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En persona

Sandrine Bonnaire, una vida en el set

Espectáculos

Desde hoy, se presentarán sus películas en la Lugones

Por   | Para LA NACION

MAR DEL PLATA.- Farrah Fawcett y Sandrine Bonnaire no parecieran tener mucho en común. Sin embargo, la rubia ícono sexual de los 70 tuvo algo que ver con los primeros pasos que la pequeña Sandrine dio en la actuación, a modo de juegos infantiles. "Con mis hermanas, representábamos a ciertos personajes de las series norteamericanas. Por ejemplo, Los ángeles de Charlie . Yo era Farrah Fawcett", dice Bonnaire a LA NACION, riéndose y arreglándose el pelo, en un gesto paródico de vanidad.

Esa chica que jugaba a ser un ángel de Charlie se convirtió en una de las actrices francesas más destacadas de los últimos treinta años, que trabajó con grandes directores, como Claude Chabrol, Maurice Pialat, Agnès Varda y Jacques Rivette, entre otros. Bonnaire fue una invitada de lujo en el último Festival de Cine de Mar del Plata y, a partir de hoy, la sala Leopoldo Lugones le dedicará un ciclo especial en el que se podrán ver cuatro de sus films más notables como actriz, y su ópera prima como directora, Ella se llama Sabine.

A pesar de disfrutar aquellos juegos, Bonnaire cuenta que ni soñaba con tener una carrera como actriz. Pero el destino le tenía reservado un primer papel, que consiguió cuando acompañó a una de sus hermanas a un casting. "No fue una situación difícil porque mi hermana estaba muy contenta de que me hubieran elegido -dice-. Es como en el fútbol: cuando uno hace el gol, todo el equipo está contento. Somos once hermanos, igual que un equipo de fútbol, por eso, aunque yo hice el gol, mi familia considera que todos ganamos."

Con este apoyo, Bonnaire llegó a la temprana edad de 16 años a protagonizar A nuestros amores , de Maurice Pialat.

"Era un director muy duro y con mucho carácter -dice la actriz-. Después de trabajar con Pialat, sentí que podía trabajar con cualquiera porque ya no iba a tenerle miedo a nadie. Fue un muy buen comienzo."

Luego de actuar en dos películas que ella considera "no muy buenas", tuvo una gran oportunidad al protagonizar Sin techo ni ley, de Agnès Varda. "Fue la película que confirmó mi carrera", dice Bonnaire, y agrega que esta película y la de Pialat funcionaron como una gran carta de presentación. "Luego trabajé con directores muy intelectuales y se me empezó a considerar una actriz intelectual, lo cual es muy gracioso porque yo dejé el colegio siendo muy joven y nunca fui una intelectual."

Su carrera fue tomando mayor notoriedad y fue cosechando premios. Actuó bajo las órdenes de Jacques Doillon, Patrice Leconte, André Techiné, volvió a trabajar con Pialat y Varda, e interpretó a Juana de Arco en las dos partes de Jeanne la Pucelle, de Jacques Rivette.

En 1992, la actriz vino a la Argentina a filmar La peste, de Luis Puenzo, un rodaje que recuerda como problemático y donde conoció a William Hurt, quien fue su pareja y con quien tiene una hija. Pero, sin dudas, uno de sus trabajos más recordados es La ceremonia, film de Claude Chabrol, que protagonizó junto con Isabelle Huppert.

A pesar de su gran experiencia en el cine, Bonnaire dice que nunca pensó en dirigir hasta que se le ocurrió el proyecto de Ella se llama Sabine, un documental que hizo con el fin de crear conciencia sobre el tratamiento del autismo. Retratando la vida de su hermana Sabine y el sufrimiento por las terribles secuelas que le dejó su paso por un instituto psiquiátrico, Bonnaire logró un film conmovedor, tan dramático como tierno y no exento de humor. "Hacer esta película fue una gran alegría para ella y para mí -dice la actriz y directora-. Fue un viaje que emprendimos juntas, un viaje de otro tipo porque ella en este momento no está en condiciones de viajar. Lo increíble de Sabine es que tiene humor y es tierna. No hice más que observar eso."

La experiencia detrás de cámara le resultó buena y decidió volcarse a la ficción en su segunda película J'enrage de son absence, aunque basada también en una historia familiar; la de un ex novio de su madre que luego se fue a vivir a la calle y cuando Bonnaire se lo encontró, él le dijo que había renunciado a la vida porque nunca había hecho el duelo de su separación de la madre de Sandrine.

"Eso me pareció terrible y, al mismo tiempo, heroico -dice la actriz-. Más tarde, se me ocurrió retomar esa historia, de alguien que no puede hacer un duelo, pero lo traspuse a un niño porque creo que nunca podría hacer el duelo por la muerte de un hijo. Me parecía interesante contar una historia de amor filial entre un hombre y un chico."

La directora eligió a William Hurt, otra figura cercana a ella, como protagonista. "Para nosotros fue como un regalo que nos dimos mutuamente -dice Bonnaire-. Como tenemos una hija juntos, era una forma de dejarle un legado a ella. William estaba encariñado con la película y con el papel, mucho más que con otras películas que hizo. Él tenía muchas ganas de ir al fondo de las cosas, de tener todas las emociones de las que fuera capaz. Y a mí me pasaba lo mismo, quería estar a las alturas de su talento. Fue un intercambio magnífico. Es una forma de continuar un amor de otra manera."

Para agendar

Sala Lugones (Corrientes 1530)
Programa, Sin techo ni ley: hoy, a las 14.30, 17, 19.30 y 22 ; Jugadora: mañana, a las 14.30, 17, 19.30 y 22; Ella se llama Sabine: jueves, a las 14.30, 17, 19.30 y 22; La ceremonia: vier., a las 14.30 y 19.30; A nuestros amores: vier., a las 17 y 22..

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