Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí
lanacion.com | Las noticias que importan y los temas que interesan
Ver página en pdf

Nuevas protestas

Los egipcios vuelven a las calles, ahora contra Morsi

El Mundo

Miles de personas se manifestaron contra la decisión del presidente de asignarse poderes absolutos; lo comparan con un golpe de Estado

Por   | Para LA NACION

EL CAIRO.- Unos veinte meses después de la caída del dictador Hosni Mubarak, y cinco meses después del final del gobierno militar de transición, Egipto no consigue encontrar la senda de la estabilidad.

Con su decisión de asignarse poderes absolutos, el presidente Mohammed Morsi se ubicó ayer en el centro de una grave crisis política que se materializó en violentas protestas en todo el país.

Sin embargo, el islamista Morsi no puede culpar a nadie más que a sí mismo de no haber tenido ni un solo día para saborear las mieles de su nuevo rol de líder regional, tras su flamante éxito diplomático en la crisis de Gaza. En un golpe de efecto repentino, el raïs firmó anteayer una declaración que lo sitúa por encima de la ley, neutralizando al Poder Judicial, el único que se escapaba al control presidencial.

En pueblos y ciudades de toda la geografía del gigante árabe se pudo palpar ayer la tensión en respuesta a las nuevas facultades que se atribuyó su líder. Simpatizantes y detractores de Morsi se enzarzaron en violentas peleas, mientras grupos de manifestantes incendiaron sedes de los oficialistas Hermanos Musulmanes en las ciudades de Alejandría, Port Said e Ismailiya.

En la capital, varios kilómetros separaron a dos concentraciones de signo opuesto. Los islamistas se congregaron frente al palacio presidencial, en el suburbio de Heliópolis. Los laicos lo hicieron en la plaza Tahrir, el epicentro de la revolución del año pasado contra Hosni Mubarak. Al anochecer, grupos de jóvenes activistas iniciaron su enésima batalla campal con la policía. Los civiles lanzaban piedras y cócteles molotov. Los uniformados respondían con gases lacrimógenos y balas de goma.

"Un tirano por otro"

De acuerdo con la nueva normativa de Morsi, ninguna de las decisiones, decretos o leyes que lleven su firma podrán ser revocados por cualquier otra institución del Estado. Hasta que se sancione una nueva Constitución, y con el Parlamento por ahora disuelto, Morsi acumula más poder que el que nunca llegó a tener Mubarak.

Además de lanzar al pueblo a las calles, su gesto disparó señales de alarma en el conjunto de la oposición laica, que teme que Morsi se eternice en el poder, y que su movimiento político, los Hermanos Musulmanes, imponga una dictadura de corte teocrático. Hay quienes afirman que su medida equivale a un golpe de Estado.

"Esto es un verdadero desastre. No hicimos la revolución para sustituir un tirano por otro. La decisión de Morsi sitúa al país en una deriva muy peligrosa", declaró a LA NACION el analista político Khaled Dawud, del diario Al Ahram.

El raïs respondió a las acusaciones de sus adversarios desde una tarima frente al palacio presidencial. Allí justificó la adopción de estas medidas -presuntamente excepcionales- en la necesidad de purgar el Poder Judicial de elementos contrarrevolucionarios.

"Respetamos la justicia, porque en ella hay muchos individuos limpios, pero nos enfrentaremos con aquellos que se esconden detrás de ella. Los desenmascararemos, que no piensen que no los vemos", dijo, entre las aclamaciones de un público formado por miembros de los Hermanos Musulmanes y del movimiento salafista.

El conflicto entre los Hermanos y los jueces arrancó con la disolución, en junio pasado, de la Asamblea Popular, dictada por el Tribunal Constitucional, una decisión que los islamistas interpretaron como un golpe de Estado.

Sin embargo, su verdadera raíz se encuentra en la ausencia de cualquier tipo de consenso entre los actores políticos sobre la hoja de ruta de la transición. Las luchas de poder que se deberían haber resuelto con una negociación acabaron en los tribunales. Y eso provocó la politización de las instancias judiciales, dominadas por magistrados afines al antiguo régimen y hostiles a la ideología islamista.

Aprovechando el capital político cosechado luego de la tregua en Gaza, la apuesta de Morsi fue tan audaz como arriesgada. Si le sale bien, habrá conseguido dirigir la transición egipcia según los designios de los Hermanos. Pero también puede unir a una oposición hasta ahora fragmentada y dividida entre laicos revolucionarios y remanentes del antiguo régimen.

Por el momento, los militares observan en silencio desde los cuarteles. ¿Serán realmente capaces los Hermanos Musulmanes de controlar solos el tumultuoso Egipto posrevolucionario?.

TEMAS DE HOYEl caso de Lázaro BáezCristina KirchnerInflación y preciosNarcotráfico