Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí
lanacion.com | Las noticias que importan y los temas que interesan
Ver página en pdf

Desde el margen

En la tierra sin borde, lo que se fue está siempre regresando

Enfoques

Por   | Para LA NACION

ESQUEL

Por ahí", dice. Alza el brazo y dibuja sobre el horizonte algo que podría ser el vuelo de un pájaro o un arco iris enorme. O hasta el nombre de un lugar que sólo él recuerda: Poraí . El caso es que cuando al hombre que sonríe detrás de la tranquera se le pregunta dónde fue que nació, eso responde: por ahí. En algún lugar que él dibuja sin exigirse precisiones nació don Atilio, hace también imprecisos años. Por ahí nació y por aquí se quedó, justo a un costado de la ruta 40, en plena Patagonia. Sopla el viento. Tanto, que el hombre convida a pasar. Dice que la policía no lo molesta. Ya no. Antes sí. Venía seguido a decirle que se iba a tener que ir. Ahora sólo viene cada tanto con citaciones. Quizá se cansaron. Es fácil cansarse cuando el viento empuja como ahora.

"Esos cerros nunca tuvieron nombre. Ahora les dicen el cordón Esquel, pero para nosotros son el cerro o «aquel cerro», nomás." Don Héctor va a caballo. Vive con su esposa y su hijo en la casa que también fue la de sus padres. Acá, allá, antes y ahora. La Patagonia tiene eso: arrasa con todo. Vuela los techos, la gente. Y los nombres, sobre todo los nombres. Aquí es fácil perderse porque contra lo que suele creerse la Patagonia no es extensa; es honda. Todo lo que no esté bien afirmado se hunde. O se va con el viento.

Como aquella madriguera en la que rodaba Alicia, también aquí los bordes de la realidad flamean. Algo en el zumbido del aire o en esa imposibilidad de atar la vista a alguna cosa por demasiado tiempo hace de esta tierra un lugar inquietante. Uno donde las certezas también se vuelan. Cada quien queda a solas con su propio desierto.

Tal vez por eso hay quienes dice que uno en la Patagonia se vuelve loco. Que se extravía, como alguna vez cuentan que se extravió el gobernador de Santa Cruz, Ramón Lista. Él (exterminador de onas o defensor de los tehuelches, según dónde se quiera poner el énfasis) resume lo que provoca el Sur en quienes no somos de allí: un vuelco, una muerte que es también renacimiento. Lista, por caso, paso de aniquilar a un grupo de selk'nam a tomar por esposa a Koila, una princesa tehuelche, mudarse a una toldería y escribir un libro desolador: Los tehuelches, una raza que desaparece .

No es falso aborigenismo, no es juzgar el pasado con ojos de hoy, no es calzarse un poncho de diseño y salir a jugar "a los indios". Es, en todo caso, la certeza de una injusticia que no cesa. Es escuchar lo que dice el paisaje.

Dice Francisco Moreno en una carta tras su visita en prisión a los caciques Inacayal, Foyel y Sayhueque: "Sonríen, dicen «Moreno» y estiran la mano derecha. Por fin ha llegado el testigo que dirá «no somos indios malos». Y no lo son, y ellos saben que me consta".

Dice Inacayal: "Yo jefe, yo hijo de esta tierra. Los blancos mataron a mis hijos, robaron mis caballos, me quitaron la tierra que me vio nacer. Yo, prisionero". Dice la lengua mapundungun que irse y regresar son parte del mismo movimiento. Por eso comparten un verbo, amutun . Aquí y allá, antes y ahora. Muerte y renacimiento.

Dice Ignacio Fortheringham en su Vida de un soldado : "El desierto, conquistado definitivamente. Desaparecieron para siempre los indios que habían sido el azote de miles y miles de leguas, que de ahora en adelante quedan libres de ellos".

Dice la Patagonia que nada de eso es verdad. Que ahí, por acá, antes, mañana, en algún punto impreciso, ellos están. Que -en la tierra sin borde-lo que el viento alguna vez se lleva tarde o temprano lo trae de regreso..

REDES SOCIALES
 

TEMAS DE HOYEl caso de Lázaro BáezDamián StefaniniLa salud de CristinaMarcelo TinelliChampions League