Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí
lanacion.com | Las noticias que importan y los temas que interesan
Ver página en pdf

Un relato nacionalista para exonerar culpas

El Mundo

Desde la llegada de la Gran Recesión, casi todos los gobiernos europeos que tuvieron cita en las urnas vieron cómo sus ciudadanos les daban la espalda. Se trata de un desgaste de tal magnitud que provocó la caída de dos de cada tres gobiernos salientes.

Sin embargo, las encuestas, lejos de pronosticar un severo castigo para los nacionalistas moderados de Convergencia i Unió (CiU), señalan incluso la posibilidad de que hoy pueda ampliar su mayoría parlamentaria en Cataluña.

¿Cómo es posible que los ciudadanos no castiguen al gobierno de Artur Mas por la pésima situación de la región?

Desde la multitudinaria manifestación del 11 de septiembre, una de las explicaciones más recurrentes ha sido que Mas evita el enfado de los catalanes por la situación económica gracias a la emergencia del nacionalismo en la agenda política.

El debate en torno a la independencia de Cataluña alcanzó una notoriedad pública desconocida hasta ahora. Tras este fervor nacionalista muchos han querido ver una estrategia de CiU para distraer la atención de los verdaderos problemas.

Según esta visión, Mas estaría ondeando la senyera -la bandera que reivindica la autonomía local- para ocultar la crisis y los recortes. Con ello conseguiría que los catalanes, al decidir su voto, se dejaran guiar por sus emociones patrióticas.

Esta visión no es más que una adaptación de la popular tesis de la "cortina de humo", la cual sugiere que los gobiernos recurren a maniobras de distracción para evitar que se vea lo realmente importante.

Sin embargo, esta tesis asume un hecho poco razonable: con esta campaña independentista, la Generalitat estaría consiguiendo que los catalanes cambiaran sus prioridades, relegando la crisis a un segundo plano. En realidad, las encuestas indican que la economía sigue casi monopolizando las preocupaciones de los catalanes. Si la estrategia de CiU era que los ciudadanos dejaran de pensar en ello, mucho me temo que fracasó en su intento.

El gobierno está fomentando con gran maestría un relato sobre la situación económica que vive Cataluña en el cual se intenta exonerar a Mas. La culpa sería de otros. En concreto, de Madrid.

El problema de los Estados federales o compuestos, como el nuestro, es que los ciudadanos no suelen tener una idea clara de la distribución de competencias. Los gobiernos autónomos pueden usar tal confusión para esconder sus fracasos atribuyendo la responsabilidad al gobierno central. En el caso de Cataluña, esta estrategia está siendo exitosa gracias a la existencia de un ingrediente con una poderosa carga emocional: el nacionalismo.

CiU quiere evitar el castigo electoral fomentando una visión de la crisis en la que nacionalismo y economía son caras de la misma moneda. Probablemente, los catalanes votarán hoy pensando en su cartera. Pero el relato nacionalista de la crisis permitirá a CiU mantenerse al margen del descontento ciudadano. El responsable de la situación económica no se encontraría en algún edificio de la plaza de Sant Jaume. Habría que buscarlo más lejos. A la otra orilla del Ebro.

© EL PAÍS, SL.

REDES SOCIALES
 

TEMAS DE HOYAumento de la naftaDeclaraciones juradasCristina KirchnerPartido por la pazElecciones 2015