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Un país emprendedor

Opinión

Por   | Para LA NACION

Hoy las economías con tasas de crecimiento más altas del mundo tienen su motor en el emprendedurismo. Ante el problema estructural que significa la escasa capacidad de generar trabajo, por ejemplo, los emprendedores aportan su revolución: en los últimos 10 años, el 90 por ciento de los nuevos puestos de trabajo en los Estados Unidos y el 80 por ciento de los de China fueron generados a partir de estos proyectos.

Además de crear empleo, los emprendedores son una fuente fundamental de innovación para el país. Diversos estudios prueban una relación directa entre el volumen de su actividad y la capacidad de un país para introducir cambios sustanciales y positivos. Otra dato es ilustrativo: el 95% de las innovaciones radicales de Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial nacieron gracias a pequeños emprendedores.

La Argentina está ante una gran oportunidad para alcanzar un verdadero desarrollo. Nuestra impresionante cultura emprendedora -que nos ubica entre los 10 países más emprendedores del mundo- es un activo fundamental que hoy no se termina de aprovechar porque cargamos con una de las tasas de fracaso de proyectos más altas del planeta. Es fundamental revertir esta tendencia.

Vivimos en una región que, a contramano del mundo, tiene grandes márgenes para crecer. Nuestro Estado podría poner en valor este empuje y destacar el rol de los que "hacen empresa". Encarar esta transformación como sociedad implicará realizar acciones de corto, mediano y largo plazo.

Hay que tener en cuenta que el ranking Doing Business 2012 del Banco Mundial -que mide qué tan difícil es para un emprendedor abrir y mantener su proyecto a nivel global- ubicó a Chile en la posición 39, a Perú en la 41, a Colombia en la 42 y a la Argentina en el puesto 113.

Nos toca transformar esta realidad y aprovechar la oportunidad.

Es necesario ir hacia una simplificación de procedimientos y hacia una agilización de los procesos de conformación de empresas y sociedades. Los emprendedores de Chile, Uruguay y Nueva Zelanda tardan siete días para armar una empresa, mientras que en la Argentina los trámites, con viento a favor, toman 26 días. Los aspectos impositivos también son fundamentales; necesitamos un tratamiento fiscal favorable que incentive al emprendedor.

Tanto en el mediano como en el largo plazo la educación constituye un eje central. Capacitar y formar a los emprendedores es fundamental para disminuir los índices de fracaso. Hoy las universidades públicas y privadas forman futuros empleados corporativos o futuros profesionales autónomos, pero no futuros empresarios; el cambio sería formar empleadores y no empleados. Estadísticas recientes marcan que siete de cada 10 personas en nuestro país consideran que ser emprendedor es una elección de carrera deseable. Es el momento de aprovechar esta pasión que tantos argentinos tenemos.

La crisis financiera internacional y las transformaciones de nuestra región nos obligan a transitar tiempos de incertidumbre. La Argentina deberá plantearse ante estos escenarios con su gran activo: los emprendedores.

© LA NACION.

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