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Reestructurar deuda sí, repudiarla no

Opinión

Finalmente, el fallo del juez norteamericano parece no ser todavía una señal clara de que no se pueden y no se podrán reestructurar deudas de los países, un fantasma que agitan varios interesados, entre ellos el Gobierno. Más bien parece que lo que no pueden hacer los Estados es repudiar deuda, que es lo que el kirchnerismo ha tratado de hacer aplicando la patriotera y poco racional "ley cerrojo" ¿Tiene sentido que un país, como la Argentina, se someta a leyes y tribunales internacionales por una parte de sus deudas, pero luego pretenda supeditar los fallos a una ley nacional?

Y parece quedar muy claro es que no se puede decir "al que no aceptó en una determinada instancia no le pagaré nunca nada". Esa era la posición del Gobierno hasta la semana pasada.

Es cierto que la enorme mayoría de los acreedores aceptó la propuesta argentina. Pero para los que no aceptaron ninguno de los dos canjes la propuesta era "ni un solo dólar". Y la presidenta Cristina Kirchner volvió a insistir en esa postura terminante incluso después de que una cámara judicial de los Estados Unidos confirmara el fallo a favor de los que no aceptaron que en febrero había emitido Griesa.

Es cierto que la enorme mayoría de los acreedores aceptó la propuesta argentina. Pero para los que no aceptaron ninguno de los dos canjes la propuesta era "ni un solo dólar"

Lorenzino acaba de decir que podría haber una reapertura del canje , es decir, mantener abierta la propuesta para los que no aceptaron. La gran pregunta es por qué no lo hicieron en febrero.

Es obvio que los que no aceptaron los arreglos anteriores, porque querían cobrar toda su acreencia original, no se rendirían. Porque hasta ahora, si lo hacen, no cobrarán nada.

Tal vez todo este entuerto se habría evitado si la Argentina hubiera mantenido abierta la posibilidad de que, por ejemplo, si se retiraban de las demandas, los holdouts podían cobrar, aunque con un acuerdo un poco peor que los que ingresaron antes.

Es lo que recomendó hacer en su última publicación en su blog el ex ministro de Economía Domingo Cavallo y lo que acaba de admitir Hernán Lorenzino.

El Gobierno quiere que haya una suerte de ley de quiebras para las reestructuraciones de deudas soberanas, que obligue a las minorías a aceptar lo que admitieron las mayorías. Es curioso. Es lo que proponía Anne Krueger durante su gestión como número dos del FMI. El gobierno de Néstor Kirchner tuvo enormes encontronazos con ella, aunque tuvo un crédito stand by del organismo. Cuando la funcionaria americana anunció su retiro del FMI, Néstor Kirchner, entonces Presidente, le dedicó ironías y burlas públicas.

Es difícil que haya una suerte de ley internacional de quiebras, dijo el Finantial Times en los últimos días.

En los casos empresarios, tanto aquí como en los Estados Unidos, en una cesación de pagos o convocatoria de acreedores, nadie puede pedir más que lo que la mayoría acepta. El detalle es que si no se logran las mayorías necesarias, la compañía quiebra.

Pero si bien para los acreedores es obligatorio el acuerdo de la mayoría, también lo es para el deudor pagarles incluso a los que querían más o no recortar nada sus acreencias. No existe el planteo de repudio de la deuda que la Argentina ha intentado con tan poco éxito con su "ley cerrojo".

El Gobierno quiere que haya una suerte de ley de quiebras para las reestructuraciones de deudas soberanas, que obligue a las minorías a aceptar lo que admitieron las mayorías

Si manteniendo el canje abierto la Argentina lograra que la justicia de Nueva York falle a su favor y obligue a los holdouts a aceptar lo que la mayoría concedió, tendría un logro histórico. El principal obstáculo para semejante logro ha sido la propia tozudez del Gobierno y la retórica incendiaria, en los términos del fallo de Griesa, de la Presidenta, acerca de que no acatarían los fallos.

En 1982, dicen los especialistas, y luego de tomar las Islas Malvinas, la Argentina estuvo a punto de lograr avances trascendentes que le habrían permitido por tener una administración compartida con Londres y algún organismo internacional, como la OEA o la ONU. El inflamado discurso nacionalista de la dictadura fue que la propuesta argentina era quedarse con todo. Y el resultado fue quedarse con nada. La intransigencia de entonces hace que 30 años después el resultado de los reclamos siga siendo nada.

Ojalá esta vez el Gobierno haya logrado cambiar de postura a tiempo. Aunque la retórica de la Presidenta sobre "colonialismo judicial" no son una buena señal. Y por otro lado, fue su esposo el que decidió someter parte de la deuda a esa justicia a la que ahora ella llama "colonialista"..

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