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El amor en tiempos de kólera

Sociedad

La división política también impacta en la pareja generando cortocircuitos y desencuentros; historias que muestran lo difícil que es mantener una pareja cuando se piensa distinto

Por   | LA NACION

 
 

 
Foto: LA NACION / Carlos Bonardi
 

La mañana del 24 de octubre de 2011 Emilia despertó con una sensación extraña. Se levantó de la cama y todavía consternada por los resultados que habían arrojado las urnas, discutió con su novio Mariano. Después del desayuno partió rumbo a la oficina y cuando llegó al trabajo, la jefa, que advirtió preocupación en su rostro, le preguntó qué había ocurrido. Al borde de las lágrimas y con cierto desánimo, ella contestó: "Me peleé con mi novio porque votó a Cristina".

En tiempos donde las diferencias de pensamiento se hacen más notorias y la intolerancia se vuelve un arma de doble filo, cada vez hay más parejas que discuten por política. El caso de Emilia y Mariano, que piden como el resto de los entrevistados que no aparezcan sus nombres verdaderos, es un ejemplo, y aunque el episodio parece parte de una escena de ficción, sucedió.

"No me lo había dicho pero yo sabía que la había votado. Lo culpaba por eso, pero él nunca me lo confirmó"

Así lo recuerda Emilia en una charla distendida con LA NACION, en la que entre otras cosas señala que, luego de las elecciones en las que Cristina Kirchner fue reelecta con el 54% de los votos, estuvo dos días ofendida con su pareja. "No me lo había dicho pero yo sabía que la había votado. Lo culpaba por eso, pero él nunca me lo confirmó", asegura.

Conjugar el amor y la discrepancia de ideas políticas puede resultar más difícil de lo que uno podría pensar. Emilia dice que, en los cinco años y medio que lleva de novia con Mariano, la política empezó a ser parte de lo cotidiano hace algún tiempo y reflexiona: "Al principio no me pasaba. Con las elecciones sí. Yo ya tenía una opinión".

Luego, la joven señala que otro punto de intercambio se produce a la hora de elegir qué programa de televisión sintonizar. Y sobre ello cuenta: "En casa ya no se puede ver un programa tendencioso porque empezamos a pelear. Por ahí un día terminamos ofendidos y después pasa". Y asegura: "Antes llegaba y si estaba 678 me angustiaba y lo cambiaba. Un día le dije, `acá mientras esté yo, eso no se mira´. Y ahora me pasa con Duro de Domar . No miramos mucha TV".

Posturas desencontradas

La licenciada Cristina Benchetrit, psicóloga y especialista en terapias breves focalizadas, reflexiona sobre la incidencia de la discusión política a nivel afectivo. En diálogo con LA NACION expresa: "Creo que es muy difícil sostener diferencias básicas de pensamiento tan importantes. Se puede sobrevivir pero tarde o temprano va a influir". E indica: "Lo que suele ocurrir muchas veces es que no es tan fuerte la adhesión política. Puede haber diferencias pero nadie es demasiado jugado con una u otra postura, entonces se puede convivir. Ahora, cuando la adhesión es fuerte, es difícil".

André Breton (1896-1966), poeta y ensayista, escribía: "Cuando dos personas que se quieren chocan, no se mezclan: se rompen". Un quiebre similar ocurre en la pareja cuando la política se interpone en el amor y sobresalen pensamientos desencontrados.

La historia de Maximiliano, hoy divorciado, no se aleja de esa comparación. En un café del barrio porteño de Caballito cuenta que por contentar a su ex mujer, con la que en la actualidad no mantiene ningún diálogo, dejó de militar en el Partido Justicialista e incluso de opinar de política. "Ella se sentía autorizada para desautorizar al otro en determinados temas. Las discusiones por política llegaban a puntos tales que dejábamos de hablarnos por días", asegura y con cierto alivio expresa: "En el momento pensás que no suma para nada, ahora cuando estás por separarte decís, `esto tampoco lo aguanto más´".

Llevar a su hijo a una escuela pública o privada, vivir en la Capital o en el conurbano y hasta discutir por el Che Guevara, fueron parte de la suma de contradicciones que hoy Maximiliano recuerda como "insoportables". Y expresa: "Ella era tajante, era todo blanco o negro. No sabía en lo que creía, pero creía mucho en eso. Era 'no soy kirchnerista pero estoy de acuerdo en el 99% de las cosas´".

