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Uruguay, sacudido por la muerte de su piloto

Gonzalo Rodríguez falleció en Monterrey tras un accidente

Domingo 12 de septiembre de 1999

MONTERREY (Especial).- Los entrenamientos para la prueba Shell 300 del CART, en el circuito Laguna Seca, de esta ciudad, se vieron abruptamente interrumpidos por la tragedia: el uruguayo Gonzálo Rodríguez se accidentó a más de 250 km/h y falleció como consecuencia de las múltiples heridas recibidas.

El auto del infortunado piloto, un Penske Lola Mercedes, voló varios metros luego de que, según indicios, se le atascara el acelerador cuando encaraba el sector conocido como Tirabuzón; atravesó una banquina de contención e hileras de neumáticos y rebotó contra una barrera de hormigón. Tras más violentos tumbos, cayó definitivamente.

Con lesiones gravísimas, Rodríguez murió poco después en el Community Hospital, de Monterrey. Consternado, Roger Penske decidió retirar a su equipo de la competencia. Además, facilitó su avión particular para el traslado al Uruguay de los restos del piloto.

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En el Uruguay, la noticia de la muerte de Gonzalo Rodríguez tuvo el efecto de los impactos devastadores. Algo lógico, dada la gran popularidad de "Gonchi" -el cariñoso apodo con que se lo conocía- y el hecho de que, por sus logros, alcanzara la distinción como mejor deportista uruguayo del año último.

Nadie quedó ajeno al duelo. Ni el propio presidente de la Nación, Julio María Sanguinetti, que se mostró conmovido. "Uruguay pierde a un gran deportista y a un muchacho optimista, que siempre estaba en las causas solidarias", dijo el mandatario. El fútbol oriental también rindió su homenaje, con un minuto de silencio previo a cada partido.

El joven piloto, de 27 años, se granjeó, a puro trabajo y talento, un reconocimiento internacional al que es difícil acceder desde un medio humilde en recursos y sin una fuerte tradición automovilística como el uruguayo. Y con su propia -y muchas veces sola- voluntad para abrirse paso.

Ciega a toda ley humana, la muerte cerró de golpe una carrera que transitaba momentos de plenitud. Rodríguez alternaba su actividad en el CART con una destacada participación en la Fórmula 3000, en cuyo certamen, ya ganado por el alemán Nick Heidfeld, marchaba segundo. En el campeonato de esa categoría, en la que también corre el argentino Norberto Fontana, obtuvo el tercer puesto el año último.

Allí había llegado tras un laborioso camino. Impulsado por su padre, Jorge, también piloto, la pasión por los fierros se despertó en él de pequeño. En el karting, ese medio para precoces, comenzó a destacarse; llegó luego la hora de animársele a categorías más importantes, como la Fórmula 4 y el turismo uruguayos, de las que fue campeón. En 1991 irrumpió brevemente en la Fórmula 3 Sudamericana, y desde allí su carrera fue siempre ascendente. Brilló en categorías españolas y británicas, e hizo que los ojos de la Fórmula 3000, la socia de la Fórmula 1, se posaran sobre él.

En el equipo Astromega, su momento de gloria llegó este año, cuando venció en Mónaco. El CART, imbuido en el halo triunfal que le vienen aportando los pilotos latinoamericanos, también lo sumó. Y marcó, ayer, su abrupto final, lejos del afecto de un país que hoy llora su ausencia.

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