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El viejo miedo a volar, de García Márquez a Mr T

Turismo

Por   | LA NACION

No es difícil reconocerlos. Algunos están con los ojos cerrados, los labios temblorosos mientras rezan en silencio. Otros con la cara pálida y la mirada vidriosa, envueltos en un frágil refugio de ansiolíticos. Y están los más explícitos, como la señora que hace unos días me tocó de compañera de asiento, y que sin preámbulos me clavó las uñas en el brazo, apenas despegó el avión. "Es que volar me da mucho miedo. Te debe parece estúpido", se disculpó, una vez recompuesta.

No me parece estúpido, para nada. Todos sabemos que el avión es el medio de transporte más seguro, y que es más fácil morir pateado por un burro que en un accidente aéreo (según insisten los matemáticos). Así y todo, las estadísticas indican que uno de cada seis pasajeros padece de aerofobia (los datos son de la Organización de Aviación Civil Internacional, OACI).

Hay casos legendarios, como el del futbolista holandés Dennis Bergkamp, que en sus contratos especificaba que no jugaría ningún partido que no estuviera a una distancia cercana como para llegar en tren u ómnibus. También en el ámbito futbolístico, el técnico Marcelo Bielsa sí sube a los aviones, pero presa del miedo más atroz.

Y hay casos inimaginables, como fue el del maestro de ciencia ficción Ray Bradbury (tuvo que tomarse tres martini dobles antes de pisar por primera vez en un avión, a los 62 años), el del arquitecto brasileño Oscar Niemeyer (otro futurista , aunque éste jamás voló en su vida, y ya va por los 104 años), el de los duros Sylvester Stallone y Bruce Willis, el del arriesgado cineasta Stanley Kubrick ("He decidido viajar por mar y jugármela con los icebergs") o el de Mohammed Alí, que alguna vez aseguró que podía "flotar como una mariposa". También personajes de ficción como el musculoso Mr T o la abnegada Marge Simpson, sorprendieron a más de uno con su confeso terror a las alturas.

Algunos famosos incluso siguen curiosos rituales para poder abordar una aeronave, por ejemplo la princesa Mette Marit de Noruega, que viaja acompañada de su psicólogo y, ya en las alturas, canta salmos para calmar la ansiedad. Jennifer Anniston sólo se siente segura cuando sube al avión con el pie derecho, y la actriz Megan Fox confesó que solamente puede volar si escucha en sus auriculares a... Britney Spears. Claro que sitios como Crash-Airien, que llevan al día un inventario de los últimos y más fatídicos accidentes aéreos, no ayudan a superar este trastorno. Sí existe, por el contrario, todo una tropilla de especialistas dedicados a ayudar a los aerofóbicos, sin contar con los cursos que desde hace años dictan las principales aerolíneas (Pan Am fue una de las primeras en hacerlo, a mediados de los 70). A lo que se suman libros de autoayuda, simuladores, CD y MP3 con técnicas de relajación, de respiración, de hipnosis, etcétera etcétera.

Desde luego, siempre aparece el valiente -o el loquito- que decide atacar el problema de frente, sin anestesia. Como el actor estadounidense Mark Malkoff, que voló durante 30 días seguidos (todo junio de 2009), pasando de un 737 de Air Tran a otro. En total tomó 134 vuelos en la low cost norteamericana y, previsiblemente, superó su fobia al avión.

"La vida me enseñó que el verdadero temeroso del avión no es el que se niega a volar, sino el que aprende a volar con miedo", escribió alguna vez Gabriel García Márquez (otro aerofóbico superado) en su artículo Seamos machos: hablemos del miedo a volar.

Más o menos la misma conclusión a la que llegó mi vecina de asiento, que le agregó algo de reflexión zen al asunto: "Sigo con miedo, no lo voy a negar, pero antes no podía siquiera pisar un avión. Hasta que un día, simplemente, renuncié a la vida. Me dije: si el avión se cae y muero, bueno, tuve una vida plena y feliz, estoy lista para dejarla ir. Y así fue cómo hoy puedo estar acá, contándote esto"..

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