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Realismo trágico (en dos minutos)

La sordera de Ella y la épica en dégradé

Enfoques

Cristina predica con el ejemplo. Antes del 7-D, la que empezó a desinvertir fue Ella. Hasta no quedarse sólo con su núcleo duro -esto es, un 30, 35 por ciento del electorado- parece que no va a parar. En cada aparición pública, al redoblar, la Presidenta se aleja más de ese 20 por ciento fluctuante que, sin embargo, la votó en octubre.

¿Quería pluralidad de voces? Las tiene, pero en contra. Cada vez más, desde distintos sectores, le piden que escuche. Sin embargo, Ella insiste en su teoría sacrificial: "Me voy a bancar las que me tenga que bancar". Los otorrinos están anonadados. Acaba de ser descripta una nueva patología: la sordera épica.

Si el doctor Buonomo va a usar el otoscopio, que revise bien. Aquí no se trata del yunque, el estribo o el martillo. La lesión no está en el oído medio. Está en la clase media. No la escuchan. Y eso no es todo. En un reciente congreso de la especialidad, el doctor Pablo Micheli sostuvo que la paciente la oreja izquierda la tiene de pinta. Para colgar el anteojo. La que le anda -dice- es la derecha. Y si no, que pregunten por la ley de ART y la eliminación de la doble vía, tan festejada por los empresarios.

La épica va en dégradé. En marzo había que recuperar las Malvinas. En noviembre el Gobierno se conforma con recuperar la isla Demarchi, para hacer el polo audiovisual. "Si quieren venir, que vengan, les presentaremos batalla", bien podría haber dicho Pablo Micheli, quien amenazó con un paro el 7-D si intentan desalojar de allí a los trabajadores.

Algo pasa en la Argentina. A la Virgen de San Nicolás le robaron la corona. Pues a Cristina también. Le perdieron el pavor. Scioli está desconocido: le jura lealtad sólo una vez por semana. Massa, el joven maravilla, se deja fotografiar con todos y ya no le importa si el fotógrafo es de la SIDE. Y el gobernador De la Sota, todo él, se postula como nuevo implante para la cabeza peronista.

Una cosa es cómo el mundo debería ser. Y otra, cómo el mundo es: impiadoso. Si ese mundo tuviera cara, hoy sería la del juez Griesa. El Gobierno recita el poema atribuido a Bertolt Brecht, que en realidad pertenece al pastor luterano alemán Martin Niemöller: "Primero se llevaron el crédito internacional, al cobrármelo a tasas disparatadas. Pero yo no me preocupé, porque total me endeudo con el Banco Central. Después se llevaron una Fragata, pero yo no me preocupé. Porque yo no ando en Fragata. Hoy se quieren llevar 1300 palos verdes. Están golpeando mi puerta".

El kirchnerismo debió pasar de una noble reestructuración de deuda a una noble reestructuración de expectativas: no habrá Cristina eterna. Lo confirmó Diana Conti esta semana en un sorprendente reportaje. Dijo que el documento firmado por senadores y diputados para impedir la re-reelección terminaba con la fantasía de la reforma constitucional. Y agregó que el kirchnerismo no tiene sucesor. Alguien pensará: ¿Y Máximo? Sólo hay que ir al cine a ver su participación. Al estrenarse la película de Néstor, se acabó la película de Máximo.

En apenas un año tenemos dos yacimientos potenciales, por ahora, imposibles de revivir: Vaca muerta y reelección muerta.

¿Cómo se hace para perder semejante capital político en menos de 12 meses y sin crisis económica?

Por la aplicación de una ley. ¿La ley de medios? No, la ley de extremos. A todo o nada.

Cristina parece decirle al destino: "Traeme el desenlace que quieras. Pero que sea épico".

Por su exclusiva culpa, para el Gobierno, en estas fiestas los turrones vendrán más duros.

No había necesidad..

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