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Femicidio, más allá de la ley

Opinión

Si bien la condena a prisión perpetua no resulta menor, no es el paso más importante, pues si se aplica ese castigo es porque otra mujer ya habrá muerto

Hace una semana, miles de personas en todo el país unieron sus reclamos al celebrarse el Día Internacional contra la Violencia de Género. Lamentablemente, poco después, se conocieron nuevos casos de ataques de ese tipo: una mujer de 43 años fue asesinada, presuntamente a manos de su ex pareja, en Pergamino; en Cañuelas se halló el cuerpo de una joven y otro cadáver de una chica fue encontrado dentro de una bolsa en un arroyo de Vicente López. A esto se sumó la feroz paliza y la violación de las que fue víctima una adolescente de 14 años en Saladillo, supuestamente por una venganza de allegados a un ex novio que había decidido quitarse la vida.

Son apenas unos ejemplos de la larga lista de mujeres que padecen brutales formas de castigo de parte de parejas o ex parejas. Según el Observatorio de Femicidios en la Argentina, en el primer semestre de este año hubo 119 casos de este tipo de asesinatos en el país.

Para todo 2011, diversos estudios arrojaron como resultado las muertes de más de 280 mujeres como consecuencia de la violencia de género.

Durante este mes y en respuesta a esta terrible situación, la Cámara de Diputados de la Nación insistió por unanimidad en una ley que modifica el Código Penal al endurecer las penas para el femicidio. De aquí en más, el hombre que mate a una mujer en un caso de violencia de género, recibirá como castigo la pena de condena o reclusión perpetua. Hasta la sanción de ese proyecto, la máxima prevista era la del homicidio, con 25 años de cárcel.

Sin dudas, elevar las penas es un paso importante en la lucha contra la violencia de género, pero es insuficiente si las autoridades no destinan los recursos necesarios para instrumentar campañas que desnaturalicen este tipo de tratos que, en muchos casos, siguen siendo tolerados por buena parte de la sociedad argentina, de profunda raigambre machista.

La propia sanción definitiva dada por los diputados ocurrió tras haber desechado la Cámara baja las modificaciones del Senado, que no contemplaban las relaciones de noviazgo y requería, para que el castigo pudiera proceder, que entre la víctima y su atacante hubiera una relación de convivencia. Es decir, los diputados decidieron equiparar a aquellos que han formalizado el vínculo con quienes no lo han hecho. El femicidio, entonces, deberá ser tomado como un agravante del homicidio y no como una figura delictual autónoma.

Es así que la nueva ley establece la reclusión perpetua o condena perpetua a quien matare a una mujer, cuando el hecho sea perpetrado por un hombre mediante violencia de género, pero también a quien asesine "a su ascendiente, descendiente, cónyuge, o la persona con quien mantenga, haya mantenido o haya infructuosamente pretendido iniciar una relación de pareja, mediare o no convivencia". Será castigado con igual pena quien matare por "placer, codicia, odio racial, religioso, de género o de orientación sexual" o quien matare a un tercero "con el propósito de causar sufrimiento a una persona con la que mantiene o ha mantenido una relación de pareja".

Tal como dijo recientemente a LA NACION Mabel Bianco, médica y presidenta de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM), "nuestro problema no es la falta de ley, sino la falta de decisión política para atenderlo".

La violencia de género es un problema del que también debe tomar cuenta la sociedad, empezando por la familia y la escuela. Hay que propender a un cambio cultural que destierre el maltrato. Cuando menos haya que aplicar la ley será porque se habrá comprendido el mensaje..

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