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Al margen de la semana

Con el signo de la división

Economía

Eramos pocos. y apareció el juez Thomas Griesa para completar el cuadro de un mes de noviembre que, por lejos, ha sido el más crítico en lo que va del segundo mandato presidencial de Cristina Kirchner.

El duro fallo del juez neoyorquino complica inesperadamente el frente externo de la economía, que el Gobierno creía tener controlado con el cepo cambiario y que, si bien obturó la fuga de capitales, también cerró virtualmente la entrada de dólares financieros e inversiones externas. De ahí que las reservas del Banco Central se redujeran desde entonces en unos 2000 millones de dólares y sumen 45.266 millones, antes del pago de 3100 millones previsto para el 15-D y que se ve gravemente jaqueado por la decisión judicial que favorece a los holdouts. En todo caso, una y otra realidad sólo corroboran aquella antigua máxima, según la cual en economía se puede hacer de todo, menos evitar las consecuencias. Ahora, el gobierno argentino depende del incierto resultado de la apelación de la sentencia que presentará mañana en Nueva York para no caer en un default técnico.

Como en tantos otros problemas, CFK terminó siendo prisionera de su verborragia. Sólo que este caso la coloca frente a una encrucijada: es tan malo pagar la garantía judicial de 1330 millones de dólares fijada por el juez, como no hacerlo. Lo que se desconoce es cuál sería el plan B del Gobierno si la apelación ante la Cámara de Nueva York no se resuelve a su favor. Políticamente ha sido y es redituable condenar el accionar de los fondos buitre ante el frente interno y todo el oficialismo se ha alineado con ese discurso. Incluso el diputado Agustín Rossi llegó a repudiar el fallo de Griesa al señalar que va en contra de la recomendación de la Reserva Federal (en realidad se trata de la FED de Nueva York), como si allá la división de poderes fuera tan difusa como en la Argentina. Pero esta unanimidad impide escuchar y considerar otras voces y propuestas. Por caso, el ex secretario de Finanzas y ex embajador en Berlín, Guillermo Nielsen (uno de los arquitectos del canje de 2005), sugirió por radio actuar con la cabeza fría y analizar si no convendría pagar la fianza sin perjuicio de la apelación del fallo, para bajar la altísima tasa de riesgo de los seguros de crédito de default (CDS), que es otra fuente de ganancias de esos fondos. También dijo que un criterio similar podría haberse aplicado al caso de la Fragata Libertad, sin que ello implique avalar el embargo judicial en una causa en la que la Argentina tiene todas las de ganar aunque deba tener paciencia. No obstante, el clima político del oficialismo no parece ser el más propicio para evaluar o discutir iniciativas de esta naturaleza, tan prácticas como poco épicas para los usos y costumbres del "relato".

Como en tantos otros órdenes, las opiniones están divididas porque CFK monologa. O, en todo caso, sólo elige auditorios dispuestos a aplaudir apenas levanta el voltaje de sus palabras, amplificadas profusamente por el aparato oficial y paraoficial de medios. No es una práctica aconsejable para tomar decisiones, y menos con un equipo de gobierno ultraverticalista y ni siquiera dispuesto al debate interno. El resultado es que la Presidenta queda encerrada en su propio relato, aunque éste no se corresponda con realidades, problemas o errores evidentes. Y confronta con todos los que no estén de acuerdo. Una curiosa manera de desmentir a la locutora oficial que la presenta como "la Presidenta de todas, todos y cada uno de los 40 millones de argentinos".

En este esquema de poder sin diálogos, negociaciones ni búsqueda de concertación con quienes no sean incondicionales, el signo es el de la división y progresivamente va extendiéndose a la política, el sindicalismo y la dirigencia empresaria. Incluso, hasta hubo cambios en el elenco del "capitalismo de amigos". La división también abarca a la economía, donde se han institucionalizado indicadores de inflación, pobreza, tipo de cambio real, PBI o superávit fiscal de exclusivo uso oficial, contrastados con indicadores privados que suelen ser desacreditados, pero resultan mucho más valederos. Otro tanto ocurre con el dólar oficial y el paralelo. Y también con el relato oficial que resalta el alto crecimiento del pasado y omite los actuales problemas para sostenerlo, destaca el desendeudamiento y se desentiende de los defaults pendientes o exalta la expropiación (sin indemnización) de YPF para revertir el déficit energético, mientras se mantiene básicamente la misma política energética que condujo a ese resultado. En la medida en que el Gobierno no admite problemas ni errores de gestión, su discurso se radicaliza y crea más divisiones.

Noviembre fue el mes en que se precipitaron las primeras reacciones importantes al pensamiento único del oficialismo, cuyas respuestas consistieron alternativamente en ignorar, negar, subestimar o "editar" la realidad o las motivaciones de quienes piensan distinto. Diputados y senadores opositores se comprometieron por primera vez a rechazar la reforma constitucional y la re-reelección presidencial. La protesta social del 8-N alcanzó una dimensión inocultable, aun para los medios oficiales que se dedicaron a deslegitimarla. En el PJ arrancó prematuramente la interna electoral, con gobernadores que oscilan entre la sucesión negociada (Scioli) o la confrontación (De la Sota) con el cristinismo. La división del gremialismo ganó la calle el 20-N, con métodos cuestionables pero que amenazan con una mayor conflictividad sindical.

Escaso margen de maniobra

A su manera, CFK admitió su escaso margen de maniobra fiscal al eximir sólo al medio aguinaldo de diciembre del impuesto a las ganancias y prometer un ajuste del mínimo no imponible sólo para el próximo año electoral. Pero en abril de 2013, el MNI habrá acumulado dos años sin cambios y una inflación real cercana al 50%, que a su gobierno le costará -en todo sentido- reconocer plenamente. Y su argumento de que el 75% de los asalariados no está alcanzado por Ganancias (cuyo piso apenas roza los 6000 pesos mensuales) choca contra el discurso de ampliación de la clase media; máxime cuando el empleo en negro se mantiene desde hace años en torno al 35 por ciento. También la aplicación de cargos diferenciados en las facturas subsidiadas de gas y luz es una forma indirecta de reconocer la carencia de recursos para inversiones en infraestructura y mantenimiento, cuyo deterioro se manifestó en el colapso eléctrico metropolitano previo al 8-N tras el violento temporal de lluvia seguido de una ola de calor y que el Gobierno atribuyó a un incierto sabotaje. Pero la medida no ataca el problema de ingresos de las empresas energéticas, varias de las cuales están virtualmente quebradas.

Cuesta creer que un país con crecientes divisiones ideológicas, donde todas son batallas políticas a todo o nada y los problemas concretos son considerados "sensaciones", pueda progresar en forma sostenida sin un nivel de consensos mínimos sobre el rumbo por seguir. Así todas las energías puestas por el oficialismo en el 7-D, a costa de un mayor deterioro institucional, parecen apenas otra cortina de humo para enmascarar una realidad que se empeña en contradecir al relato..

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