Aun así, a pesar de su experiencia, Maximiliano se resiste a creer que la política sea un condicional al momento de enamorarse y con certeza sostiene: "Cuando vos te enamorás de alguien te enamorás de todo, de lo bueno y de lo malo. Nunca hay una horma perfecta para cada uno. Ideológicamente por ahí no coincidimos en un montón de cosas y en otras tantas sí".

El debate sobre cuestiones políticas también se instala en bares o boliches, en donde en una situación típica de seducción, son varios los jóvenes que ponen distancia si la postura de su pretendiente es contraria a la propia. Frases como "lástima que es k", o "no podría salir con un anti k", advierten prejuicios y sobresalen en más de una conversación.

"Como Boca y River"

Lorena y Benjamín son otro caso. Ella de 24 años y él de 32, disienten en gran parte de las opiniones. La joven, a pesar de no estar de acuerdo con algunas medidas del Gobierno, se proclama kirchnerista y en lo que atañe a su relación de noviazgo señala: "Él contradice todo. Te busca la quinta pata. Todo lo que pasa en el país es culpa de la Presidenta", dice. Y en defensa de la mandataria agrega: "Ella tampoco tiene que estar en todo, responde a las cosas pero los demás tienen que hacer algo".

Para ambos los domingos son días particulares. Luego de la cena, mientras Benjamín mira Periodismo para todos, en El Trece, Lorena prefiere lavar los platos y evitar la TV. "Él quiere ponerse a mirar Lanata y yo miro 678 y se genera alguna discusión. Por eso le digo, los domingos no nos tenemos que ver". Más tarde, al dar detalles sobre Benjamín, indica: "Él dice que es neutro pero todos los comentarios son bien anti k". Y poco después completa: "Me gustaría estar con una persona que piense igual que yo, que sea del mismo palo, como los de Boca que van con los de Boca y los de River con los de River".

Del otro lado del ring Benjamín reconoce que ante una posible pelea prefiere no discutir y "quedarse en el molde". Habla en un tono apacible y dice: "Ella se enoja y yo me mato de la risa. La chicaneo bastante y no sabe qué contestarme. Es muy cerrada. En algún momento va a empezar a reconocer algunas cosas que saldrán a la luz. No puede ser todo tan impune".

"Me gustaría estar con una persona que piense igual que yo, que sea del mismo palo, como los de Boca que van con los de Boca y los de River con los de River"

Sus discrepancias están a la vista y en esa línea, Benjamín asegura: "A veces me dice que está bueno que seamos distintos y a veces dice `somos tan distintos que no sé.´". Luego se pregunta: "¿Distintos por opinar diferente en política? Si es necesario no hablaré más de ello y listo", termina por afirmar.

Todos admiten lo difícil que es llegar a ponerse de acuerdo. Y Dolores no es la excepción. Tiene 33 años y se define a sí misma como una "radical anti k". "Mi novio es k peronista", señala al hablar de Federico, con quien está de novia hace más de dos años y al que reconoce como una persona crítica al momento de evaluar las políticas del Gobierno.

Recuerda el inicio de su relación y señala: "Cuando me enteré que él era k dije ` ¿qué hago?´, es más lo consulté con una amiga. Somos de ideologías tan distintas... Es como uno de Boca y uno de River". Y rememora: "A los dos meses de estar con él se murió Néstor. Ahí me di cuenta de cuán fanático era. Él hubiera dado su vida por ir a llevarle una flor y saludar a Cristina", dice. Más tarde concluye: "No voy a pelearme por esto porque veo que es una discusión sin sentido en la que no vamos a llegar a nada".

La psicoterapeuta Benchetrit remarca que la tolerancia es una de las cuestiones a trabajar en cualquier pareja y puntualiza: "Uno puede evitar la discusión, pero lo que no sé si se puede es evitar que en algún momento la pareja se rompa, si las diferencias se profundizan. Hoy la gente se ha dividido, se ha puesto más fanática, entonces si uno es kirchnerista y el otro no, la discusión va mas allá de la racionalidad". Y aconseja: "Creo que es mejor aceptar al otro que tratar de cambiarlo"..

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