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Opinión

Ante una calma más volátil que en 2008

El Mundo

La reciente escalada en Medio Oriente fue el más grave enfrentamiento entre Israel y Hamas desde 2008, cuando la invasión israelí a Gaza dejó 1400 muertos y dañó su imagen en el exterior. Pero la situación en la región es menos predecible que hace cuatro años. Entre otros cambios, la influencia de Estados Unidos se debilitó, lo que genera vacíos que otros actores están llenando.

Uno de ellos es Egipto, conducido por los Hermanos Musulmanes, cercanos a los palestinos de Hamas. Este país continúa siendo un actor central e irreemplazable para construir la paz en la región.

Pero a través del paso fronterizo de Rafah, o por túneles cercanos, han llegado miles de misiles a los grupos radicales de Gaza para ser lanzados de manera indiscriminada contra blancos civiles en territorio israelí. Y son misiles cada vez más peligrosos, que incluyen a los Fajr-5, de fabricación iraní, con un alcance de 80 kilómetros.

Por eso Tel Aviv y Jerusalén se convirtieron en blancos al alcance del nuevo armamento. Y, más allá de las defensas israelíes, que destruyeron un tercio de los misiles en vuelo, la casi totalidad de la población israelí está expuesta a esos disparos.

Turquía, con un gobierno que giró hacia el islamismo, también se alejó de Israel. Siria, por su parte, se encuentra en llamas ante la impotencia de la ONU, cuyo Consejo de Seguridad está paralizado por el veto de Rusia y de China.

El Líbano, en tanto, sigue navegando en la precariedad, con peligro de contagiarse de Siria y la lucha facciosa que consume a este país desde hace más de un año y medio. De hecho, el movimiento libanés Hezbollah apoya con sus milicianos al régimen de Bashar al-Assad en el vecino país.

Irán sigue suministrando armas y entrenamiento a Hamas. Y también Qatar, con sus enormes recursos financieros, está apoyando al gobierno de Hamas, que encabeza Ismail Haniyeh en Gaza.

El vecindario de Israel es, por lo visto, complejo. La influencia de Estados Unidos sigue siendo clave, pero su peso relativo en la región disminuyó en los últimos años. Y no sólo en el mundo árabe. También en Israel, como consecuencia de los desencuentros entre Benjamin Netanyahu y Barack Obama previos a la reelección del presidente norteamericano.

Lo cierto es que el mandatario egipcio, Mohammed Morsi, estuvo desde el primer momento en el centro de la nueva crisis, procurando su desactivación.

Para ello envió a su primer ministro, Hesham Kandil, a Gaza, horas después de comenzada la represalia aérea israelí. Y coordinó su acción pacificadora con la de Estados Unidos, la ONU, la Liga Árabe, Alemania, Turquía y Qatar.

Sus esfuerzos dieron frutos, como lo sugiere el alto el fuego negociado en El Cairo. Así logró evitar una segunda invasión israelí a la Franja de Gaza, con todas sus consecuencias.

Se trata de un primer paso en dirección a edificar un horizonte de estabilidad más prolongado, sin que se sigan disparando misiles desde el interior de Gaza.

Acuerdos

El otro paso importante es el de lograr acuerdos estabilizadores con Al-Fatah, el partido del presidente palestino, Mahmoud Abbas. Porque no es fácil concebir que Hamas esté dispuesto a reconocer el derecho del Estado de Israel a existir como tal.

Con este escenario regional menos previsible que hace unos años y con una influencia de Estados Unidos más relativa, en Israel creció la sensación de que su futuro esencialmente depende de sí mismo. Porque aunque en el escenario hay actores nuevos o renovados, la violencia y sus terribles consecuencias siguen presentes en su propio territorio.

Pero, más allá de Israel, es necesario que todos los actores de la comunidad internacional comprometan sus esfuerzos para construir y asegurar la paz en la región..

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