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El análisis

Tiempo para corregir errores

Economía

A una semana del controvertido fallo del juez Griesa, la sorpresiva suspensión de sus efectos dictada ayer por el tribunal de apelaciones de Nueva York le otorga al Gobierno el elemento que más necesitaba: tiempo , que ahora podría ser usado para corregir errores.

Por lo pronto, la decisión aleja el fantasma del default técnico el 15 de diciembre. Eso era si la Argentina no se avenía a depositar en una cuenta especial la garantía de US$ 1330 millones a favor de los "fondos buitre", sin perjuicio de que fuera apelada como efectivamente ocurrió el lunes. Esta medida -ahora suspendida- colocaba al gobierno de CFK contra las cuerdas. No sólo por aquel pago sin quita alguna, sino porque su incumplimiento obligaba al banco agente fiduciario (Bank of New York) a abstenerse de abonar el cupón PBI (US$ 3400 millones) a los inversores que aceptaron los canjes de deuda de 2005 y 2010.

A primera vista, es difícil determinar qué factor tuvo más peso para que el tribunal neoyorquino le otorgara al gobierno argentino un mes más de plazo para fundamentar su apelación y extendiera todo el proceso por lo menos hasta el 27 de febrero del año entrante.

Un factor fue la inusual dureza del fallo de Griesa, que a todas luces revelaba su hartazgo por la negligencia del gobierno de CFK al ignorar durante casi diez meses su sentencia original de formular una propuesta de pago a los bonistas que no aceptaron el canje. Otro, el viraje que esta semana produjo la propia Cristina Kirchner, cuando aceptó por primera vez la posibilidad de reabrir el canje y otorgarles a los holdouts las mismas condiciones que las de 2010, previa modificación de la "ley cerrojo" por parte del Congreso. Un tercer factor fue la posición contraria al fallo del juez por parte de los fondos estadounidenses que aceptaron la reestructuración de la deuda argentina en default y quedaban descolocados ante sus inversionistas.

Más allá de la proporción que puede haber tenido cada uno de estos factores, lo concreto es que la decisión del tribunal otorga a las partes una nueva ronda para ejercer su derecho a apelar y defenderse. Implícitamente, abre la posibilidad de una revisión del fallo de Griesa, a quien el propio tribunal había ordenado proponer la forma de pago. Y también la de reponer el criterio de pari passu (igualdad de condiciones), alterado tanto por el juez cuando ordenó el pago completo de la deuda a los "fondos buitre", como por CFK cuando dijo que no iba a pagarles ni un dólar por no haberse sumado al 93% de los bonistas que aceptaron los canjes.

Si la medida judicial de ayer tiende a poner las cosas en su lugar, la cuestión de fondo estará más alejada de los fundamentalismos: dejará de ser si se paga o no, sino cuánto y cómo. O sea, opciones que no estaban incluidas ni en las pretensiones de los "fondos buitre", ni tampoco en la agenda del gobierno argentino.

A la Argentina, este escenario le aporta un gran alivio en el corto plazo. No sólo en términos de tiempo, al alejar el fantasma del default técnico que podría activar reclamos judiciales de bonistas "reestructurados". También porque mantendrá cerrada la puerta a nuevas demandas de holdouts que podrían complicar aún más el frente externo. Según cálculos de la consultora Econométrica, la deuda pública que no ingresó en el canje suma 11.200 millones de dólares entre capital e intereses no pagados, de los cuales 67% (7500 millones) está bajo legislación estadounidense.

Para el gobierno de CFK, esta dosis de tiempo es una oportunidad para corregir errores y evitar una excesiva politización del tema, como si las leyes de otra jurisdicción aceptada fueran de cumplimiento optativo. De hecho, el riesgo de default no habría estado presente en estos días si el Gobierno hubiera formulado hace nueve meses la propuesta de reapertura del canje que ahora planteó el ministro Hernán Lorenzino. También podría haber optado mucho antes por recomprar bonos para reducir el margen de deuda en default en poder de los holdouts . Estas opciones no eran descartadas por Lorenzino.

Más bien, el problema está en la receptividad de Cristina Kirchner, quien estos días no se privó de hablar del "colonialismo judicial" que en apariencia sólo afecta a la Argentina. Y ayer mismo, horas antes de conocerse la medida del tribunal de Nueva York, se victimizó en la UIA al afirmar que su gobierno es sancionado por constituir el "contramodelo" de un mundo dominado por la especulación financiera. Casi como otra confesión de parte..

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