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Dormir con tiburones, una aventura inolvidable

Sábado

Como muchos zoológicos y museos del mundo, el bioparque Temaikèn ofrece para toda la familia una noche de exploración y sorpresas que culmina en el acuario; allí, los chicos duermen al lado de las especies y criaturas marinas más impactantes

Por   | LA NACION

Sol siempre duerme en su cama rodeada de muñecos de peluche. Felipe, un simpático tiburón, es uno de los que vela su sueño nocturno. Pero esa noche Sol durmió secundada por tiburones de verdad. Ella; su mamá, María Luz Mayor, y su hermano Bautista fueron algunos de los privilegiados en asistir a la primera velada de una nueva temporada de "Una noche con los tiburones", una actividad organizada por la Fundación Temaikèn, que invita a padres e hijos de entre 5 y 10 años a pasar la noche en el acuario, pegados a la gran pecera por la que nadan cientos de peces marinos y diez tiburones.

Unas 15 familias disfrutaron de la actividad que se realiza por segunda vez en el bioparque de Escobar y que tendrá lugar todos los viernes y sábados hasta fines de enero. La propuesta incluye una cena bajo las estrellas, aventuras sensoriales y encuentros con los animales, además de un desayuno nutritivo por la mañana para disfrutar al otro día del bioparque. El costo de la experiencia es de $ 380 para mayores y $ 300 para los menores, y tienen un cupo máximo de 55 personas por noche.

"Lo más impactante de la propuesta es vivir Temaikèn de noche. Llegar a un espacio así, sólo para vos, cuando ya no hay luz, se vive de manera diferente y los sentidos se despiertan. Uno oye grillos, percibe olores distintos y ve, a pesar de la oscuridad, cosas que no puede ver de día. Los que vienen a esta actividad ya conocen el parque y lo quieren experimentar desde otro lado", dice Gerardo Alfonso, jefe de prensa de la Fundación Temaikèn.

No bien María Luz Mayor les propuso a sus dos hijos mayores -Bautista, de ocho años, y Sol, de siete- pasar la noche en el acuario de Temaikèn, empezó la ansiedad. "Estaban emocionados por dormir en el parque, rodeados de peces. Para ellos, era una aventura y tenían muchas expectativas. No paraban de preguntar cuándo iban a acampar a Temaikèn", contó María Luz, madre también de otros dos hijos que por ser muy chiquitos no participaron de la actividad.

Pero dormir en el acuario es el broche de oro de una noche donde abundan las sorpresas. Porque antes de llegar hasta la casa de los peces y tiburones, la última parada de la aventura nocturna, los visitantes se dedican a explorar el parque con las linternas que deben traer desde la casa.

"A medida que caminás por el parque, los chicos van encontrando cosas en el camino, como mapas y partes de rompecabezas que después arman en la cena. Una vez armado, aparece la primera sorpresa", cuenta María Luz, que, a pedido de los organizadores, quedará sin revelar para no arruinar el momento a los próximos exploradores.

Más tarde, en una zona de bosques, chicos y grandes juegan a encontrar en la oscuridad cosas escondidas como cráneos y demás huesos de animales y piel de boas. Es el momento en que se invita a los exploradores a cerrar los ojos para percibir mejor los olores y sonidos del bosque.

El hospital veterinario y el pantano, el hogar de los yacarés, son otras de las paradas de la noche. Y de ahí se pasa a otro gran momento de la actividad: un gran fogón en el que cada familia menciona lo que les dejó la actividad. "Ése es el momento donde se pone de manifiesto el mensaje de conservación que queremos dar desde la Fundación: la naturaleza les regala momentos y las familias se comprometen a cuidar lo que la naturaleza les da", comenta Alfonso.

Tras ese juramento de lealtad hacia la Madre Naturaleza, llega el momento más esperado: el arribo al acuario, la última y más increíble de las paradas, donde los visitantes entre peces, rayas y tiburones podrán dormir en las bolsas de dormir que también deben traer desde sus casas.

"Antes de dormir, hay una actividad con unas cajas cerradas para experimentar sensaciones. Los chicos tienen que tomar un objeto -siempre relacionado con el mundo marino- y adivinar qué es. Por ejemplo, algo que parece una lija es, en realidad, una réplica de la piel del tiburón", explica Alfonso.

"El momento de acomodarse dentro de la bolsa es emocionante. Cada uno busca su lugar, los míos durmieron pegados al vidrio, no querían separarse de los peces", cuenta María Luz, que asegura que, a pesar de la emoción, todos están muy cansados y el sueño llega rápidamente. Hipnotizados por lo que tienen enfrente, el ambiente de paz y el fluir de los peces los relaja y se van durmiendo. María Luz lo confirma: "Hay una sensación de paz y tranquilidad total, un clima que facilita el dormir".

La iniciativa está en sintonía con la tendencia mundial de abrir museos, zoológicos y reservas naturales a un público que ya no se conforma con que le cuenten las cosas. Ahora quiere vivirlas, experimentarlas. "Los zoológicos modernos tienen la misión de educar y conectar a la gente con la naturaleza -dice Alfonso-. Esta tendencia es mundial y se hace en los grandes parques del mundo. Un chico que duerme en la profundidad del mar seguramente pensará dos veces antes de contaminarlo tirando basura en él. Está comprobado que la conexión que se genera con este tipo de actividades es positiva y durable en el tiempo."

Muy cerca de los dinosaurios

El Museo Egidio Feruglio, de Trelew, ofrece desde 2010 el programa "Exploradores en Pijamas". La experiencia implica "acampar" junto a los dinosaurios y posibilita a los jóvenes conocer los gabinetes donde los científicos realizan sus descubrimientos, así como una visita al laboratorio de preparación para fabricar réplicas de fósiles..

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