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Punto de vista

Recuerdos incómodos de la historia peronista

Enfoques

Por   | Para LA NACION

 
 

Los Kirchner armaron a tijeretazo limpio su propio álbum de 200 años de historia argentina, pero, afectos a las profundizaciones, en verdad sólo potenciaron una costumbre tan peronista como la de hacer la V de la victoria en cualquier circunstancia.

Quizá lo de despotricar todos los días contra los golpes de Estado y montar cazas de brujas para perseguir a quienes fueron funcionarios de dictaduras -práctica industrializada a partir de 2003- diseminó en las nuevas generaciones la idea de que el universo siempre estuvo organizado con dos lados: del lado bueno formaron los buenos, los peronistas, y del malo los malos, sus verdugos militares.

Un reparto bien ordenado que obligó a esconder algunas imperfecciones, como el paso de Eduardo Menem por el gobierno de La Rioja durante la "Revolución Argentina", el del actual embajador en París Aldo Ferrer como ministro de Economía del general Levingston o -entre tantos otros- la importante experiencia adquirida por Alicia Kirchner como subsecretaria de Acción Social de Santa Cruz durante toda la última dictadura (tres protagonistas, conviene aclararlo, de innegables calificaciones técnicas y personales).

Todo esto viene a cuento por el uso que Aníbal Fernández hizo la semana pasada del nombre del sindicalista asesinado Augusto Timoteo Vandor, summum del "traidor" en la óptica de la izquierda peronista de los 70. Hay que reconocer que Fernández tuvo el buen gusto de no adaptarle al líder camionero el verso "Rucci, traidor, a vos te va a pasar lo mismo que a Vandor", promesa que fuera cumplida al pie de la letra por Montoneros. Sólo dijo "Augusto Timoteo Moyano", lo cual consiguió que las dos CGT hicieran algo al unísono: ofenderse, una por entender que se mancillaba la memoria de Vandor y la otra por entrever en el sarcasmo de Fernández la sugerencia de que también a Moyano le aguarda un futuro poco venturoso.

A nadie pareció preocuparle demasiado el hecho de que Vandor, como líder de la CGT, avaló el golpe de Estado de 1966, a tal punto de hacerse presente en la entronización del general Onganía. La traición que se le atribuye dentro del movimiento se refiere al armado de un peronismo sin Perón, a la osadía de cortarse solo, no a la complicidad con la ruptura del orden constitucional que encarnaba desde 1963 el presidente Illia. En ese aspecto, Vandor actuó en línea con lo que pensaba Perón, por lo menos al principio. "Yo reconozco las cualidades de Onganía como líder militar", declaró Perón pocos días después del golpe. "Si se va a portar tan bien en el campo político como en el militar creo que el país puede salir adelante." El problema con Vandor fue otro: él quería tener su propia estrategia, sin acatar órdenes de Madrid.

La comparación peyorativa de Moyano con Vandor, que en forma tácita equipara a Cristina Kirchner con Perón, desconoce que ahora, Néstor Kirchner mediante, ya no hay un solo peronismo sino dos y que las conversiones no son más herejías sino moneda corriente, como lo sabe el veterano Aníbal Fernández.

Su esfuerzo de construir metáforas con nombres propios es encomiable, porque a veces con tres palabras se puede describir el mundo. Pero en el caso de la historia argentina contada mediante retazos binarios, la síntesis puede convocar infinitos recuerdos, muchos de ellos incómodos..

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