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Literatura extranjera

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En Culpa, Ferdinand von Schirach se sirve de su oficio de abogado para mostrar desde adentro, y no sin compasión, la naturaleza del crimen

Por   | Para LA NACION

 
 

El primer libro del alemán Ferdinand von Schirach convirtió a su autor, tal vez inesperadamente, en un instantáneo fenómeno de ventas. Abogado de profesión, Von Schirach había decidido transformar en literatura parte del vastísimo catálogo de experiencias que su oficio le había regalado. El libro, que mucho antes de serlo fue apenas un antídoto contra el insomnio, llevó como título el muy austero -o muy directo- Crímenes , cuya suerte de continuación acaba de traducirse al castellano con un título todavía más sobrio: Culpa .

Con todo, y aunque ya hayan transcurrido casi setenta años desde el fin de la Segunda Guerra, no deja de ser significativo que en Alemania se publique un volumen de relatos con ese nombre. Y es justamente allí donde radica parte de su fuerza: sin duda mucho más confiado en sus armas como escritor, Von Schirach elige esta vez no recostarse tanto en el poder efectivo y con frecuencia efectista de las acciones, aunque resulte imprescindible referirse a ellas, sino en las motivaciones de los personajes, eso que muchas veces ni siquiera son capaces de traducir en imágenes concretas y que no obstante los arrastra fatalmente al crimen o a la locura. Se trata de un título-guía: un eje invisible que le permite a su autor rehuir el centro de las historias, evitar la tentación de revelarlas o reducirlas a una lectura unívoca. El procedimiento es ejemplar, sobre todo si se tiene en cuenta hasta qué punto contar este tipo de historias era jugar con fuego.

Más que como trama, las anécdotas se desarrollan aquí como una suerte de apunte, de crónica maquillada. La historia de la banda de música que, en una fiesta popular, viola a una camarera y a continuación sigue haciendo lo suyo; la de la pareja de jóvenes bohemios que mata a un viejo, y algunas semanas después se suicida; la de los chicos que someten a un ritual iniciático a otro y provocan, por accidente, la muerte de una maestra; la del hombre que lleva un maletín con fotos de crímenes brutales y luego es asesinado por no entregarlo donde debía; la del hombre a quien una alumna celosa de su mujer le arruina la vida en un rapto de furia. Todas ellas se narran desde cierta distancia, pero no sin compasión. Más bien es la perspectiva del abogado, la doble vida de Von Schirach que le facilita el desprendimiento de toda fascinación. Quien cuenta, en cada uno de los relatos de Culpa , no es alguien hipnotizado por aquello que ha descubierto, por esa iluminación sombría que a veces despiertan la muerte y el horror. Su economía narrativa es una decisión formal, pero asimismo es el resultado del conocimiento, de la práctica.

En el fondo, lo que Von Schirach busca en este libro es reflexionar en voz alta, sólo que lo hace a través de los hechos. En otros términos: como si intentara explicarlos, aunque intuya que esa justificación jamás llegará, o será insuficiente. A raíz de ello, la magnífica figura del narrador se comprende mejor a medida que los relatos se encadenan; ese abogado que casi siempre es apenas un hilo de voz, un acompañante silencioso. De algún modo, el que recoge los cadáveres.

Pero este conjunto de relatos es también una confesión: la de una derrota o metamorfosis, que no es otra cosa que el fin de la esperanza. Menos ingenuo de lo que aparenta, el epígrafe de Aristóteles que antecede al libro ("Las cosas son como son") pierde con el correr de las páginas toda ironía para dejarnos la intensidad de su sabor amargo. Aunque sobreviva la culpa.

Culpa

Ferdinand Von Schirach

Salamandra

Trad.: María José

Díez Pérez

160 páginas

$ 85.

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