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Serie: las chicas de los 70 / Nota I

La pura verdad o una linda historia

Opinión

Cada semana me reúno con amigas y compañeras de trabajo que rondan mi edad. Años más años menos, cada una tiene su historia, su vida vivida con gustos y disgustos, sus pesares y sus alegrías. Porque no somos "paracaidistas", todas hemos sufrido.

Cada vez que nos juntamos para hablar de trabajo, entre listas de entrevistados, comentarios políticos se cuelan datos de nuestra vida privada. Fue así como en la última reunión llegamos a una conclusión interesante. Las chicas de los setenta,- en relación a la vida- no queremos la pura verdad, preferimos un lindo cuentito. A ver, voy a pasar a explicar a qué nos referimos. No somos unas frívolas ridículas que viven en un termo. Pero, por ejemplo, si una amiga se acerca y nos dice "estás un poquito más gorda", no nos interesa y no le damos el poder de darnos esa información que nosotras ya sabemos, porque la balanza es un artefacto con el que tenemos un alto grado de intimidad. Queremos que esa amiga que nos quiere, nos diga que estamos divinas. Nosotras ya vivimos el furor por Twiggy la modelo ultra flaca. Padecimos las ultra minis, los shorts y ya usamos los pantalones Oxford. Pero, ¡ya basta!.

Las chicas de los setenta,- en relación a la vida- no queremos la pura verdad, preferimos un lindo cuentito

Si tenemos pareja, y resulta que al señor en cuestión se le ocurre tener "un affaire", sería impropio para una chica de los setenta que nos lo cuente. No por favor, de ninguna manera. Todas juntas y a la vez decidimos que ese hombre tiene que tomarse el trabajo de contarnos una linda historia de por qué llegó tarde a casa o por qué, directamente no llegó nunca. Cualquier marido que tenga como esposa a una chica de los setenta y quiera tomarse un respiro después de tantos años de matrimonio, bienvenido sea, pero no queremos saber detalles. Para eso, nosotras que somos bastante astutas e inteligentes disfrutaremos de una bella "mentirita". También fuimos testigos de la moda en que las parejas se confesaban las experiencias más terribles, aconsejadas por inescrupulosos terapeutas que nunca estaban "in situ" para recoger las migajas del daño producido. Nosotros vimos Escenas de la vida conyugal de Ingmar Bergman y otros ejemplos literarios y artísticos de la época. Pero, ¡ya no más!

Decidimos también, ampliar el concepto a nuestros hijos. Salvo excepciones, cuando una tiene hijos grandes, un llamado telefónico no es para comunicar demasiados detalles técnicos acerca de sus vidas ya armadas. Es para un "todo bien mami" y ¡chau!. Porque como dicen los infinitos cursos del "arte de vivir", de terapias alternativas y yoga., lo que funciona mucho es la "teoría del desapego". Hay que aprender a soltar..

Nosotras que somos bastante astutas e inteligentes disfrutaremos de una bella "mentirita"

Adherimos al poeta colombiano Santiago Gamboa que afirma que "Las mujeres de mi generación son las mejores. Hoy tienen cuarenta y pico, incluso cincuenta y pico, algunas más, y son bellas, muy bellas, pero también serenas, comprensivas, sensatas, y sobre todo, endiabladamente seductoras. Todo esto a pesar de sus incipientes patas de gallo o de esa afectuosa celulitis que capitanea sus muslos, pero que las hace tan humanas y tan reales. Hermosamente reales".UN amigo.

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