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Un creador distinto

Werner Herzog: una sensación entre los jóvenes en el Festival 4+1

Espectáculos

RÍO DE JANEIRO.- La estruendosa y prolongada ovación que recibió Werner Herzog al concluir su esperada master class confirmó lo que ya se había percibido desde el primer día en la cidade maravilhosa que este año es sede central del Festival de cine 4+1 organizado por la Fundación Mapfre: que el célebre creador alemán, invitado de honor de esta tercera edición de la muestra, es también su máxima atracción, Y se comprende que así sea si se tiene en cuenta no sólo que la filosofía que se encuentra en su cine está en clara sintonía con el espíritu de 4 + 1 (demostrar la fuerza del cine como fenómeno cultural y acercar al público de cinco países films recientes que buscan enriquecer nuestra comprensión del mundo y de quienes lo habitamos y que raramente llegan al circuito comercial), sino también el interés que despierta en el público de todas las edades su obra (en el fondo siempre dirigida a entender un poco mejor al hombre) como su espíritu independiente, su condición de poeta y su personalidad singular.

En este sentido, aunque ha confesado que nunca tuvo la menor idea de quiénes constituyen su público, que no sabe quiénes son ni cómo cambian, ni se explica cómo ha sobrevivido tantos años con audiencias variables, hace poco reconoció un fenómeno que juzga extraño: "Recibo más mensajes de gente muy joven -15, 16, 17 años- que de los mayores de 30".

Aunque no faltaba gente adulta en la master class que se extendió por casi tres horas, seguramente la gran mayoría eran chicas y muchachos de esas edades o algo más. Seguramente cinéfilos, jóvenes profesionales y quizá también unos cuantos estudiantes de cine que se habrán sorprendido un poco al oírlo decir "Si quieren hacer cine y son serios, aléjense de los estudios académicos sobre cine, son una enfermedad, el enemigo. En cambio, viajen. A pie (como él lo hizo en la adolescencia) porque el mundo se revela a aquellos que viajan caminando. Y ese conocimiento no lo van a alcanzar en una escuela, aunque aclaro que yo nunca estuve en una, sino en la calle. Conduzcan un taxi o trabajen de guardaespaldas en un club porno, y quizá de paso junten un dinero para hacer una película. En una escuela, en cambio, matarán en ustedes todos los instintos naturales que tengan para dedicarse a hacer cine".

Eso sí, insistió ante los oyentes de la clase y en cuanta oportunidad tuvo para manifestar sus convicciones más sólidas: "Hay que leer, leer, leer". No libros sobre cine sino poetas, filósofos, escritores que se han esforzado por indagar en el mundo y en los seres humanos".

Si no hay mejor manera de definir cada film suyo como "un film de Herzog", también puede decirse que cada encuentro con él es una master class, haya o no un escenario como el del aula magna del Centro Cultural Banco do Brasil, se trate de una entrevista individual o de una rueda de prensa.

También en la Red

Que un festival como éste no haya querido quedar al margen de la revolución tecnológica y por lo tanto cuente también con una sede virtual ( www.festival4mas1.com ), donde los doce films en competición están disponibles hasta el viernes en todos los territorios donde se desarrolla (España, Argentina, México, Colombia y, claro, Brasil), invita a consultar la opinión de Herzog sobre el hecho de que casi todos sus films puedan ser vistos gratuitamente en Internet. "En principio, no hay problema por tener mis films online; la cuestión es que debo ganarme la vida con el cine, pero creo que más tarde o más temprano, se reglamentarán los films en la Red, así como se ha hecho con la música. No veo inconveniente en tener um film mío vendido a un dólar en Internet".

Es que el mundo ha cambiado muchísimo. "Tenemos muchas realidades hoy. La virtual, la de los realities de la TV, el videotape, el fotoshop.Tantos cambios exigen nuevas respuestas. Habrá que pensar también en otras formas de distribución. Este festival que se desarrolla simultáneamente en cinco lugares distintos y al que puede accederse desde muchos más vía Internet responde en algún sentido a esas nuevas formas que se buscan. Hay un número altísimo de festivales en el mundo, lo cual no parece compatible con el hecho de que en un año bueno puede haber cuatro buenas películas verdaderamente buenas, y a veces sólo dos. Es necesario imaginar también otras formas para los festivales, que eventualmente van a desaparecer."

De esos temas, de sus últimos films, especialmente de En el abismo, sobre la pena de muerte; de la intuición que ayuda a sacar provecho de los imprevistos durante los rodajes, de Vladimir Putin y Tom Cruise o de su trabajo como actor y hasta de la precisión y la profundidad de las observacciones de un libro de J. A. Baker sobre halcones en extinción -The Peregrin- cuya lectura recomienda fervorosamente a los futuros documentalistas habló Herzog en estos días, inclusive en una breve entrevista con LA NACION. A continuación, algunos de sus pronunciamientos.

