Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí
 
lanacion.com | Las noticias que importan y los temas que interesan
Ver página en pdf

Rumania

La cara de una Transilvania iluminada

Turismo

Lejos de leyendas lúgubres como la de Drácula, la región propone un recorrido de colores y sabores a través de pueblos detenidos en el tiempo, con gente que abre las puertas de sus casas y apuesta por el turismo sustentable

Por   | Para LA NACION

 
 

CLUJ.- Castillos misteriosos, iglesias legendarias, brujas hechizadas, vampiros espantosos y condes sanguinarios forman parte de las historias que caracterizan a Transilvania, la más romántica y rica provincia de Rumania. Confinada durante décadas al olvido, hoy se destaca por un turismo cada vez más sofisticado, variado y, sobre todo, sustentable.

En la región central de Rumania, en pleno corazón de los montes Cárpatos, Transilvania es un lugar histórico y legendario. Su pasado alcanza los tiempos de los Dacios (105-106 a.C.) y el Imperio Romano, también de los eslavos, las estirpes húngaras y sajonas y, por muchos años, el Imperio Austro-Húngaro. Sus leyendas están esencialmente ligadas a la literatura fantástica, en particular a la famosa novela El conde Drácula, de Bram Stoker, que ha contribuido a proyectar una imagen de fantasía.

Es la zona más próspera de Rumania, por su suelo fértil y una economía pujante. Sus castillos e iglesias históricas le permitieron abrirse cada vez más a Occidente. Recorrerla significa entrar en un magnífico e inmenso paisaje de luz y color, gusto y sabor, muy diferente de las lúgubres leyendas que la rodean y relegan a un injusto segundo plano. Bosques verdes, valles y colinas arboladas y floreadas, fauna selvática, horizontes montañosos, pueblos rurales de gente cálida donde se han conservado las tradiciones medievales, casas coloreadas, iglesias de madera de techos altos permiten crear un paisaje absolutamente peculiar y auténtico. A su vez, programas culturales y deportivos, sorpresas naturales, artísticas y gastronómicas contribuyen a implementar un turismo entretenido y variado, que permite volver al pasado y a sus tradiciones, sin olvidar las demandas del presente y el respeto del ambiente.

Transilvania significa tierra más allá de la forestación. Esta expresión es muy apropiada porque alrededor de sus bosques, montañas y valles que parecen ilimitados por falta de alambrados se ofrecen distintas posibilidades para entretenerse, según los gustos y las estaciones.

Otoño, con el fascinante cambio de colores y el clima fresco, es la estación propicia tanto para recorrer los clásicos itinerarios de los castillos y fortalezas como para gozar de programas naturales y gastronómicos.

Por dónde empezar

 
La vida rural se destaca en la región. 
 

Cluj, la capital de Transilvania, con sus caminos arbolados, sus edificios decadentes que reclaman el glorioso pasado del Impero Austro-Húngaro, sus iglesias ortodoxas y el fantástico Museo de la Historia transilvana, es la ciudad ideal para empezar a recorrer la región.

Al salir de Cluj aparecen las pequeñas aldeas, con sus iglesias de madera, las casas pintadas de diferentes colores y personas ancianas solitarias, a veces vestidas con indumentaria típica, sentadas frente a su casa mirando la calle.

Así es Copsa Mare, un pueblito de doscientas casas, a dos kilómetros de Biertan, localidad reconocida por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. En un contexto que transporta a la época medieval, Copsa es ideal para alojarse y conocer la naturaleza de sus alrededores, para disfrutar, por ejemplo, de originales fines de semanas dedicados a la búsqueda de trufas. Para aprender a prepararlas, una excursión con guía y clases de cocina cuesta 100 euros, trufas incluidas.

"Los pueblos sajones de Transilvania están pasando por un cambio importante, que apunta a la conservación de la herencia cultural y la promoción de un turismo sustentable -explica Giovanna Benazzo, dueña y gerente de la elegante Copsamare Guesthouses-. Este país, en esencia rural, está sufriendo la amenaza del mundo moderno y pone en riesgo sus generosos recursos ambientales."

