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Muestras

Ornamento y armamento

ADN Cultura

Etérea y frágil, Karina El Azem camina por la Sala J del Recoleta donde está colgada su última muestra. Un paréntesis de cuatro años ha decantado el lenguaje de apariencia inofensiva, pero "recargado". Primera impresión. Domina el panorama un enorme mural que semeja un textil oriental; arabescos otomanos del sultán Suleiman; búlgaros, un imprimé de William Morris o la piel del megastore de Louis Vuitton en Omotesando, Tokio, ideada por el arquitecto Jun Aoki. Podrían hilvanarse múltiples asociaciones entre decoración, moda y arquitectura al ver, de lejos, la imagen que Karina ha creado con réplicas de goma de balas de fusiles Fal 7,62 percutadas.

Rodrigo Alonso, en el sesudo texto del catálogo, vincula la obra de esta artista deudora del arte light de los años noventa con los misiles lanzados por Adolf Loos en 1908 en el ensayo Ornamento y delito contra la vocación decorativa del Art Nouveau y la debilidad por lo superfluo. Desde hace tiempo, y recuerdo especialmente una muestra emblemática en la galería Daniel Maman, El Azem avanza por la cornisa y juega con fuego. Juega. Porque es lúdica la manera como usa la materia prima de sus obras, las balas hechas para matar son inofensivas cuentas de un collar. Sus piezas ornamentales acortan la distancia, si es que esa distancia existe, entre arte y artesanía, entre arte popular y arte culto, un prejucio que muchos años atrás se ocupó de desmontar con una nuestra soberbia en el MoMA el curador Kirk Varnedoe. Su hipótesis homologaba objetos cotidianos, como las Brillo Box y el cómic, con el imaginario pop de Andy Warhol y Lichtenstein. Lo de Karina El Azem va por otra vereda. La escena del crimen y el crimen mismo: "La incorporación del delito a la ornamentación y a la belleza es mi propia provocación". Premeditado y sin circunstancias atenuantes.

El ornamento se vuelve evidencia en la selección de retratos que la curadora Patrica Rizzo ha ubicado en el acceso a la sala. A simple vista, son retratos de misteriosa nocturnidad, algo inquietantes. Qué menos. En realidad son retratos de hombres condenados por crímenes que no cometieron, liberados después de años de prisión gracias a la investigación del equipo The Inocence Project que mediante el estudio del ADN logró probar la inocencia de los presuntos culpables. Los retratos están pintados con sangre a la que la artista aplicó un reactivo llamado Luminol, usado por criminalistas para volver fosforescente la superficie donde hubo sangre. El Azem no se priva de nada. Y todo con esa cara de niña dulce, escoltada por Roberto Pettinato, que ha creado la música, una suerte de banda sonora, para una de las piezas más atractivas de este rompecabezas de armamentos y ornamentos.

adn el azem

Buenos Aires, 1970

Egresada de la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón, fue becaria del Programa Internacional de Artistas y residente en las clínicas de arte Braziers de Oxford y Wasla, de Egipto. Expuso en las galerías Ruth Benzacar, Daniel Maman, en bienales y ferias internacionales como ArtBo y FIAC, Integró el envío a la madrileña ARCO 99, del Fondo Nacional de las Artes, cuando era presidenta Amalia Lacroze de Fortabat..

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