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El cine nacional se consolida en la competencia

Los 14 títulos ratifican la solidez de la producción local

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PARA LA NACION
Viernes 23 de noviembre de 2012
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MAR DEL PLATA.- Con 58 nuevos largometrajes nacionales (20 de ellos diseminados en las tres competencias oficiales), esta 27» edición del festival ratificó no sólo la inmensa capacidad de producción sino también la solidez técnica (y, en varios casos, narrativa), así como esa diversidad que el cine argentino viene sosteniendo desde hace ya varios años.

Más allá de las tres películas con participación local que están en la Competencia Internacional y de otras tres que integran la Competencia Latinoamericana, el panorama más amplio es que el que ofrecen los 14 títulos de la Competencia Argentina.

Fango , de José Celestino Campusano. El director de Vil romance y Vikingo sigue indagando en las historias de personajes marginales y violentos del sur del conurbano bonaerense. En este caso, con una cruda, algo desprolija, pero siempre intensa y fascinante historia de músicos que combinan tango y heavy metal en un contexto donde imperan los duelos, los secuestros, los robos y los ajustes de cuentas.

Fango, lo nuevo del siempre polémico José Celestino Campusano
Fango, lo nuevo del siempre polémico José Celestino Campusano.

Los quiero a todos , de Luciano Quilici. Una tragicomedia coral sobre seis amigos que se juntan en una casa de campo (hay algo de Reencuentro , de Kasdan) con flashbacks de momentos bastante extremos en la vida de cada uno de ellos (con la negrura y el patetismo de Todd Solondz). Un film audaz, perverso e inquietante.

Samurái , de Gaspar Scheuer. Un samurái japonés arriba a las pampas argentinas a fines del siglo XIX en busca de un mítico guerrero. Luego será su hijo quien tome la posta. Así como en su anterior El desierto negro , Scheuer construye un western contemplativo y fascinante. Una verdadera rareza.

Huellas , de Miguel Colombo. El propio director investiga la historia de su abuelo (un italiano que combatió en la Segunda Guerra Mundial y se instaló luego en Santiago del Estero, donde armó dos familias paralelas y tuvo siete hijos) y, con ella, descubre un complejo entramado de secretos, mentiras, abusos y excesos de varias generaciones de su familia. Un documental visceral y conmovedor, pero sin golpes bajos.

Calles de la memoria , de Carmen Guarini. A partir de un trabajo grupal en el marco de un taller con documentalistas iberoamericanos, la directora y sus colaboradores registran el proyecto de vecinos de Almagro y Balvanera que instalan en esos y otros barrios baldosas con inscripciones alusivas al terrorismo de Estado durante la última dictadura. El film expone los debates internos, las contradicciones y las implicancias emocionales de esa iniciativa.

La corporación , de Fabián Forte. El realizador de Celo mixtura drama romántico, thriller financiero, film noir y cine fantástico con la historia de un cínico empresario (Osmar Núñez) que contrata a una misteriosa corporación los servicios de Luz (Moro Anghileri), una joven que hace las veces de su esposa. Película sobre los juegos de rol, es un interesante aunque no del todo logrado estudio sobre el poder, la obsesión, el control y el deseo.

La educación gastronómica , de Marcos Rodríguez. Dos ex compañeros de secundaria que no se ven desde hace diez años se reencuentran cuando uno de ellos -que vive en Buenos Aires- regresa al pueblo natal. Las largas charlas servirán para dejar en evidencia sus diferencias y afinidades. Un melancólico retrato en blanco y negro sobre nostálgicos precoces con algo de déjàvu.

Errata , de Iván Vescovo. Fallido y pretencioso film de espíritu borgeano rodado en blanco y negro que propone una caótica mezcla de géneros y estéticas para narrar la desesperada búsqueda que un joven fotógrafo emprende para encontrar a su novia desaparecida.

Me perdí hace una semana , de Iván Fund, y Tan cerca como pueda , de Eduardo Crespo, pueden analizarse juntas porque ambos directores forman parte del mismo grupo (además de trabajar en la película del otro), que propone un híbrido entre ficción y documental, entre el registro directo y el trabajo con los actores para captar la intimidad, los pequeños momentos y los estados de ánimo de personajes muchas veces dominados por la soledad y la angustia en medio de una abúlica dinámica pueblerina.

Completan el panorama dos documentales observacionales: Boxing Club , impecable trabajo de Víctor Cruz sobre la relación entrenador-pupilo en el gimnasio El Ferroviario, ubicado en el subsuelo de la estación Constitución, y Buscando al huemul , de Juan Diego Kantor, sobre el viaje que dos jóvenes mapuches emprenden por las montañas cercanas a Bariloche en busca del huemul del título en un prolijo y algo obvio film sobre la identidad y la memoria que reivindica de los pueblos originarios y condena la Conquista del Desierto.

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