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La Real Academia también tuitea

Opinión

En ese entrañable libro que es Fantasmas en el parque (Alfaguara, 2008), María Elena Walsh escribía: "A mí siempre me gustaron los botones, los coleccionaba. Pero ahora la vida se ha transformado en una multitudinaria botonera de otra especie: controles remotos, teclados, consolas, telefonitos para enanos, camaritas multifunción. Muchos botones son diminutos y por eso los chicos los dominan, con dedos pequeños y ojos sanos".

Es tan cierto. Los teclados microscópicos e incompletos (es decir, con solo algunos de los signos de puntuación) descorazonan al más paciente y comprensivo de los escritores. Sin embargo, como escribió otro gran argentino, Jorge Luis Borges, "la esperanza nunca es vana". El viernes pasado, el colega Ricardo Quesada, autor del sitio aparteypunto.com.ar , comentaba en un tuit: "En FB me aparece una discusión sobre duplicación del objeto directo. Me alegran los amigos nerd que andan dando vueltas por ahí". Esta alegría de Quesada se corresponde con la que sintió quien esto escribe cuando, hace pocos días, cambió de celular (el otro había dado una imposible voltereta en el aire y así acabó sus días como la Hero de Góngora, estrellado contra el suelo).

Por supuesto, para dominarlas, las nuevas tecnologías como ocurre también con la gramática y la ortografía exigen paciencia, y ganas y necesidad de aprender. Pero, una vez lograda cierta familiaridad con las novedades, la satisfacción obtenida es muy grande. El nuevo celular, con pantalla táctil, tiene un teclado que podríamos denominar "inclusivo". ¿Qué quiere decir esto? Que no "discrimina", porque si uno lo sabe usar podrá encontrar allí todos los signos de puntuación; por ejemplo, los signos dobles de interrogación y exclamación de los que se habló en la columna pasada. Entonces resulta muy fácil escribir: "¿Qué hora es?; ¡qué alegría verte!".

Esta realidad echa por tierra todas las excusas enarboladas por los perezosos de siempre de que "en mi teclado no los encuentro". Claro que como estos teclados son, además, bastante "inteligentes" suelen adelantarse e interpretar de maneras distintas y a veces caprichosas lo que uno quiere escribir. Por ejemplo, hace unos días, el periodista Tomás Balmaceda ( @capitanintriga ) informaba a sus seguidores en Twitter: "El celu me cambia «vómitos» por «bonitos» #ClavesParaUnMundoMejor". A otros tuiteros, una humilde "compostera" se les transformó en la sagrada "Compostela"; hubo "saladillos" por "saladitos", lo cual no es tan grave porque igual se pueden comer, y siguen los ejemplos.

Pero reflexionaba Quesada en su siguiente tuit: "¡Es tan lindo ver cómo gracias a las redes sociales renació el interés por escribir bien!" Tanto renació, que es destacable la presencia cada vez más entusiasta de la RAE ( @RAEInforma y @OrtografiaHoy ) desarrollando una gran tarea de difusión.

Para ejemplo final, vaya este inspirado tuit: " @OrtografíaHoy La falta de una coma (,) nos puede meter en problemas judiciales por canibalismo: Vamos a comer niños. Vamos a comer, niños".

© LA NACION .

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