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Cultura / Entrevista con el escritor español

Fernando Savater: "En veinte años los jóvenes han cambiado mucho"

Sociedad

El autor de Ética para Amador repasa en Ética de urgencia, con ejemplos prácticos, la teoría esbozada en su obra más clásica

Por   | Para LA NACION

La literatura de Fernando Savater pudo o no haber evolucionado a través de las horas y de los lustros, según la devoción con la que se la mire. Pero ni sus seguidores ni sus detractores pueden dejar de estar de acuerdo con que, a sus 65 años, el escritor de origen vasco y corazón español alcanzó un estado de fidelidad a su propio estilo polifónico, incisivo -y muchas veces descarnado- que todos esperan en sus obras. Ya se trate del testimonial y filosófico Ética de urgencia (Paidós), como de la cautivante odisea de Los invitados de la Princesa (Planeta), cada página de sus últimos libros se hace cada vez más reconocible, pero, no por eso, menos apasionante. "No sé si he alcanzado a destilar un Savater químicamente puro, aunque sí al más abundante. Yo hace 40 años me dedicaba al ensayo y la enseñanza, y ésta es una etapa que ya doy, para bien y para mal, por concluida, para dedicarme a la ficción. Pero debo decir que las preocupaciones, gustos, inquietudes y problemas que tengo y que vuelco en mi trabajo son los mismos de siempre. Y el resultado tiene mucho de monstruo de Frankenstein, hecho con pedazos de gente que uno conoce. Eso sí marca la diferencia", reflexiona. "Hoy por hoy, para mí lo difícil no es escribir libros, por suerte, sino venderlos. A mí edad ya resulta un poco agotador este ritmo de locura que nos lleva a los escritores a saltar de ciudad en ciudad, y de entrevista en entrevista. pero si no lo hago, esto no sería vida", reconoce el autor de Ética para Amador, un trabajo que, con sus dos décadas de edad a cuestas, se consolida como libro de referencia en los colegios secundarios de la Argentina y de toda Iberoamérica.

La vigencia de esa suerte de manual de ética juvenil dispara la curiosidad por el nacimiento de su retoño dilecto, Ética de urgencia, que según Savater poco tiene que ver con la necesidad de actualizar su best seller.

"No creo, y no advierto que Ética para Amador haya podido envejecer, ya que el motivo próximo de Ética de urgencia son los 20 años de la publicación del primer libro, y recoge el impacto que, en algún sentido, ha tenido en el público joven, que lo sigue en el colegio, en los institutos", afirma.

-¿Por qué Ética para Amador se transformó en un clásico?

-Quizá se deba a que la idea de ese libro no era la de dar lecciones morales, ni hablar de temas que marcaron una época, como el divorcio, el aborto o la bomba atómica, sino la de abordar las circunstancias que rodean a todos los grandes temas de interés de los jóvenes desde una perspectiva teórica. Por eso sigue vigente, y no se ha descascarado.

-Entonces, ¿cuál es la razón de ser de Ética de urgencia?

-Creo que el hecho de que yo hablara no de problemas puntuales y concretos, y no desde la perspectiva teórica, hizo que pudiera tener lugar un abordaje pragmático de los temas más actuales. es decir, de aquellos por los que se siente urgencia en tratar. Es, en definitiva, una aplicación práctica de la teoría expuesta en el libro anterior.

-¿Cómo fue el proceso de escritura del libro?

-La editorial convocó a un concurso de escritos entre colegios, sobre temas políticos, de economía, morales, etcétera. Y ganó un colegio de Zaragoza, al que luego fui a hablar y discutir con los estudiantes. Lo mismo hice con los chicos de dos colegios de Madrid de realidades sociales contrapuestas, o al menos diferentes. y el fruto de esas conversaciones, de esos pensamientos, es lo que dio lugar a Ética de urgencia. No es un libro escrito por mí, sino hablado por mí y transcripto por la editorial, y por eso tiene la gran virtud de la espontaneidad de lo improvisado y de lo hablado.

