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Historias que inspiran: Sheila Goldin y Yuri Muchelink

Un viaje para jugarcon los chicos del mundo

Comunidad

Estos jóvenes quisieron vivir una luna de miel diferente, realizando actividades lúdicas con los niños de los continentes que visitaron; hoy siguen con su labor en la Argentina, a través de la ONG Un Juego de Chicos

Por   | Para LA NACION

Partieron el 15 de abril desde Buenos Aires, Argentina, hacia otros continentes. El primer destino fue la ciudad de Johannesburgo en Sudáfrica. Sólo contaban con dos pasajes de regreso que, 5 meses después, los traería a casa. Dos mochilas los acompañaban, junto a tres pelotas inflables, un itinerario indefinido, adrenalina y un sueño acunado por ambos desde la infancia: viajar por el mundo.

Sheila Goldin y Yuri Muchelink se conocieron en 2009 por destino, porque tenía que ser. En su primera cita cuentan que -consciente o inconscientemente- empezaron a dibujar en el individual de la mesa del restaurante ese sueño. Pasaron los meses, se enamoraron, decidieron irse a vivir juntos, compraron un departamento y un día, en 2012, se casaron y tuvieron su luna de miel.

Hasta acá, esta historia podría ser la de cualquier pareja común. Pero Yuri y Sheila -a sus 27 años- desearon que esa luna de miel representara el sueño anhelado por ambos. "Queríamos retribuirle a la sociedad la oportunidad que nos dieron nuestras familias, brindándonos siempre todo. Nunca nos faltó nada. Estábamos dispuestos a hacer algo con un fin solidario", cuenta ya en Buenos Aires, la pareja.

Así fue como encontraron cuál sería el hilo conductor del viaje: los chicos. Ambos querían sentirse como niños jugando por el mundo, entonces les pareció que podía ser perfecto conectarse con los más chicos en las ciudades que visitaran, realizar actividades lúdicas con ellos, compartir momentos de felicidad y así promover por el derecho de los niños y las niñas a jugar.

Para sellar el compromiso de que su aventura no quedaría sólo en el viaje, sino que continuaría en la Argentina jugaron con los chicos del hogar Los Carasucias en el barrio porteño de Mataderos. Y, en paralelo, comenzó la construcción de la ONG Un Juego de Chicos y sus diarios virtuales: la página Web y la Fan Page en Facebook, lugares donde plasmarían todo su recorrido.

¿Destino?

Llegar a cada ciudad implicaba tomar muchas decisiones: donde alojarse, con quién contactarse para contar lo que querían hacer, cómo reunirse con los niños, dónde realizar la actividad. Muchas preguntas, pocas respuestas.

Sin embargo, en la primera localidad vislumbraron la representación máxima, según ellos, del viaje. "Llegamos a Johannesburgo y nos preguntamos ¿y ahora? Nos contactamos con la Oficina de Información del Turista, les contamos qué queríamos hacer y nos recomendaron ir a Soweto, una ciudad muy pobre, al estilo villa miseria, cuna de dos premios Nobel de la Paz (Nelson Mandela y el arzobispo Desmond Tutu) -dice Yuri-. Bajamos del bus, llegamos a la puerta del hostel y en frente -creer o no creer- había un parque con no menos de 70 chicos jugando solos. No miramos y afirmamos: acá está la explicación a todas nuestras preguntas."

 
Yuri divierte a una niña con unos títeres. Foto: Gentileza Sheila y Yuri
 

Dejaron las mochilas, sacaron las pelotas y cruzaron a la plaza a jugar con los niños. "Arrancamos a las 15 y nos quedamos hasta que se fue el último chiquito, como a las 21. No podíamos creer lo que habíamos vivido. Era el primer día de nuestro viaje y ya habíamos logramos poner en marcha nuestro proyecto. Casi mágico", cuenta Sheila.

A la mañana siguiente volvieron al parque. "Estábamos más unidos que el primer día. Los chicos se encariñan rápido. Los más curiosos nos preguntaban nuestros nombres, edad, qué hacíamos, por qué jugábamos con ellos. En general, en todos los países no sabían dónde estaba la Argentina, pero sí conocían a Messi. Y a muchos no les importaba de dónde éramos: sólo querían jugar", asevera la pareja. Y agregan: "Los chicos se prenden y te integran en el juego; nunca fue, por ejemplo, limitante el idioma; sí para con los grandes".

