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Editorial I

Embajadas sin embajadores

Opinión

En un gobierno que le da la espalda al mundo, no debe extrañar el empeño del canciller Timerman por prescindir de experimentados diplomáticos

Pese a los constantes errores y papelones que salpican nuestra política exterior, la continuidad de Héctor Timerman al frente de la Cancillería ilustra bien a las claras la ínfima importancia que el Gobierno otorga a la política exterior y, por carácter transitivo, qué mezquina es su visión del mundo y de la posición que en él ocupa nuestro país.

Un dato muestra con la claridad de una radiografía la crisis por la que atraviesa el área: en poco tiempo, en ese mundo que el Gobierno se obstina en ignorar habrá una veintena de embajadas argentinas sin embajadores porque el Gobierno prefiere reemplazarlos por encargados de negocios ad hoc, modalidad que no requiere la aprobación del Senado y fomenta el amiguismo, al tiempo que, en más de un caso, supondrá una suerte de afrenta a las autoridades del país anfitrión. Entre las embajadas vacantes se encuentran algunas muy importantes para la Argentina, como las de la Unión Europea, la Organización de los Estados Americanos (OEA), la India y Paraguay. A partir de enero del año próximo, quedará vacante la embajada en Alemania.

El canciller se ha vanagloriado de haber realizado una amplia limpieza de embajadores mayores de 65 años -su retiro está previsto a los 70 años- y de haber incorporado jóvenes, varios de ellos integrantes de la agrupación juvenil ultrakirchnerista La Cámpora, a la que pertenece la secretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Cecilia Nahón. Además, más de 50 embajadores y ministros de carrera están en condiciones de adelantar sus jubilaciones y muchos lo harán, desencantados con la gestión del canciller y temerosos de que se reforme el actual sistema previsional del servicio exterior.

Ante esta situación, el diputado Alberto Asseff, del Frente Peronista, solicitó al Gobierno que informe al Congreso si dieciocho embajadas argentinas que actualmente carecen de embajadores serán cubiertas a la brevedad, y también inquirió el motivo por el cual se ha producido esta situación excepcional en nuestras representaciones ante la Organización de las Naciones Unidas, la Unión Europea, Paraguay, Suiza, Holanda, Suecia, Marruecos, Argelia, Portugal, Canadá, Kenya, Libia, Jamaica y Serbia, entre otras que, señaló Asseff, "están a cargo de encargados de negocios".

Timerman se enorgullece de rejuvenecer nuestro plantel diplomático como si se tratara de un equipo de fútbol. A esta altura de los acontecimientos, los desatinos que ha cometido y los papelones que ha protagonizado al frente de la Cancillería deberían haberle enseñado cuán importantes son la idoneidad y la experiencia. Entre sus hitos cabe recordar cuando, con unos alicates, violó en el aeropuerto de Ezeiza valijas diplomáticas de los Estados Unidos, ocasionando un grave enfriamiento en las relaciones bilaterales que aún continúa. Puede mencionarse, también, el bochornoso episodio que mantiene a nuestra Fragata Libertad en calidad de rehén en el puerto de Ghana.

Lo ocurrido con el buque escuela indica la importancia de contar con embajadores. Uno de los momentos de mayor peligro para los marinos argentinos se vivió cuando se vieron obligados a esgrimir fusiles FAL para evitar que agentes de seguridad de Ghana abordaran la nave. El arribo de nuestra embajadora en Nigeria y Ghana, María Susana Pataro, sirvió para descomprimir la tensa situación. Pataro, precisamente, integra la nómina de embajadores que están a punto de jubilarse.

El canciller se ha embarcado en una suerte de desprofesionalización de una cartera donde el profesionalismo resulta esencial. El proceso comenzó con la paulatina pérdida de gravitación de la Cancillería en los temas de comercio exterior que le son inherentes, y que pasaron a la órbita de la Secretaría de Comercio, a cargo de Guillermo Moreno.

En el mundo diplomático, la no designación de embajadores ante países que sí los han acreditado en Buenos Aires equivale a una manifiesta y ofensiva falta de interés que puede traducirse en un consiguiente enfriamiento de los vínculos bilaterales.

En una comunidad eminentemente global, vivir de espaldas al mundo, como pretende hacerlo el Gobierno, más que una veleidad infantil constituye una inconsciencia de peligrosas consecuencias..

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