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Punto de vista

La estabilidad es el salto de calidad

Deportiva

E stabilidad ha sido el rasgo más destacable de la selección durante el año. Mérito de Alejandro Sabella, un entrenador que volvió a imprimirle al conjunto nacional conductas previsibles para afirmar el compromiso y olvidarse de temporadas de vacilaciones y experimentos. Resolver casi todos los partidos con autoridad arrimó calma, persuasión y pertenencia. Se sabe que construir sobre las victorias es un viento de cola inestimable. No es casual, entonces, que haya terminado la temporada más productiva desde la eficacia en la última década. Porque si bien 2010 arrojó números mejores, conviene recordar que se edificó con éxitos sobre rivales impresentables como Costa Rica, Jamaica, Haití y Canadá.

Estabilidad. Porque del primero al último partido de la temporada, el seleccionado tuvo el mismo director técnico. Parece una reseña de un país tercermundista en materia de fútbol, pero el retroceso de la Argentina condujo a sótanos tan oscuros que este dato salta como un paso adelante. Y lo es. Las convulsiones, los desplantes y los giros espasmódicos habían encadenado a la selección a un carrusel de locura. Entre 1983 y 1990 hubo cinco entrenadores, casi la misma cantidad que entre 2006 y 2011. Una furiosa tormenta de inconsistencia que se disipó. Cesó la alerta meteorológica.

Estabilidad. Sabella espantó un déficit que reconocía y en 2012 le entregó estabilidad a sus nóminas de convocados. Volvió predecibles alrededor de 25 apellidos. Los naturales, como Messi, Mascherano e Higuaín; las apuestas, como Federico Fernández y Garay, y los fetiches, como José Sosa o Marcos Rojo. Pueden no compartirse todos los nombres, incluso sigue pendiente consolidar un estilo de juego, una identidad colectiva que sea realmente reconocible, pero Sabella le inyectó seguridades al proyecto.

Estabilidad. La discreción volvió a la órbita albiceleste, salvo alguna irrupción inentendible de Carlos Bilardo y su difusa función. Porque la refundación también debía alcanzar la imagen, la conducta, los comportamientos públicos, áreas a la deriva del destrato y las groserías. Se reinstaló el debate futbolístico para referirse al seleccionado argentino, y ya no esos culebrones con tramas de sospechas, trampas y descalificaciones. Aquellas discusiones de conventillos ahora son debates sobre el pizarrón..

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