Continuar camino

El sueño debía atravesar fronteras. Emiratos Árabes, Nepal, la India -donde jugaron con los chicos a orillas del río Ganges-, Indonesia, Malasia, Japón, Corea del Sur, China. "En cada actividad la idea era crear un momento de felicidad para ellos, llevarles herramientas que les puedan quedar; a otros simplemente ayudarlos, alimentarlos, cocinarles. Siempre cuando nos poníamos en contacto con los hogares, orfanatos u hospitales preguntábamos qué necesitaban los chicos", explica Sheila.

Vietnam marcó el recorrido. "Llegamos a un hogar donde los chicos tenían discapacidades producto de la enfermedad llamada agente naranja. La mayoría tiene problemas motrices, pero no queríamos brindarles un show, queríamos que ellos fuesen protagonistas. Pusimos música, globos, llevamos crayones y pintamos -expresa Yuri-. La felicidad de estos chicos cuando les agarrábamos las manitos para darles el crayón, los guiábamos con las nuestras y ellos dibujaban, era increíble, porque nunca en su vida quizás habían dibujado."

Y Yuri comenta: "Hay días que salíamos de las actividades completamente sin energías o llorando. Por ejemplo en Vietnam nos quebramos ahí mientras jugábamos con los niños. Ves eso y te replanteás toda tu vida".

Derecho vulnerable

Ambos notaron que el derecho de los niños a jugar es más vulnerable en todos los lugares que no eran de Primer Mundo. "Los contrastes culturales impactaban. En Japón, Singapur, Dubai, los chicos tenían equipamiento que los niños de un colegio privado acá no tienen. Hacen y aprenden muchas actividades, y después íbamos a lugares donde apenas tienen para comer, donde tienen todas sus necesidades primarias insatisfechas -apunta Yuri-. Entonces el tema del juego se convierte en algo que lo hacen en su tiempo libre, pero por su naturaleza de ser chico, no porque nadie se los incentiva."

"Lo vimos en Soweto -remarca Sheila-. Por más que la pobreza esté a flor de piel, uno ve a los chicos divertirse. Están dispuestos a jugar, y los padres están dispuestos a que los chicos se diviertan y eso nos parece genial, porque el juego es la herramienta más importante que los chicos pueden tener porque les sirve para toda la vida, y además aprenden valores."

 
A través del dibujo, Sheila se comunica con los chicos. Foto: Gentileza Sheila y Yuri
 

Nueva Zelanda y Australia fueron los últimos lugares recorridos. Yuri y Sheila aterrizaron en la Argentina y afirman tener un gran desafío: "Federalizar el proyecto en todo el país, sin la necesidad de que nosotros estemos viajando. Queremos conectar voluntades, poner en práctica lo vivido, por eso queremos funcionar como un brazo de ayuda a otras organizaciones que ya existen acá, en nuestro país. El resultado es mucho más cuando uno se suma a otro", afirman.

"¿Qué postales nos quedan? Las miles de sonrisas de los chicos. No hubiese sido el mismo viaje sin este hilo conductor. Estamos seguros de que solos no vamos cambiar el mundo, pero confiamos que todo empieza con el primer granito de arena. Pudimos cumplir nuestro sueño, nos encanta poder mostrarlo y difundir, dar valor a la vida, una forma de decir nosotros pudimos. ¿Tenés un sueño? Jugate vos también", concluyen.

CORTA BIOGRAFIA DE UNA LARGA VIDA

YURI Y SHEILA

Profesión: Yuri estudió Marketing y trabaja en un banco. Sheila estudió Administración de Empresas y trabaja en una pyme familiar

ONG: Un Juego de Chicos

Área de acción: promover y defender el derecho a jugar de los niños y las niñas

como colaborar

Un Juego de Chicos

www.unjuegodechicos.com

700

Chicos beneficiarios

Con ellos desarrollaron 27 actividades, les regalaron 43 pelotas, 81 docenas de crayones y más de 40 kilos de golosinas.

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