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De no creer

La batalla a solas de Cristina y Dilma

Opinión

D ilma volvió a su país feliz de la vida. Dice que cada encuentro con Cristina le resulta increíble. Que aprende muchísimo. Todavía recuerda la primera entrevista. Al salir, el canciller Antonio Patriota le preguntó cómo le había ido. Ella contestó: "Muy bien. Me explicó todo. A los 10 minutos de hablar ya me estaba explicando Brasil".

Sobriecita como es siempre en su outfit (desabridos tailleurs , poco maquillaje; un estilo que podría definirse como "no me importa nada"), disfruta viendo los esmeros de su colega, siempre súper producida (estilo "cada vez me importa más"). En el cierre de la Conferencia de la UIA, en Cardales, no pudo dejar de mirarle el exuberante collar de oro que se había puesto. Le pareció un poquito too much semejante alhaja para una reunión con tan poco glamour, pero no paró hasta preguntarle cuánto le había costado. "Hace mucho que no pregunto los precios", respondió Cristina.

Por cierto, lo más jugoso no estuvo allí sino en la reunión que habían tenido horas antes en la Casa Rosada. Como cada vez que se encuentran, el trato cordial sirvió para disimular una rivalidad muy evidente. Dilma contó que había estado en Harvard y que le había ido bárbaro. "Me fueron a ver cientos de chicos, traté de hablar poco y de escucharlos mucho, les contesté todo lo que me preguntaron y no pararon de aplaudirme. Hasta repartí becas para los estudiantes brasileños que estudian allí. Fue inolvidable." Cristina relató su experiencia en la misma universidad. "Me fueron a ver miles de chicos, pero había infiltrados de Macri. Traté de hablar mucho y de escucharlos poco. No pararon de aplaudir las preguntas más hirientes. Uno me preguntó cómo había hecho mi fortuna y los periodistas le sacaban fotos. Repartí críticas a Harvard y a la Universidad de La Matanza. Fue inolvidable."

Continuó Dilma. "En Nueva York salí a caminar y me seguían decenas de periodistas. Habrás visto las fotos. Después tuve la visita de Bill Clinton en mi hotel, durante dos horas. Me vino a proponer que la próxima reunión de su fundación se hiciera en Río. Y el New York Times me anunció que va a sacar una versión en portugués para Brasil." Replicó Cristina. "Salí a hacer compras por Manhattan y me siguieron decenas de funcionarios y chicos de La Cámpora, y no dejé que se acercara ningún periodista. En la habitación de mi hotel vi una entrevista por televisión a Clinton y no entendí nada. Al hegemónico New York Times no lo soporto. Yo prefiero Tiempo Argentino."

Pasaron a los temas domésticos. Dilma comentó su sorpresa cuando vio, camino de la Casa Rosada, el crecimiento de la villa 31, en Retiro. Cristina lo atribuyó al boom de la construcción. Dilma se mostró orgullosa porque acababa de echar a cuatro funcionarios sospechados de corrupción. Cristina, solidaria, se ofreció a darles trabajo. Dilma reveló detalles sobre el llamado "juicio del siglo" (el "mensalão"), en el que fueron condenados 25 funcionarios del PT. Cristina relató, con el mismo orgullo, cómo el "juicio del siglo", contra Clarín, le había permitido remover a decenas de jueces y camaristas.

Instalado el tema de los medios, no hubo forma de escaparle. Cristina contó que había mandado a traducir la famosa frase de Dilma: " Prefiro o ruído da imprensa ao silêncio das ditaduras ". En español cristinista quedó así: "Prefiero el silencio de la prensa oficial al ruido de los medios independientes". Dilma dijo que le gusta dar conferencias de prensa. Respuesta: "Acá, ni se te ocurra. Los periodistas argentinos tienen la manía de hacer preguntas".

Muy en la intimidad, Dilma reconoció que poco a poco se había ido alejando de su antecesor y mentor, Lula. Cristina dijo que ella había hecho lo mismo. Hablaron de economía. Dilma: "Nos están lloviendo inversiones". Cristina: "Octubre fue un mes requete lluvioso". Dilma: "Tenemos la inflación dominada: 5,4% anual". Cristina: "Perdón, cuando hablás rápido no te entiendo". Dilma: "Los empresarios me aplauden". Cristina: "A mí también, y eso que los vivo retando". Dilma: "Hemos liberado totalmente la venta de dólares y no hubo corrida alguna". Cristina: "Please, hablá más despacio". Dilma: "Estoy orgullosa porque la fortaleza de nuestra economía le pudo hacer frente al impacto de la crisis mundial". Cristina: "Yo tuve la fortaleza de decir que el mundo se nos había caído encima".

Después hablaron de la inseguridad. En Brasil mandaron el ejército a las favelas para combatir al crimen organizado. Acá, contó la señora, cada vez hay menos delito y menos ejército. Política internacional. Dilma confió que no le gusta viajar al exterior. Cristina, que ya tiene bastante con los permanentes viajes a Santa Cruz. Protesta social: "En Brasil son insignificantes". Réplica: "Acá los que protestan son unos insignificantes".

Cuando se dieron cuenta habían pasado dos horas, en las que Dilma recordó su largo viaje político: de aquella guerrillera de los 70 a esta jefa de Estado. Cristina, el suyo: de humilde estudiante de derecho a abogada exitosa con 70 millones de pesos, gran parte de ellos conseguidos como jefa de Estado.

La despedida. Dilma, en tren de confidencia: "Sabés, yo tengo un imitador, Gustavo Mendes. Velo en YouTube. Es buenísimo". Cristina: "Y yo, una imitadora, Fátima Florez. Es malísima. Si Dios quiere, a partir del 7-D sólo la vas a poder ver en YouTube"..

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