultural, yo intento hacer un programa que sea popular, pero no por eso bajo el nivel.

¿Cuánto de lo que funciona al aire tiene que ver con el humor?

El humor es un ancho de espadas siempre.

¿El humor mata todo?

¿Vos decís que puede matar una entrevista profunda, por ejemplo?

Sí, ¿un oyente elige por el humor?

No sé si tanto. Le estás ofreciendo un contenido interesante y lo sabe valorar.

¿Estás atento a limitar la autorreferencia?

Parecería que rinde, pero no lo tengo muy claro. Depende del oyente. A algunos les gusta y hay otros que dicen: "Pará, ¿quién sos?" No me molesta volver un lunes y que hablemos de lo que hicimos el fin de semana, el oyente se puede identificar. La radio genera un vínculo con más profundidad que la tele. No soy muy amigo de la autorreferencia, pero la utilizo. Tratamos de no excedernos con la boludez y hacer un programa que genere ganas de escucharlo.

¿Cómo te das cuenta del límite?

Se nota cuando te empezás a atropellar con tus compañeros. La mesa de amigos. Cuando pasa a ser un partido de truco desbocado: ahí tenés que parar.

La AM sigue identificándose como informativa y la FM, con el entretenimiento. ¿Hacés periodismo y entretenimiento?

Creo que sí. No voy detrás de la noticia, salvo contadas ocasiones. Cuando fue el debate por el aborto, el veto, pusimos al aire a Patricia Pietrafesa (cantante de Kumbia Queers, She devils), porque recordaba un disco que había sacado en los 90 con Fun People que se llamaba El aborto ilegal asesina mi libertad, y era un referente del rock.

¿La tele te dio algo para la radio?

La popularidad necesaria para que me convocaran para hacer un programa.

¿Y en aprendizaje?

También. Me dio cierto pulso para entender que lo que me gusta no necesariamente le gusta a todos. Para aprender a no tribunear y a no hacer un chiste para quedar bien con cuatro personas. Y a no contaminarme con lo que sucede en las redes sociales. Usamos mucho Twitter, pero no me marca la agenda.

Muchos nos quedamos mirando programas de televisión que aborrecemos, un imán raro. Sospecho que eso no pasa tanto con la radio. Nadie pone un programa de radio que no le gusta y lo escucha y escucha. ¿Por qué?

No estoy tan seguro de que sea así. Creo que existe el oyente que se enoja. Me ha pasado con algún entrevistado que salía del canon de los que teníamos y estaba el que puteaba al principio de la entrevista y cuando terminaba también: se había quedado.

¿Te planteás el programa sabiendo que estás compitiendo por la atención del oyente? (El que está manejando, estudiando...)

No, porque si no me quemo la gorra. No podría. Me planteo hacer un programa interesante y no pensar como el minuto a minuto de la tele.

¿Le tenés miedo al bache?

¡No, mando un tema! Cuando armamos el programa con el Tucu [Luis López] y Martín Lipszyc planteamos que tuviera buena música porque esa sería nuestra carta para zafar cuando no tuviéramos nada que decir. Y en Rock & Pop tenés un menú musical increíble. Otra cosa que aprendí ahora es que los oyentes pueden tener buenas historias para contar; en Blue no lo supe aprovechar.

La idea de trasladar la charla de noche con amigos y que funcione en la radio.

Es la primera idea que tenemos todos: "Esto lo tendríamos que hacer en radio". No es tan fácil. No estamos amartizando el Curiosity, pero tampoco es tan fácil como que cuatro amigos charlen y a todo el mundo le interese.

¿Y la desigualdad del que llama y cuenta algo privado?

La idea de que la radio te acompaña se extrema a veces. Si escucho gente en otros programas que cuenta algo muy íntimo, digo "yo no lo contaría". pero me quedo escuchándolo. No puedo tener un doble discurso de que no me gusta cuando en realidad termino disfrutándolo. Creo que pasa por eso, que uno cree encontrar en la radio algo más que un simple medio de comunicación.

En el aire
En 2010, en paralelo con los últimos seis meses que hizo de televisión (CQC), se sumó a El último bondi, programa que conducía por Rock & Pop Dany Jiménez. "Quería aprender y saber que lo podía hacer. El trabajo en la radio puede ser superentretenido, pero veía al medio como absolutamente inalcanzable. En El último bondi aprendí cómo se habla al aire, que podés charlar sobre un tema, cómo cortarlo si se hace muy largo, y los climas. Ahí descubrí un gusto particular por las entrevistas." En 2011 nació Gente Sexy, su programa de radio, que iba por Blue, a la mañana. Funcionó, creció y pasó a la tarde de Rock & Pop.

Conduce Gente Sexy, Rock & Pop, de 16 a 18.

sebastián wainrach

 
Foto: Martín Lucesole
 

Mundo bohemio, el eco de un sentimiento. Así se llamaba el programa que hacía a los 16 años. Hasta los 21 trabajó en radios truchas. "Mi última etapa fue en FM Sol, 107.5; el programa se llamaba La suerte no está echada, me da un poco de vergüenza decírtelo." Luego vino Mamá Paga, por La Rocka.

Todo el mundo quiere hacer radio, jugar a la radio. ¿Es un medio de románticos?

