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Feria de Guadalajara

La tecnología y los libros, un debate que apenas comienza

Sociedad

Mientras hay cada vez más herramientas digitales, el escritor Jonathan Franzen criticó "la retórica de progreso" ligada a estos avances

Por   | LA NACION

GUADALAJARA, México.- En la principal fiesta del libro del continente, la tecnología ya amenaza con transformarse en la gran protagonista, aunque con debate.

Por un lado, en una esperadísima conferencia de prensa, el escritor norteamericano Jonathan Franzen alertó sobre "la retórica de progreso que acompaña el consumo de los juguetes cibernéticos"; por el otro, la empresa Cengage Learning, que desarrolla herramientas digitales para la educación, obtuvo el premio al mejor stand de la Feria, y presentó algunas de sus aplicaciones y productos, que van desde la simulación 3D de contenidos hasta la creación de un aula virtual, donde el profesor y los alumnos interactúan en plataformas personalizadas que imitan el formato del blog.

Mapa cultural de la diversidad y laboratorio cultural, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) cobija ambas posturas, que a su manera resumen la unión de suspicacia y entusiasmo con la que la cultura letrada observa las promesas del mundo enmarcado en las distintas pantallas. Pocas horas antes de recibir la medalla Carlos Fuentes, Franzen se declaró un "partisano de los libros" y, para no quedarse en el terreno de las definiciones, dejó entrever sus recelos de la tecnología, al manifestarse "muy preocupado por los cambios radicales que vive el mundo de hoy".

Creador de novelas que bien podrían venderse por kilo (Las correcciones, de 2001, tiene 736 páginas, y su celebradísima Libertad, que le valió la portada de la revista Time, 672), Franzen pasó de la sospecha a la crítica, y para eso se permitió reivindicar el rol de la literatura ante la superpoblación de imágenes.

"La literatura trata de la construcción del sentido, y todos los días vemos que el sentido actual no pasa por la vieja manera de entender las cosas -dijo-. Y, sin embargo, nos dicen que todo esto significa progreso. ¿Realmente hay progreso en fotografiar un plato de comida y mostrárselo a todo el mundo a través de las redes sociales? Yo escribo para la gente que duda de ese progreso."

No muy lejos de donde Franzen fundamentaba su escepticismo, los directores de Cengage Learning anunciaban "el futuro de la educación" en un stand luminoso y repleto de tablets. En un breve acto de presentación se recordó que la educación contemporánea migra del modelo transaccional (con un profesor al frente del aula que transfiere sus conocimientos) a uno tecnológico y personalizado, donde los contenidos se divulgan a través de experiencias de aprendizaje.

En lugar de leer sobre la selva, los alumnos ya pueden sentirse dentro de una gracias a la simulación 3D. Y en una época en la que el umbral de atención de los jóvenes se ha reducido drásticamente, las nuevas propuestas educativas contemplan aulas virtuales con clases a distancia, libros digitales que permiten la inserción de videos e hipervínculos, chat con el profesor y lecturas que se examinan a través de comentarios como los que cualquier internauta deja en Facebook.

Tal como se vio en el stand que la FIL distinguió como el mejor de la presente edición, la pedagogía se reinventa al ritmo del consumo cultural de quienes nacieron en la era de Internet, y da la impresión de que ese rumbo formará ciudadanos con una relación más dinámica y menos ilustrada con el saber. En una misma jornada, la FIL dibujó los grandes interrogantes del futuro, y las respuestas están en el aire.

Por su parte, a mitad de camino entre la sala donde Franzen reveló sus miedos y los educadores digitales invitaron a los curiosos a tomar una clase digital, la literatura argentina se hizo fuerte por partida doble. Anteayer, con la presentación de El país imaginado, el libro con el que Eduardo Berti obtuvo el Premio de Novela Las Américas 2012, que consagra a la mejor obra de ficción publicada en castellano. Y ayer, con el reconocimiento al Mérito Editorial a los argentinos Adriana Hidalgo y Fabián Lebenglik, de Adriana Hidalgo Editora.

"Me gusta cuando la literatura se mete con lo inefable, con lo que uno no sabe qué nombre darle. Es por ese tipo de cosas que vale la pena escribir un libro", dijo Berti, en diálogo con el mexicano Jorge Volpi. Por estos días, la FIL deja claro que el vértigo contemporáneo impide ponerle un nombre propio a la cultura contemporánea.

La buena noticia es que, como sugiere Berti, es precisamente por eso que la literatura aún tiene mucho que decir..

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