Into The Abyss , subtitulada A Tale Of Death, A Tale Of Life , no consta de entrevistas en torno de un crimen terrible, como se ha dado a entender a veces: no soy periodista sino poeta. Fueron conversaciones, encuentros con dos condenados a muerte. Nosotros no sabemos cuándo y cómo vamos a morir; ellos sí. Me fascinó observar no sólo cómo ellos ven la muerte sino también cómo ven la vida, de ahí el subtítulo. Es un tema, el de la pena de muerte, que siempre me interesó. No sé por qué lo abordé ahora. Los temas de mis películas me llegan así, de noche, como ladrones: no los busco. Pero no es un film activista, ya he manifestado claramente mi desacuerdo con la pena capital, pero se comprenderá que siendo extranjero y alemán, con todo lo que implica el pasado nazi, no sería el más indicado para decirles a los norteamericanos cómo tratar su justicia criminal."

Tampoco lo haría con Paquistán, con China, con Indonesia, con Nigeria y con otras naciones populosas que aún aplican la pena de muerte. Salvo Rusia, que la ha abolido hace poco y por eso, como también por otras medidas de tipo social, admiro a Putin.

Cada historia impone su forma. Quien haya visto La cueva de los sueños olvidados comprenderá que el 3D era en ese caso indispensable.

En mi cine es tan importante ver como escuchar. En una escena filmada en el corredor de la muerte, yo hago una pregunta y el condenado me responde con su silencio, un silencio deliberadamente largo y por eso más elocuente.

El guión sólo lo escribo cuando tengo la película enteramente pensada en imágenes. Igual, mantengo siempre abiertas puertas y ventanas para lo que pueda suceder en el rodaje. Y resuelvo los imprevistos por intuición. No nací con ella y es algo que adquirí viviendo.

Cuando leo que alguien ha filmado 250 horas, pienso: "Dios mío, este tipo no tenía la menor idea de lo que quería filmar".

De Jack Reacher [su último film como actor, que se conocerá en enero] sé que en los test de preestreno mi villano gustó. Siempre me va bien cuando tengo que mostrarme peligroso, vil, pero es un papel pequeño, uno más entre muchos villanos de este film noir dirigido por Christopher Mc Quarrie y protagonizado por Tom Cruise, un tipo generoso y extremadamente profesional.

Algunas muestras de su particular estilo

Cuando el director de Aguirre, la ira de Dios y Nosferatu, el vampiro insiste en la experiencia de vida que hace falta para hacer una película, tiene siempre un par de ejemplos a mano.

Por ejemplo: hay que saber falsificar documentos. Y cuenta: "El barco de Fitzcarraldo no tenía autorización para navegar, pero sucedió que estando en el norte del Perú, cerca de la frontera con Ecuador, un grupo de soldados encabezado por un jefe en actitud de general en guerra, nos cortó el paso exigiendo que nos detuviéramos. Yo le expliqué que teníamos todas las autorizaciones pertinentes, pero que nos habíamos olvidado esos documentos en Lima y nos iba a llevar unos días ir a buscarlos; entonces nos concedió que siguiéramos filmando mientras alguien iba a la capital en busca de los papeles. Días después le entregué un pomposo certificado oficial lleno de sellos y firmado por el mismísimo presidente. Por supuesto, la letra era mía.

Otra vez, en pleno rodaje de una escena en la calle y con todo preparado, luces incluidas, un camionero estacionó en medio del lugar elegido para la toma, se bajó y enfiló hacia un restaurante. Lo corrí para pedirle que moviera su vehículo unos pocos metros para permitirnos seguir con la escena, pero me contestó muy seriamente que en ese momento no podía porque era la hora de su almuerzo. Total, que cuando desapareció de nuestra vista, me subí al camión, lo corrí, filmamos, y cuando el tipo volvió encontró el camión en el mismo lugar en que lo había dejado. Nunca supo que alguien había estado ocupando su lugar.

Ninguna escuela de cine enseña a resolver imprevistos como esos. Y el cine está colmado de imprevistos. Es más; "gracias a esos imprevistos -reconoce él- logré algunas de las mejores escenas que he filmado en mi vida". Como la de las iguanas que sólo ve Nicolas Cage en la alucinación del adicto de Un maldito policía en Nueva Orleans o la secuencia final de La balada de Bruno S (Stroszsek), con el increíble baile de la gallina, que fue ruidosamente festejado cuando Herzog la incluyó entre las ilustraciones de su master class..

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