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Las chicas de los '70: "Hagamos el amor"

Opinión

Para esta serie de "Las chicas de los setenta" empecé por hablar con amigas. Una de ellas me recordaba que en nuestra época no existía el SIDA. Nosotros tuvimos el privilegio de vivir una etapa de nuestra sexualidad sin espada de Damocles. En nuestra época se desconocía esta enfermedad fatídica. Nadie imaginaba que ejercer su sexualidad llevaría a la muerte. No, nada de eso, al contrario. Era una fiesta de la que hacíamos un ejercicio constante. En realidad lo peor que podía pasar era contagiarnos alguna venérea que, si bien traía complicaciones, se solucionaba con un antibiótico a los pocos días. El otro tema era el embarazo: tomábamos pastillas o usábamos diafragma. Esta información circulaba entre compañeras de facultad, de colegio, de oficina o amigas. De esto a los padres, por más modernos que fueran, no se les comentaba nada. Porque hasta la más progresista de las madres pensaba que "no llegar vírgenes al matrimonio era de locas". Y justamente esa era nuestra bandera: ejercer locamente nuestra libertad. Muchas chicas de los setenta se casaron muy jóvenes, apenas terminado el colegio. Nosotras ya habíamos leído El Miedo de Volar, de Erica Jong y El tercer sexo, de Simone de Beauvoir.

Las chicas de los setenta teníamos una familia que nos cobijaba, pero a la que le ocultábamos una gran parte de nuestra vida

Nuestras historias sexuales, en general coincidían con nuestras historia amorosas . Aunque no siempre. Tan apasionadas éramos que a veces confundíamos amor con pasión. Otras no nos animábamos a decir que no, porque el peor insulto era ser consideradas frígidas o histéricas. Y nosotras no éramos ningunas histéricas, le poníamos el cuerpo a nuestros deseos. ¡Y vaya que deseábamos! También es cierto que no hay constancia escrita de ninguna muchacha de los setenta que haya confesado que hacía el amor por dinero, o para que un hombre la mantuviera. No pensábamos en una retribución material. Un disco de Bob Dylan o Los Beatles y una cadena con el signo de la paz eran lo máximo.

Las chicas de los setenta trabajábamos o estudiábamos o amabas cosas. Teníamos una familia que nos cobijaba, pero a la que le ocultábamos una gran parte de nuestra vida. Muchas salíamos de nuestro tierno hogar a cara lavada para entrar en el baño de un bar o detener el ascensor entre pisos para darnos una manito de maquillaje antes de la cita.

Lo más interesante es que las chicas de los setenta sentíamos que nuestra libertad no tenía precio. Nuestra consigna era "emanciparnos". ¡Y vaya si algo hemos logrado!

"Herederas de la revolución sexual de la década de los sesenta y de las corrientes feministas, supieron combinar libertad con coquetería, emancipación con pasión, reivindicación con seducion", dice el poeta Santiago Gamboa, un amigo..

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