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En algún lugar del mundo

Diario íntimo de quien solíamos ser

Sábado

Por   | LA NACION

Nunca tuve un diario íntimo. Lo intenté varias veces, con los sendos volúmenes decorados en la tapa, según pasaban los años, con Hello Kitty, Barbie, personajes femeninos de serie de TV de Cris Morena, personajes masculinos de la misma serie, papel multicolor ochentoso con gráficas de banda de rock de pelo largo, lánguido paisaje patagónico, Moleskine a la Chatwin y Hemingway. Ninguno funcionó. Para empezar, cada vez que quería abrirlos, no podía recordar dónde había escondido la llave del maldito candado dorado de rigor en los primeros. Luego, con el Moleskine, ese cuaderno con cubierta de tela y banda elástica devenido objeto de culto, sus páginas impecables y el pedigrí de ilustres usuarios resultaron un candado aun más férreo como para mancharlos con mi birome o mis recuerdos. O, por lo menos, ésa era la excusa que me sonaba bonita (y modesta).

La realidad es que nunca pude anotar de manera ordenada los acontecimientos y sentimientos de un día sin que olas de sopor y aburrimiento me invadieran. Ya lo había vivido. Ahora escribirlo era como ver, repetido, el capítulo de esas telenovelas donde nunca pasa nada y las levantan por falta de rating.

Sin embargo, siempre tomé apuntes en páginas sueltas sobre cosas que veía en el mundo alrededor.

Joan Didion, contemporánea de Tom Wolfe, Hunter Thompson y del propio Truman Capote (y considerada la eterna olvidada del Nuevo Periodismo fuera de Estados Unidos porque por muchos años no se tradujo demasiado su obra) escribió al respecto. Dijo que muchos tomamos notas compulsivamente en vez de escribir un diario porque crecimos con la ética de que los otros, cualquier otro, son por definición más interesantes que uno. ("Eres la persona menos importante de la sala y no lo olvides", a Jessica Mitford, la gran periodista e irreverente critica de la sociedad americana, su institutriz solía susurrarle al oído ante cualquier encuentro.)

Sin embargo, Didion señala correctamente que, al final, gran parte de esos apuntes son sobre uno mismo, porque todos esos elementos "externos" son simplemente disparadores de alguna vivencia anterior que ya teníamos dentro.

Leerlos muchas veces resulta inentendible. Pero, otras veces, nos llevan al pasado. "He perdido el contacto con muchas de las personas que fui", dice Didion. Efectivamente con la persona que elegía a Bon Jovi (antes del célebre corte de pelo) como decoración para la tapa de un diario íntimo quizás yo hoy tenga poca relación. Pero Didion alerta que eso es peligroso. "Conviene mantenerse en términos de alguna cercanía con la gente que solíamos ser, nos resulte una compañía atractiva o no. De otra manera, reaparecerán sin ser anunciados golpeando la puerta de nuestro cerebro a las cuatro de la madrugada en una mala noche, demandando saber quién los desterró, quién los traicionó, quién va a arreglarlo. Nos olvidamos demasiado rápido las cosas que pensamos que nunca olvidaremos y nos olvidamos quienes fuimos."

Personalmente, el diario íntimo sigue siendo imposible, pero sigo tomando apuntes todo el tiempo en la BlackBerry, y me los mando en mails a mí misma.

Didion escribió sus reflexiones en un ensayo que aparece en su famosa antología de 1968 Arrastrarse hacia Belén. Pero en la era de los blogs, Twitter, Instagram, la forma de recordar o marcar momentos, pensamientos o gustos que ella justifica parece cada vez más contemporánea. Aunque sólo sea porque evitar los fantasmas del pasado a las cuatro de la mañana es algo que nos permitirá dormir mejor..

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