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Libros en agenda

Alicia, la del espejo, lánguida y morocha

Opinión

Por   | Para LA NACION

 
 

A principios del año me apuré en anunciarlo. Ahora que llegó a la Argentina, es momento de compartirlo. Me refiero a la nueva edición, en Fondo de Cultura, de Alicia en el País de las Maravillas, dentro de la colección infantil y juvenil "A la orilla del viento", que honra esa franja en calidad y espíritu. Vale aclarar que esta Alicia no entra en ningún bolsillo, más bien podría ocupar un centro de mesa, dadas las dimensiones de la publicación. Es muy distinta de las versiones del relato de Carroll propuestas en distintos formatos, ya sea bajo la forma de libro (desde los propios dibujos del autor, los célebres de John Tenniel, etcétera) o sus versiones cinematográficas. Por lo general, la prefieren rubia. Tim Burton eligió a la blanquecina actriz Mia Wasikowska en la interpretación de Alicia, a pesar de su propensión a las tinieblas.

La nueva Alicia, retratada por la ascendente ilustradora francesa Rébecca Dautremer, es novedosa, más bien lánguida y febril. La primera sorpresa es su pelo. Negro, ralo y con flequillo corto. Pero, ¿de dónde surgió la blonda niña inventada por Lewis Carroll? La verdadera Alicia, la pequeña amiga del escritor inspiradora del cuento, ¡era morocha! Se llamaba Alice Liddell, y fue durante un viaje en bote por el Támesis, de Oxford a Godstow, para una fiesta campestre, que Lewis Carroll le fue contando esta multifacética historia. La presente edición muestra una especie de Alicia verdadera, como si la niña real adviniera en su dibujo actual. En la tapa del libro se la ve de perfil con el rostro humedecido y gotas, que podríamos suponer del mismísimo Támesis, cayendo por sus mechas negruzcas.

En realidad, no hay forma de traducir a la niña imaginada. Es como pintar un sueño. El lector, a su vez, tendrá su propia Alicia. ¿O acaso necesariamente son esas imágenes las que emergen de nuestra silenciosa lectura? Mientras que la imagen prolifera, la traducción se estrecha. Traducir es una apuesta (¿por qué no apostarle a una palabra?) a la fidelidad. La de Luis Maristany, en esta edición, es otro intento de aproximación al juego del lenguaje original, tan difícil de trasladar a otros idiomas. A modo de ejemplo, cuando Alicia, por el día caluroso, se siente " sleepy and stupid ", en español se vuelve "muy torpe y adormilada". En la edición que publicó De la Flor, traducida por Eduardo Stilman, se la nota "muy somnolienta y atontada". Ninguna alcanza la cacofonía necesaria para que la lengua dé saltitos, como en el inglés original, al mismo tiempo que describe el estado de ánimo de Alicia. Con las imágenes, no existe ese problema, no hay "original" para cotejar. Ni siquiera las ilustraciones de la primera edición. Puede haber mil imágenes para una sola palabra. En todo caso, las de Dautremer son cáusticas y, al mismo tiempo, detallistas. Vale imaginar el arduo trabajo que le está llevando ilustrar la Biblia. Y dan ganas de conocer pronto su versión gráfica de la novela Seda , de Alessandro Baricco.

También este mes, en la misma colección apareció el nuevo libro, más para niños, de Oliver Jeffers (dibujante y escritor irlandés que reside en Nueva York), Atrapados , con la historia de una especie de árbol que todo se lo engulle.

Ambos libros para lectores que también se deleitan con la mirada.

© LA NACION.

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