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Ensayo

Maneras de escuchar

ADN Cultura

Dos libros, uno dedicado a la música disco y otro al rock, proponen acercamientos distintos, aunque igualmente novedosos, a los estudios sobre estos géneros populares

Por   | LA NACION

Aunque tantas veces se haya repetido aquella máxima de que hablar sobre música es como danzar sobre arquitectura, lo cierto es que a los seres humanos nos gusta apasionadamente hablar sobre música. Charlar y discutir sobre gustos y elecciones, hacer comparaciones, establecer identidades y asociaciones. Pero también ir más allá y pensar ya no solo sobre preferencias, sino utilizar la música como vehículo para entender el mundo. La música tiene valor de conocimiento, ha dicho el filósofo español Eugenio Trías, ampliando así la definición clásica de que la música es el arte de organizar los sonidos que provoca emociones en quien escucha. Emociones y pensamientos, entonces, desencadenados por la música, enhebrados por ella. La historia secreta del disco. Sexualidad e integración racial en la pista de baile, de Peter Shapiro, y De la cultura rock, del francés Claude Chastagner, indagan en esa dirección aunque de maneras diferentes.

El de mayor envergadura es, tal vez inesperadamente, La historia secreta del disco . Lo inesperado proviene de que el disco (así definido en la traducción, para alejarlo de la disco, en el sentido de discoteca) ha sido un género mirado siempre con cierta displicencia, reducido a sinónimo de música pasatista, pensada exclusivamente para bailar y poco y nada comprometida con su tiempo. Este libro es sobre la otra cultura disco, no la del final, la del mainstream , la de los Bee Gees (a quienes les dedica apenas unos párrafos, en un libro de más de 400 páginas) y Fiebre de sábado por la noche , sino aquella que tuvo que ver, y mucho, con la lucha por los derechos civiles de los negros y de la comunidad gay ("la música disco se volvió la herramienta más efectiva en la lucha por la liberación gay", afirma Shapiro). Pero también con un cambio de posiciones del espectador. En las primeras discos que rastrea, se produjo eso que define de la siguiente manera: "La audiencia anteriormente pasiva del arte y el cine era ahora invitada a transformarse en parte del proceso, en parte de la obra"; porque no se trataría ya del virtuosismo de un instrumentista, sino de la habilidad de componer y, luego, de seleccionar la música de tal manera de llevar al público hacia climas, estados, momentos particulares".

Por eso, el origen de esa música no puede ser otro que el de una "sociedad al borde del colapso", tanto que encuentra que la mejor manera de describir a la sociedad estadounidense de principios de los años setenta es con el espejo de la Alemania prenazi, la de la República de Weimar, y la de la París ocupada, en donde sitúa justamente la génesis de la discoteca tal como hoy la conocemos.

Para definir y delimitar la música disco rastrea su origen negro en el soul , pero también trae a cuenta el elemento latino y el europeo, tanto el northern soul inglés como el aporte italiano y alemán (y hará, en el capítulo dedicado al eurodisco, una interesante observación sobre la irrupción de la máquina de ritmos y el bombardeo promocional norteamericano como el momento en que las identidades nacionales europeas comienzan a disolverse). También toma en cuenta los cambios tecnológicos y los horizontes nuevos que estos abrieron, desde la posibilidad de mezclar, de unir músicas cada vez más aceitada, el uso de los samplers que permitieron "nuevas" creaciones hechas de retazos previos.

Pero lo notable de Shapiro es que quien protagoniza, quien habla, quien revela, es la música misma. En una suerte de antropología hacia adentro, con una actitud de "miro primero y cuento después", el autor hace "hablar" a los acordes, a una línea de bajo, a las letras o a las palomas mensajeras que tuvieron un papel clave en la cultura callejera neoyorquina (con cita a Ghost Dog, el camino del samurái , la película de Jim Jarmusch, incluida). Y sobre todo produce un profundo deseo de escuchar la música sobre la que se está leyendo. A lo largo de sus páginas hay lugar también para una crónica de esos espacios, las discotecas, donde la música disco floreció, y de los DJ como una nueva figura de la cultura, protagonistas fundamentales del género.

Mientras el libro de Shapiro saca sus conclusiones desde lo experimental, de los "hechos", muy al estilo norteamericano, De la cultura rock , de Chastagner, en cambio, parece elaborar teorías y luego hacer que los hechos se ajusten a lo pensado, tomando como objeto de investigación más la cultura rock que la música en sí misma ("la rebelión del rock es ante todo de orden textual", afirma) Así, coloca al rock, casi como lo hacía la mirada setentista de estos pagos, como un impulso que fue renovador, si se quiere, pero que rápidamente se convirtió en "arma" capitalista (y especialmente norteamericana) para la conquista "cultural" del mundo occidental. La negación del pasado inherente al género en sus orígenes, la rebelión contra lo establecido y el rechazo a las obligaciones serían desde su perspectiva lo que permitió de alguna manera el avance del liberalismo de estas últimas décadas.

Una mirada con la que en muchos casos es fácil acordar (como respecto del lugar que ocupan hoy las marcas y los auspiciantes) pero que por momentos se vuelve unidireccional y hasta un poco paranoica. Tanto es así que, sobre el capítulo final, siente la necesidad de reivindicar nuevamente al rock, y ante la pregunta que recorre el libro ("¿para qué sirve resistir?") rescata, entre otros pocos nombres, a Frank Zappa, en un intento final de renegar de la postura pesimista que recorre el libro.

La historia secreta del disco

Foto: LA NACION 
 

Peter Shapiro

Caja Negra

Trad.: Agostina Marchi

416 páginas

$ 120

De la cultura rock

 

Claude Chastagner

Paidós

Trad.: Hugo Savino

218 páginas

$ 99.

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