-¿En qué percibe usted que se diferencian los jóvenes de hace 20 años y los de la actualidad?

-En 20 años han cambiado mucho, porque han cambiado sus problemas. Los jóvenes de hoy están obsesionados con la crisis económica, ya que temen por su futuro laboral. Pero ese rasgo, aunque es importante, no es el único: también se caracterizan por padecer el desprestigio de la clase política, más allá de que políticos seamos todos, y por la interacción que mantienen con los avances tecnológicos como Internet y las redes sociales, que hace 20 años era apenas un sueño para la vida cotidiana.

-¿Se animaría a clasificar a este libro como "literatura popular"?

-Es un texto accesible, de modo que la consideración de "popular" sería realmente un mérito. Y, de alguna manera, ése es su objetivo: que todos los jóvenes puedan entenderlo y tomarlo, si les gusta y lo creen oportuno, como marco de referencia.

-¿Fue muy diferente escribir Los invitados de la Princesa, su otra obra reciente?

-Sí, porque se trata de una novela que llevó más de dos años. Se inició con la erupción, hace tres años, con el pretexto del volcán islandés de nombre impronunciable [el Eyjafjallajökull] que dejó sin tráfico aéreo a toda Europa en 2010. A mí me tocó quedarme estancado en Milán, en un Congreso de Literatura, lo que me hizo convivir con un montón de gente que estaba en la misma situación. Eso me hizo acordar a las situaciones clásicas de la literatura europea, como el Decamerón, de Boccaccio, donde los personajes deben estar juntos hasta que se acabe la peste de Florencia, o con los cuentos de Canterbury, donde los peregrinos, que no se conocían antes, construyen una relación nueva entre sí, sobre la base de la convivencia.

-¿Y cuál es el pretexto en su libro?

-En este caso se trata también de un volcán que entra en erupción, pero en una isla remota del Atlántico Sur, donde su presidenta quiere poner en el mapa cultural a su país, por lo que convoca a grandes luminarias del arte y la literatura. hasta que el volcán inicia su actividad en forma impertinente. Los intelectuales entonces se quedan aislados -incluso la presidenta, que queda varada en Europa- y allí comienzan a tejerse las historias que desvelan. Son siete historias totalmente diferentes, de géneros distintos que combaten las supersticiones de nuestro mundo moderno.

-Ya que hablamos de estancamiento. ¿me podría decir si tiene arreglo la crisis española?

-Espero que sí. pero hoy es difícil ver la situación con optimismo, porque en verdad es muy mala. La crisis económica ha traído, además de los lógicos problemas laborales y sociales, un desencanto generalizado con la política. No se dan cuenta de que políticos somos todos, y se creen que echándoles la culpa a los políticos es suficiente para cambiar las cosas. Pero la culpa es nuestra porque si los políticos hicieron mal las cosas, nosotros las hicimos peor, porque somos los que los hemos puesto a esos políticos donde están, y no hacemos nada por buscar alternativas.

-¿El proyecto separatista de Cataluña conspira contra la recuperación de la economía y del bienestar de la sociedad española?

-El nacionalismo es una enfermedad política parasitaria, que se lanza en momentos de debilidad como éste. Y esta situación da pie a una serie de egoísmos identitarios particulares, que hace que los nacionalistas se aprovechen y quieran salvarse solos. Todo esto contribuye a debilitar las posibilidades de recuperación.

-¿Se viene el "que se vayan todos"?

-No sirve esa opción. y por eso fundamos UPyD [Unión Progreso y Democracia]. Y por eso, entonces, fundamos un partido distinto. El camino no es ir con un garrote a la salida del Parlamento y esperar allí a los diputados, sino entrar al Congreso como diputados y hacer una labor política auténtica. Pero esta iniciativa tropieza con los medios, que ven más tentador el "que se vayan todos". Porque, si se van todos. ¿quién viene?.

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