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El medio es el mensaje

Las focas amaestradas sólo aplauden a veces

Opinión

No era una opinión, sino que se trataba de una serie de datos presentados como información, para dar una sensación de verosimilitud, cuando sabían que estaban falseando la realidad."

Estas palabras que bien podrían sintetizar la intención de los abogados del Grupo Clarín al presentar la comentada denuncia por incitación a la violencia que involucró a connotados periodistas oficialistas y funcionarios, fueron en realidad pronunciadas el jueves por la Presidenta en teleconferencia desde la Residencia de Olivos, ante las preguntas que le formulaba desde Roma la jueza penal Elena Scozzarella, en el juicio por difamación que Cristina Kirchner inició al diario italiano Corriere della Sera por haberle inventado un "tour de compras" que no existió cuando visitó aquel país en 2008. Un hecho antipático, pero decididamente menor, que por su irrelevancia apenas daba, en el peor de los casos, para una mínima aclaración oficial.

No obstante, por este caso, por el cual la periodista cuestionada Maria Egizia Fiaschetti podría llegar a sufrir hasta seis años de prisión por su estúpido e impreciso chimento, no hubo aquí ni de lejos el insólito e intenso "Operativo Rasgado de Vestiduras" que pusieron en marcha en el fin de semana largo pasado funcionarios y militantes de las redes sociales sobre la "denuncia criminal" presentada por Clarín para que la Justicia determine quiénes son los instigadores del delito de incitación a la violencia colectiva (artículo 212 del Código Penal) en su contra, por medio de una campaña que ya lleva cuatro años, desde el conflicto con el campo, para imputar a Clarín "ser el responsable de todos los «males» que padece el gobierno nacional en su gestión". En su petitorio, sin embargo, no pide la detención de nadie, los periodistas son mencionados sólo en su mera condición de "propaladores" y en la página 2 de un escrito de 36 dice muy claramente que "la individualización de los verdaderos ideólogos de la maniobra denunciada surgirá de la actuación de la Justicia".

La demanda fue, sin duda, tan poco feliz y contraproducente que el martes los mismos abogados presentaron un segundo escrito para clarificar más lo que pudo haberse malinterpretado de buena o mala fe del primero. El editor general de Clarín, Ricardo Kirschbaum, en su editorial del miércoles, fue aún más explícito: "El Grupo Clarín nunca debió haber mencionado a periodistas en una denuncia penal". Y no fue el único periodista destacado de ese multimedios que expresó públicamente sus críticas. El lamentable episodio sirvió, al menos, para demostrar algo: si en vez de Clarín, la misma presentación judicial hubiese sido de algún medio oficialista, difícilmente habría tenido lugar una sesión de autocrítica por parte de sus periodistas. Y, en cambio, los militantes habrían aplaudido a rabiar como focas amaestradas el escarnio a los adversarios.

A Clarín, o a cualquiera que se sienta ofendido de manera persistente, le asiste todo el derecho de peticionar ante la Justicia la reparación del daño hecho a su imagen, pero erró la manera. Y ni aunque hubiesen sido efectivamente denunciados -cosa que en verdad no ocurrió, pero la campaña fue más fuerte que la mismísima verdad-, los periodistas mencionados no tenían nada que temer ya que nadie puede ser procesado por opiniones genéricas, por duras que sean. Igual, inquieta ver nombres de periodistas en medio de una denuncia criminal.

Tampoco debió alegrar el intento de imputar lesa humanidad a Joaquín Morales Solá, el procesamiento de Carlos Pagni o la frustrada presentación judicial de Víctor Hugo Morales contra los periodistas autores del libro que refrescó su comportamiento durante la dictadura uruguaya. Es de lamentar que en estos casos nadie se haya rasgado las vestiduras. Apena que un coro cerrado y unánime no se haya levantado cuando la Presidenta culpó a un dibujo de Hermenegildo Sábat de incluir un "mensaje cuasimafioso" o cuando acusó a periodistas de Clarín y de LA NACION de antisemitas. Tampoco sucedió gran cosa cuando Amado Boudou parangonó a otros dos hombres de prensa de esos medios de ser como los que "ayudaban a limpiar las cámaras de gas en el nazismo".

Los errores de los otros no mejoran los propios, pero al menos habrá que observar con un poco más de escepticismo y cierta distancia a los que ahora proclaman a la libertad de prensa herida por una demanda que no existió tal como la manipularon, cuando en otros momentos callaron, sonrieron o participaron activamente en el juicio popular de las Madres en Plaza de Mayo contra medios y periodistas, celebraron los escupitajos a afiches callejeros con las imágenes de periodistas críticos o aplauden las difamaciones de 6,7,8, vomitadas a diario desde el canal oficial. Y sólo reaccionan ante las repudiables golpizas a movileros oficialistas.

La inminencia del mentado 7-D convirtió a este nuevo episodio en un vodevil mal actuado, que terminó confundiendo a personas de buena fe o en extremo culposas.

Si sólo nos preocupamos cuando llevan al banquillo a los periodistas que piensan como nosotros y nos alegramos cuando los acorralados son aquellos con los que disentimos, vamos mal. Muy mal..

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