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Las palabras

Siempre exagerados

Opinión

Por   | LA NACION

 
 
  • "Aníbal Fernández es el principal traidor de Duhalde"
    (De Guillermo Pereyra, secretario adjunto de la CGT opositora.)

El viejo camión desvencijado que casi todas las mañanas se estacionaba en Fernández y Pedraza, en Lanús Oeste, allá por los 70, albergaba el germen de lo que hoy define al argentino promedio: la exageración. "Que Dios te dé el doble de lo que a mí me deseás", había escrito alguien en el paragolpes trasero de esa chata infame, pero provocadoramente literaria.

Podría ser un insulto, pero estaba tan bien disimulado que sonaba a poesía, esa que se hoy se muere en boca de camioneros materialistas y funcionarios patoteros. Fíjense, si no. El día del paro, el tuitero oficial del gremio de Hugo Moyano no se conformó con decirle servil al senador Aníbal Fernández. Le sumó "felpudo" y "pajarón", a lo que Fernández le retrucó "alcahuete" y "burro". Para no quedarse afuera, el sindicalista petrolero Guillermo Pereyra le adosó "traidor" y "chicanero". O se conocen mucho entre ellos o les gusta agrandar las cosas.

Pero ¿cómo no entenderlos? Los argentinos somos así. Lo demostramos en los 90 con el "deme dos". Hoy hay dos inflaciones (la oficial y la privada) y múltiples subsidios, incluso para los que no los necesitan.

Raúl Alfonsín enfrentó 13 paros generales, tuvimos cinco presidentes en diez días y estamos muy ansiosos porque el Congreso termine de votar dos nuevos feriados para 2013, cuando sumaremos siete fines de semana largos (no podíamos ser menos que los uruguayos).

Ni que hablar del dólar: contamos con el oficial, el blue, el celeste, el "liqui", el tarjeta, el ladrillo y el 0km, el soja, maíz y trigo; el de la minería, el biodiésel, el dólar arbitraje y el implícito. Somos tan exagerados que hasta reciclamos alcahuetes: hoy son de un gobierno, pero mañana serán de otro y así siguiendo. Tenemos centenares de jueces invisibles y otros tantos invisibilizados. Hay más espías ilegales que legales y, aun en democracia, se firman decenas de decretos de necesidad y urgencia en reemplazo de las leyes.

Cultivamos con pasión alocadas interpretaciones para un mismo hecho. Será por eso que nos sobran programas de chimentos.

En el país, el movimiento turístico siempre es récord, a riesgo de que un día esas cuentas excesivamente optimistas nos den que desapareció la población estable.

Y eso que todavía no tenemos monarquía, aunque, al paso que vamos y conociéndonos, no va a faltar alguien que nos quiera hacer creer exageradamente que, en vez de gobernar, reina..

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