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Diálogos del alma

El presente es presencia

Revista

Señor Sinay: Escuché a un amigo decir que no disfruta de los viajes porque antes de que comiencen piensa que terminarán. ¿Hasta qué punto el sabor agridulce de la certeza de un final nos impide disfrutar del presente?
Feli Oliden

 RE:
Es significativo el caso del amigo de nuestra amiga Feli. Su tristeza anticipada por la conclusión de una experiencia que imagina dichosa, le impide disfrutarla. Con eso, la experiencia propiamente dicha queda eliminada, reemplazada por el final imaginario de lo que no ha comenzado. Si prestamos atención, observamos que todo ocurre en la mente de esta persona (tanto la supuesta felicidad del viaje como la posterior tristeza porque éste ha terminado). Pero las vivencias reales transcurren en el presente y nos atraviesan en cuerpo y alma. Lo explican muy bien Erving y Miriam Polster, acreditado matrimonio de psicoterapeutas, en Terapia gestáltica, un jugoso tratado sobre esta disciplina fundada por Fritz Perls, en la que el presente juega un rol esencial. Pasado y futuro remiten a lo que fue o lo que será, dicen los Polster, y marcan la frontera psíquica para la experiencia presente. Agregan que tanto el recordar como el planear suelen interferir en el presente desviando nuestro foco y nuestras energías. Vivir en el presente, añaden, es un antídoto contra la neurosis ya que ésta es básicamente anacrónica, como un ancla que quedó fondeada en una vivencia que no es del hoy y que lo obstruye.

Así, quien se prepara para la melancolía, empieza por añorar algo que no ha ocurrido y terminará triste por algo que reconstruirá de un modo forzado (para que se ajuste a esa tristeza predeterminada). Lo cierto es que mientras la experiencia transcurra, su presencia será apenas nominal. No estará de veras allí, habrá fugado hacia la futura melancolía. Y no hay presente sin presencia. Para vivir una experiencia hay que estar inmerso en ella. De todos modos, puestos a anticipar una vivencia, ¿por qué no disfrutar previamente de lo bueno que ella puede dejar en nuestras vidas? Si se trata de conjeturar, ¿por qué no suponer que nos aguarda la alegría y el deseo de repetir?.

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