Sí, total. Yo empecé así, hoy estoy bien pago y vivo de esto, pero hay muchos que están afuera y dicen que sueñan con estar en la radio. Metro tiene eso, de la charla de amigos, que lo es un poco, pero cada programa tiene su estructura. En Metro y medio hay un laburo.

¿Se busca limitar la autorreferencia?

Siempre digo esto no lo voy a contar al aire y después lo cuento. Pero no cuento todo, es una decisión casi automática, porque uno no le cuenta toda su vida a nadie. Es más por eso que por pudor hacia la radio. Metro es una radio autobiográfica, radio de autor. Y si algunas cosas no contamos, muchas veces es por respeto a nuestro entorno, familia, amigos.

Con Julieta Pink, ¿el juego de roles está exacerbado o es real?

Las dos cosas. Hay algo que es natural y que lo potenciamos. Pero no me gusta esa cosa de poner el bueno y el malo, me gusta que eso sea natural. A veces da que somos contrapunto, a veces pensamos lo mismo. Yo les digo a mis compañeros que no quiero que se sientan obligados a forzar el personaje porque se nota mucho. Igual, no estamos hablando de la revolución rusa, sino de si es más rica la empanada de carne o de jamón y queso. Aunque a veces tocamos otros temas.

¿Y ahí qué pasa?

Y. llamamos a una voz autorizada. Últimamente está complicado eso. Ahora tenemos a Alejandro Bercovich, que me gusta mucho cómo habla y explica. Cuando fueron las elecciones en Venezuela pensamos en llamar a un pro Chávez y a un anti Chávez. Era aburridísimo. Entonces hicimos una apertura en la que, con preguntas pelotudas, descubríamos si al oyente Chávez le caía bien o mal. El 17 de octubre lo hicimos con Perón, adivinábamos si venían o no de casa peronista: ¿vivís en un PH?, ¿a dónde te fuiste de vacaciones?, ¿cuánto tiempo estuviste con tu última novia?

Tenés una sección en la que hablás con Dios...

[Sonríe y se apresura a hablar] A veces es serio y cuando pasa alguna tragedia y no encuentro el espacio para hablarlo, lo hablo con Dios. Es medio flash., te estoy diciendo que hablo con Dios. Pasa que la cuestión religiosa me parece medio delirante a mí. Siempre hay alguno que me putea, que dice que soy un irrespetuoso. Tiene un clima muy diferente al del resto del programa.

Lo que se escucha en ese segmento es a Wainraich solo. Hablando solo. Ni Pink ni el columnista Pablo Fábregas intervienen. "Y con la luz apagada. Cuando vienen invitados los hago hablar con Dios y apago la luz. Les digo que no se asusten. Salieron cosas buenísimas. Se emocionaron. Fernando Bravo, obviamente, La Sole, Abel Pintos..."

En radio el oyente no ve, ¿hay alguna ventaja creativa?

Principalmente, los gestos. Y que estoy más relajado que cuando me ven.

Pero hacés teatro...

Sí, pero en la radio estoy en mi casa.

¿El humor le gana al saber hablar, a la buena dicción?

Sí. Antes, la primera mañana era toda de gente solemne; había tal vez algún programa periodístico, pero ahora hay muchos que tienen más humor que periodismo. Se celebra mucho cuando escuchás a la gente divertirse del otro lado. Pero también está la falsa idea de me junto con dos amigos, nos cagamos de risa y va a funcionar. Para mí no es eso. A mí me gusta pensar el programa como lo más formal del mundo.

¿Te causás gracia?

No sé qué contestar. Me causa gracia el programa, me divierte mucho hacerlo.

El miedo al bache, ¿existe?

No, no hay baches. Sí tentarme, como con un PNT [publicidad no tradicional].

¿Como quién querías hacer radio?

El modelo Rock & Pop estaba presente. Curiosamente, hoy enfrentados, me gustaban Víctor Hugo (Morales) y (Jorge) Lanata. Por deporte, Hora 25. Y está (Alejandro) Dolina, por supuesto. De toda esa mezcla algo iba a salir.

¿La tele te dio algo para la radio?

Sí, curiosamente, a la mayoría de los conductores de radio los conocés de cara. El horario en Metro, en parte lo conseguí porque estaba en la tele. Después te la tenés que bancar y hacer un buen programa. La radio tenía un nombre para poner.

¿Qué te dio Fernando Peña?

Era el mejor para mí. El distinto. El más crack. Todos somos un poco pacatos y él me ayudó a romper un poco con esa pacatería de contenidos. Y a romper con esas leyes como que después de la tanda hay que volver con un tema. Todo mentira.

¿Qué es lo que nunca harías al aire?

Creo que todo lo que diga ahora es posible que lo vaya a hacer en algún momento.

En el aire
Dice que la base está en la relación que tiene con los compañeros de mesa. "Con Julieta [Pink, la co-conductora] nos conocemos hace diez años. Es una familia el programa. El que lo sigue va conociendo a las personas y a los personajes."

En uno de los referentes del stand up.

Hace poco sumaron la sección Gordos con chorizo, un espacio donde los hombres cuentan por qué se sienten dominados por sus mujeres. "Funciona muy bien. La mayoría de las cosas no sé como pasan, pero pasan.".

Hace seis años que conduce Metro y Medio, Radio Metro, De 18 a 21.

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