Benazzo compró una primera casa en Copsa con la idea de preservar la identidad del lugar. Con los años compró otras lindantes y, con la ayuda de un arquitecto local, las transformó en un bed & breakfast, "prestando particular atención en conservar la autenticidad de las construcciones autóctonas, invitando a la gente del pueblo a participar de la iniciativa turística, generando así muchas oportunidades y al mismo tiempo desarrollando un turismo sustentable", dice saliendo de una de las casas recicladas, destinada al comedor del guesthouse. En el lugar se cocinan esencialmente las verduras orgánicas de las huertas locales y, en esta estación, muchas recetas a base de trufas, como la crema de calabaza con trufa, el conejo al horno relleno y el risotto al tartufo, una receta bien italiana trasplantada en Transilvania.

Saliendo de Copsa, a pie, a caballo, en bicicleta o en automóvil, según las preferencias, a pocos kilómetros se puede visitar el fabuloso monasterio fortificado de Biertan, uno de los más lindos del circuito de los pueblos medievales de la región de Sibiu-Sighisoara, que permite entrar de lleno en la cultura del lugar.

A una hora de viaje de Biertan, en lo alto de una colina, con sus pequeñas y recoletas callejuelas, entradas y pasajes secretos, se encuentra la ciudad de Sighisoara, originariamente romana, una de las más importantes y mejor conservadas entre las ciudades medievales del mundo. El reloj del siglo XIV, el Museo de las Armas Medievales, la fortaleza y la casa donde nació el príncipe Vlad Tepes-El Empalador, en quien fue inspirada la novela de Drácula, son los principales atractivos de la ciudad, que también ofrece propuestas gastronómicas de comida local, como la ciorba, una sopa que lleva legumbres, bolitas de carne picada con especias y bors (trigo fermentado), ingrediente que le da un sabor delicioso.

Alrededor de la ciudad se organizan excursiones ideales para los apasionados de la fotografía, que alcanzan pueblos aislados que todavía viven con una economía rural y conservan la cultura y las tradiciones. Es común que los habitantes de estos pueblitos abran las puertas de sus casas a los turistas y que le ofrezcan una tsuica, una grapa local hecha con ciruelas amarillas (corcoduse) que crecen en todos los patios de las casas transilvanas.

Pensar en verde

 
Moara Veche, una panadería artesanal cerca de Sibiu. 
 

En esta zona de encantada naturaleza llamada Tarnavamare trabaja la Fundación Adept ( www.fundatia-adept.org ), una ONG que organiza actividades turísticas apuntadas a la conservación de la biodiversidad en Transilvania. "Tratamos de incentivar el desarrollo de un turismo sustentable en la zona juntando las exigencias de los turistas con las ofertas de los productores locales y de los dueños de emprendimientos turísticos", cuenta Cornel Stanciu, responsable de la fundación, mientras prepara unas cuantas bicicletas para un recorrido forestal, que terminará en el pueblo con una degustación de quesos locales. "Nuestro objetivo es sensibilizar la opinión pública para preservar la biodiversidad a través de recorridos naturales guiados y actividades relacionadas con eso", agrega.

La fundación, que también introdujo el concepto de slow-food en Rumania, brinda soporte a proyectos ambientales y de agricultura sustentable para preservar las tradiciones agrícolas y arquitectónicas y los usos y costumbres del lugar, organizando por ejemplo visitas a apicultores o cultivadores locales que todavía se sirven de antiguas prácticas e instrumentos.

En el suelo fértil de Transilvania todavía no se hace uso de fertilizantes químicos, peculiaridad que se trata de preservar constantemente y se observa en los festivales y mercados de comida orgánica, como el Transilvania Fest de Turda a fines de septiembre, el Festival de Slow Food y el Eco Market en Cluj, cada vez más frecuentes y apreciados por el turismo local e internacional.

