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Mercado de granos

En los números, se impone el maíz

Campo

Por   | Para LA NACION

Las lluvias de mitad de semana han generado mayor preocupación a los productores de soja, que sembraron sólo el 36% de la superficie nacional, de acuerdo al último informe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. Estamos así, ante un atraso en las siembras que podrá llegar a tener serias consecuencias para los rindes potenciales.

Diversos trabajos de instituciones privadas, como es el caso de Aacrea, indican que por cada día de atraso en la siembra de soja mas allá de mediados de octubre, se pierden un promedio de 28/30 kg/ha, según un estudio efectuado para el oeste de Buenos Aires en un suelo clase I. El dato de la realidad es que ya estamos entrando en la última semana de noviembre y la soja sigue sin sembrarse en muchas zonas del país.

Otro dato para no descuidar, es que con siembras más tardías vamos a cosechar de mayo en adelante, ¿y si el otoño es llovedor, como muchos climatólogos están anticipando? A diferencia del año pasado, cuando el atraso en las siembras tuvo su principal causa en la falta de lluvias, en esta campaña se debe a una situación totalmente opuesta. Hay exceso de humedad en los suelos; hay caminos que no se pueden transitar, y hay demora en todos los trabajos previos a la siembra.

Desde el punto de vista del análisis agroeconómico, el margen bruto de sojas sembradas tarde o de segunda es tan ajustado que en campos arrendados el resultado económico pasa a ser negativo. Por ejemplo, soja de primera sembrada tarde o de segunda en el sudeste de Córdoba, con un rinde de 2500 kg/ha, a los precios de mercado, arroja un margen bruto de 294 dólares por hectárea, si es campo propio y le descontamos los gastos de estructura, el margen neto queda en 188 dólares por hectárea. Si es campo arrendado, el resultado se tiñe de rojo.

Para esa misma zona, un maíz sembrado tardío con un rinde probable de 8000 kg/ha arroja un margen bruto de 600 dólares por hectárea, el doble que el aportado por la soja.

Es la primera vez, al menos en toda la década, que el margen bruto de maíz duplica al de la soja. El motivo de esta ventaja del cereal sobre la oleaginosa hay que buscarlo por el lado del mercado. Hoy el contrato de maíz abril en el Mercado a Término de Buenos Aires (Matba) se cotiza a US$ 208 por tonelada, el valor más alto de toda la historia, mientras que la posición mayo de la soja se negocia a US$ 322, cuando la oleaginosa disponible llegó a venderse arriba de los 430 dólares durante los momentos álgidos de la sequía en los Estados Unidos.

Este es el principal motivo, la soja nueva acusa una baja de más 100 dólares por tonelada respecto de la soja de la cosecha anterior, y el maíz consolida un precio máximo histórico que a estas alturas dejó de ser una promesa para ser una realidad. En una hipótesis de buena evolución climática en América del Sur, y con cosechas normales en la Argentina y en Brasil, no podemos descartar el fantasma de la soja a US$ 300 por tonelada. Y siguiendo con esta hipótesis, en este nivel de precios el 50% de la producción de soja argentina entra en resultado económico negativo.

El productor tiene todavía la "bala de plata": el maíz, y en este sentido está a tiempo de cambiar y aprovechar esta coyuntura. Si hay un año para incorporar maíz o aumentar su participación en la rotación es este. Hoy la relación de precios soja/ maíz se encuentra en 1,54/1, el valor mas favorable de toda la década. La soja no es menos competitiva por esta relación en sí misma, sino por su precio. En cambio el cereal es más competitivo porque la suba del mercado ha sido de tal magnitud que la misma fue más que suficiente para compensar el fuerte aumento de la estructura de costos en dólares, resultado del atraso cambiario y del alto nivel de inflación..

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