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Literatura argentina

Un vampiro en anamorfosis

ADN Cultura

Comedia negra, desventuras de un exiliado argentino en Madrid, envés perverso de la literatura de autoayuda, historia de vampiros sin colmillos ni heliofobia, la segunda novela de Mariano García (Buenos Aires, 1971) se apropia de una lengua ajena -el español de la península ibérica- para narrar la historia de un ex profesor de secundaria caído en desgracia por un presunto affaire con una lolita. Presentada como la confesión de un hombre condenado "escrita a ciegas", Seres desconocidos reconstruye la serie de acontecimientos que lo llevaron a refugiarse en un convento algo psicodélico y lo empujaron al borde de la demencia. Una vez despedido, el docente de arte decide ocultar el hecho a su mujer, Gloria Krueger, hija y heredera de un galerista exitoso en Buenos Aires, que se ha instalado en Madrid para continuar la tarea del padre. Su cuñado, a quien apoda "el doctor Mengele", desarrolla en Europa un experimento abominable con fetos animales que, predice, clausurará la matanza de seres vivos o, al menos, calmará las conciencias de los carnívoros.

Como un sapo de otro pozo en ese ambiente sofisticado y adinerado se mueve el narrador, un personaje acomodaticio, oscuro, envidioso y a la vez con ojos de rayo láser para detectar la hilacha en la costura ajena (el apellido de su familia política, los Krueger, da la nota). En uno de los vagabundeos en auto (o "coche", como se corrige el narrador, que intenta imitar a la perfección la lengua del país huésped, con sus "pitillos" y sus "gafas") recala en Morgana Building, donde compartió vivienda con una ex pareja, Eugenio, un exitoso decorador de interiores que lo abandonó por un amante local más joven y menos enredado. Allí se encuentra con Ramón, uno de los porteros del edificio, que pronto consigue la manera de sacarle dinero para pagar "una operación de su esposa" (léase: mantener a una joven calavera). Pero cuando el profesor desempleado le corta los víveres, se revela el chantajista oculto en Ramón. Pronto el personaje se quedará sin mujer, coche de lujo y mansión. Solo, sin amigos ni aliados, en un departamento alquilado, comenzará a leer un libro de ocultismo firmado por Ada Mantis, que le abrirá las puertas del parasitismo. A ese conocimiento oculto, él querrá darle un ingrediente personal: la venganza contra sus enemigos (a estas alturas del relato, el resto de los personajes).

Contado con un humor siniestro, que se aplica tanto a los laberintos mentales del profesor de arte como a la fraseología española, a las costumbres de los riquillos tanto como a las del populacho, este relato en anamorfosis (es decir, con una perspectiva deformada: la de la conciencia narrativa del parásito porteño) presenta al lector el enigma cifrado en la lectura. Menos interesado en los planteos acerca de la verdad que en las formulaciones de un estilo irónico y al mismo tiempo directo, en las correspondencias pocas veces amables entre locura y lenguaje, entre subjetividad y exilio ("la amargura de comer y caminar en tierras extrañas, entre seres desconocidos"), García desarrolla el entramado barroco de una mente banal y acomplejada. Con un género en desuso -si no se consideran los productos de la industria del entretenimiento masivo, como las series vampíricas para teenagers o los guiones televisivos y manuales de chamanismo para el tercer milenio-, construye un artefacto tan extraño y anormal como el que su protagonista imagina que ha llegado a ser.

Seres desconocidos

Mariano García

Adriana Hidalgo

160 páginas

$ 78.

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