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En la estela de Wagner

ADN Cultura

Los dioses paganos deambulan por Buenos Aires a la espera del ColónRing mientras Kagel sorprende con imprevistas sonoridades. Un obispo brasileño, best-seller instantáneo

Por   | Para LA NACION

¿Qué onda el espectáculo?", le dijo a una acomodadora un señor que avanzaba hacia su silla por la hermosa Sala del Bicentenario, en el tercer subsuelo del Teatro Colón. Iba a comenzar Dos hombres orquesta, la obra de Mauricio Kagel, en la que dos hombres, convertidos en galeotes musicales, manejan una compleja máquina sonora integrada por una serie de instrumentos convencionales acoplados a otros inventados (absolutamente delirantes), además de elementos de uso cotidiano, de los que arrancan sonoridades imprevistas. La acomodadora, con gentileza y simpatía, respondió sin disquisiciones teóricas: "Se va a divertir. Es como Les Luthiers, pero sólo con dos personas y no hablan". La obra de Kagel es de 1973. I Musicisti, así se llamaba en su origen Les Luthiers, hizo su primer show con instrumentos creados por ellos mismos en 1965. Por cierto, Kagel se propuso hacer algo muy distinto. Y lo que hizo produjo en los entusiasmados espectadores del Colón un amplio arco de pareceres y de preguntas en la noche del sábado, cuando los formidables intérpretes Wilhelm Bruck y Matthias Würsch concluyeron la ejecución. El escritor Marcelo Cohen, por ejemplo, asoció la máquina de coser Singer (una parte de la "orquesta") con la comparación del conde de Lautréamont: "Bello como el encuentro fortuito de una máquina de coser y un paraguas sobre una mesa de disección". Otro espectador, más mundano, la relacionó con Winnaretta Singer, princesa de Polignac, heredera de la fábrica Singer y mecenas musical de primer orden. Vivi Tellas le preguntó a Martín Bauer, responsable del ciclo, si la pieza tenía una dramaturgia, si ese extraño aparato era una especie de barco a la deriva. Noé Jitrik vinculó los ruidos de la naturaleza imitados o aludidos por Kagel (el agua, el roce de las piedras, el viento) con la tradición del romanticismo alemán. Las variaciones eran tantas como los presentes: cuando se escucha a otro es imposible no escucharse sobre todo a sí mismo.

Wotan (Jukka Rasilainen) saludaba a Sigfrido (Leonid Zakhozhaev, muy parecido a Helmut Berger en el final de Ludwig de Visconti). La improbable escena no ocurría en el Walhalla sino en la sala del departamento de Maximiliano Gregorio Cernadas y Cecilia Scalisi, la coordinadora de ColónRing, la versión compacta de El anillo de los Nibelungos, de Wagner, que se estrena el 27 de noviembre en el Colón. Serán casi siete horas de música y dos de intervalo. El director Roberto Paternostro explicaba a los asistentes al cóctel que se necesitan dos orquestas, cuyo recambio se hace al final de La Valquiria, porque los músicos, sobre todo los bronces, quedan exhaustos por el esfuerzo. En cuanto a él, que deberá permanecer al frente de la orquesta durante ese lapso, se ayudará a superar la ordalía con una especie de banqueta que le permitirá, por lo menos, apoyarse. En las más de trescientas horas de preparación, ha comprendido que debe administrar sus movimientos para realizar la hazaña. Tiene una profunda admiración por la acústica "milagrosa" (sic) del Colón, claro que durante los ensayos en la sala del subsuelo, los fortissimi wagnerianos lo dejan aturdido al final de la jornada. Paternostro fue el primer director de origen judío en conducir una orquesta israelí en la ciudad de Bayreuth, lo que causó no poco revuelo en Alemania y sobre todo en Israel, porque el programa incluía el Himno Nacional de ese país, además de obras de Mendelssohn, Mahler y, por supuesto, Wagner.

En casa de los Cernadas, como aperitivo del ColónRing, el bajo Gary Jankowski (será Fafner en El oro del Rin) cantó un fragmento de Hagen en El ocaso de los dioses, acompañado al piano por Hartmut Keil. Su voz tenía un caudal y un color formidables. En la platea improvisada, estaban entre otros María Kodama, María Sáenz Quesada, Hipólito Solari Yrigoyen, Georgina Ginastera, Albino Gómez, Guillermo Jaim Etcheverry, José Miguel Onaindia y Juan José Sebreli.

Quizá sea una estimación apresurada , pero a primera vista (fui testigo del hecho como vecino) nunca ningún autor reunió tanto público en la Argentina, vendió tantos libros en seis horas en una sola librería y alteró (de modo pacífico) la vida cotidiana en Barrio Norte y Recoleta. Fue el sábado pasado, en El Ateneo Gran Splendid (Santa Fe y Callao), donde se presentó la autobiografía Nada que perder, de Edir Macedo, el obispo pentecostal brasileño, fundador de la Iglesia Universal del Reino de Dios, que tuvo un papel importantísimo en la elección del nuevo alcalde de San Pablo.

En la madrugada del sábado, quien pasara por la librería cerrada veía a gente sentada en el umbral preparándose para pasar allí la noche. Al mediodía, el clima del barrio no era el habitual. Había ómnibus de alquiler estacionados por todos lados. Una fila de gente de tres y de cuatro en fondo daba vuelta a la manzana de El Ateneo, y continuaba en ambas aceras de Santa Fe desde Callao hasta Junín, por lo menos. La fila se renovaba de continuo. La gente estaba agrupada alrededor de unos estandartes de cartón que indicaban puntos de procedencia de la capital y de la provincia de Buenos Aires: "Liniers", "La Plata", etcétera. Esos carteles servían para asignarles transporte. No decían a qué agrupación pertenecían. Nadie voceaba ninguna consigna, ningún nombre. Los ómnibus que habían traído a esos millares de personas se alineaban a lo largo de Callao, Santa Fe, las calles laterales y en el perímetro de la plaza Rodríguez Peña. De tres camiones de mudanza bajaban sin cesar paquetes de libros que eran consumidos de inmediato por la multitud. Cada ejemplar costaba 90 pesos. Según la editorial Planeta, se vendieron 56.000 copias y las calles estaban ocupadas por más de 40.000 personas. La narración de Macedo en su autobiografía incluye su estadía en la cárcel.

Wikipedia informa que la Iglesia Universal tiene 30 millones de seguidores sólo en Brasil y un enorme poder político, económico y mediático. Algo que ha empezado a repetirse en la Argentina. En Internet, las alabanzas al pastor y las conjeturas acerca de cómo construyó tamaño imperio son numerosas y contradictorias. ¿Pero acaso la fe no es siempre un misterio?

Mauricio Kagel

 
 

Su obra, Dos hombres orquesta, despertó un amplio arco de pareceres y recuerdos de Les Luthiers

Edir Macedo

 
 

Millares de seguidores del obispo pentacostal brasileño salieron a las calles a comprar su autobiografía

Roberto Paternostro

El director austríaco, que dirigirá el ColonRing, se mostró admirado por la acústica "milagrosa" del Colón.

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