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El escenario

Jugada fuerte en un clima crispado

Política

A la luz del contexto en el que fue dado a conocer, el contenido del documento del Episcopado adquiere una dimensión mayor. Varias veces la Iglesia llamó al diálogo y a la reconciliación. Pero hoy lo hace en un escenario claramente marcado por una confrontación política extendida, marchas de protesta, paros sindicales, presiones a la Justicia, avances sobre la libertad de expresión y situaciones sociales preocupantes, como la inseguridad, la proliferación de la droga y el desbarranco de la educación.

Cuando aún se escuchan voces y se abroquelan posiciones a favor y en contra del 7-D, del 8-N, de los bonistas y del pago de la deuda, dos palabras sobresalen en la nueva reflexión de los obispos: "Bandos irreconciliables". La referencia al peligro de una nueva división en el país remite a la cruenta realidad política de los años 70 y lleva a la Iglesia a recordar que "la democracia no se construye agudizando los conflictos". Un mensaje en sintonía con el estilo y el pensamiento del presidente del Episcopado, monseñor José María Arancedo, que fue elegido por sus pares hace un año, cuando reemplazó en esa tarea al cardenal Jorge Bergoglio.

Los obispos elaboraron el documento durante la última asamblea plenaria, que realizaron en Pilar del 4 al 9 de noviembre. Deliberaron y lo redactaron en medio de la semana del 8-N, en momentos en que la crispación social estaba a la orden del día. Deliberadamente resolvieron difundirlo en la última semana de noviembre, en la que la Iglesia comienza el tiempo de preparación para la Navidad, como una invitación a la paz. El documento es un llamado a desalentar las tensiones y presentarlo en ese momento hubiera generado tal vez efectos contrarios al buscado. Veinte días después, las confrontaciones políticas y sociales siguen y el texto no perdió un ápice de actualidad.

La idea del pronunciamiento surgió en medio del intercambio pastoral, el espacio que los obispos dedican en la asamblea plenaria a analizar temas de actualidad. Consideraron propicio hacer una llamado a la reconciliación y encomendaron la redacción del documento a una comisión, que presentó el texto y luego recogió aportes, no sólo sobre el contenido, sino especialmente "en el modo de decir las cosas". Además del propio Arancedo, intervinieron obispos experimentados, como Jorge Casaretto y Héctor Aguer, y el actual titular de Pastoral Social, Jorge Lozano.

"El mensaje está dirigido a toda la sociedad, no sólo a los políticos", explicó ayer una fuente episcopal, al advertir que "los obispos observan que van apareciendo divisiones profundas, que pueden ser irreconciliables". Si bien el documento está dirigido a todos, el vocero admitió que "siempre tienen más responsabilidad los sectores dirigentes".

En los últimos tiempos, la relación entre la Iglesia y el Gobierno transitaba carriles más distendidos que en los tiempos de Néstor Kirchner, cuando estalló el conflicto por el obispado castrense. Cuando el ex mandatario era diputado, la única sesión parlamentaria a la que concurrió a votar fue cuando se trató la ley del matrimonio gay. Cristina Kirchner, en cambio, recibió más de una vez a los obispos, incluso al cardenal Bergoglio, y desde la asunción de Arancedo disminuyeron las tensiones. En los últimos meses, no obstante, volvieron las preocupaciones en la Iglesia por el proyecto de reforma del Código Civil. En agosto pasado, el propio Arancedo afirmó en una entrevista a LA NACION que "la Iglesia no va a hacer oposición, pero tampoco va a callar su voz.

La declaración sigue los lineamientos del documento "Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad (2010-2016)", de noviembre de 2008, cuando el Episcopado exhortó a "cicatrizar las heridas, no alimentar la confrontación y buscar acuerdos básicos duraderos".

Un párrafo especial es el dedicado al deterioro de la educación. Sin nombrarlos con nombre y apellido, alertan allí sobre el creciente proselitismo escolar de militantes de La Cámpora, al señalar que "la necesaria preparación para la vida cívica de niños y jóvenes debe excluir la politización prematura y partidista de los alumnos".

A la descripción del escenario de confrontación social no escapan "el avance de la droga, el crecimiento del crimen del narcotráfico y la red de complicidades que lo sustentan", que los obispos identifican como "una de las causas principales de la proliferación del delito y de la consiguiente inseguridad"..

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