Región de artesanos

En cualquier parte de Transilvania se descubren tradiciones rurales que se mantienen en vigor al igual que hace un siglo. La fábrica del pan Moara Veche, por ejemplo, que vale una visita camino a Sibiu, es una antigua casa sajona de color celeste y amarillo donde se produce el pan mediante aparatos de la época, con métodos naturales y sin refinar la harina. Al mismo tiempo se ofrecen cursos y visitas guiadas para grandes y chicos, y obviamente un excelente pan recién sacado del horno.

Transilvania también es una región de artesanos. En Medias, un pueblo que ha cerrado su centro histórico a los autos para dar espacio a un exclusivo mercado de frutas y verduras (donde también se venden objetos en madera como bols y cubiertos producidos por los gitanos de la zona), existe una famosa fábrica de estufas de cerámicas blancas y azules, muy típicas y muy utilizadas en Transilvania.

A dos horas de auto de Sighisoara se encuentra Sibiu, otra ciudad importante construida por los sajones, que en 2007 fue capital de la cultura europea. Al caminar por sus calles de piedras, entre sus casas de colores pastel, se llega hasta las plazas Mayor y Menor, y a las catedrales ortodoxa, católica y evangélica, las tres religiones que conviven en el país. El Museo Bruckenthal, que recoge importantes obras de arte del siglo XVIII de la colección del barón austro-asbúrgico von Brukenthal y el Museo Astra, al aire libre, merecen una visita.

Por la zona también se pueden realizar excursiones a aldeas de montaña, como Sibiel, pueblo característico donde se halla un impresionante museo con íconos sobre vidrio, un arte típico de la región. En Sibiu se realiza el Astra Film Fest, uno de los principales festivales de documentales de Europa y el más antiguo festival de películas internacionales en Rumania.

Cerca de Sibiu, Viscri es otro lugar imperdible. Esta pequeña aldea fortificada, escondida en medio de los bosques, se hizo famosa desde que el príncipe Carlos de Inglaterra compró una casa típica, donde transcurre algunas de sus vacaciones.

Comprar casas sajonas como estrategia para preservar el lugar es un negocio que se puso de moda. La Mihai Eminescu Trust (www.mihaieminescutrust.org) o MET es una fundación sin fines de lucro activa en 26 pueblos y cinco ciudades sajonas de Transilvania, que se dedica a la restauración de construcciones típicas y a proyectos comunitarios focalizados en entrenar a la gente del lugar en trabajos usuales, antes de asesorarlos en crear sus propias empresas.

Después de la recuperación de estos pueblos, y quizá por la presencia del príncipe Carlos en el lugar, se ha registrado un interés cada vez mayor de parte de extranjeros en comprometerse en la preservación del lugar. Comprar una vieja casa en Transilvania puede costar entre 5 y 30 mil dólares, según las condiciones y la ubicación, mientras que se estiman otros 30 mil para restaurarla.

En la zona montañosa transilvana, en la cercanía del monte Postavaru, se encuentra Brasov, una ciudad medieval pintoresca con monumentos arquitectónicos en estilo sajón antiguo, donde se encuentra la iglesia Negra del siglo XIV, las ruinas de la fortaleza y el antiguo Ayuntamiento.

A pocos kilómetros, el castillo de Bran es una grandiosa estructura del siglo XIV, con cuatro torres, construida en roca y asentada sobre una colina, que cuenta con más de 180 habitaciones. En el interior del castillo se encuentra un interesante museo de arte medieval y un sarcófago del cual surge la leyenda de Drácula.

Cerca de allí, otro lugar que merece una estada es Sinaia. Por su maravilloso paisaje montañoso y su rica naturaleza es considerada la perla de los Cárpatos. Paseos, equitación, esquí, curas termales y una visita al grandioso castillo de estilo bavarés de Peles, uno de los más lindos de toda Rumania, confirman la variedad de la oferta turística que hacen de Transilvania un lugar que nunca desilusiona.

Datos útiles

    Cómo llegar
  • Desde Buenos Aires hasta Timisoara, con dos escalas, hay vuelos de Lufthansa con tarifas desde US$ 1867.
TEMAS DE HOYYPF estatalInseguridadElecciones 2015Cristina Kirchner