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El escenario

Una guerra que oculta motivaciones políticas

Buenos Aires
 
 

Una disputa sindical y el dilatado traspaso de competencias entre la Nación y la Ciudad han dejado al subte al borde del abismo . La insólita "guerra" bajo tierra entre trabajadores del servicio, algunos vestidos de patoteros, se dirime ahora a golpes de puño para defender intereses en nombre de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) -el gremio que posee la representación legal- o de los llamados metrodelegados, aliado al kirchnerismo, que habla en nombre de la mayoría de los trabajadores del subte. Así, unos y otros deciden si un millón de usuarios viajarán o no en las seis líneas y el Premetro. Con la impunidad de la violencia y la pasmosa pasividad de los políticos que podrían viabilizar soluciones al problema.

Los metrodelegados piden que se "descarte" el acuerdo que Metrovías firmó con la UTA por las paritarias de 2012. Rechazan que a los trabajadores se les descuente el 1% de su salario para aportarlo a la obra social... de la UTA. Y también repudian el proyecto de ley que Mauricio Macri envió a la Legislatura, con las condiciones para hacerse cargo del subte; especialmente, desprecian el capítulo que los obliga a garantizar que habrá servicio aunque hagan huelga.

Los metrodelegados quieren más. Aspiran a que la Nación les otorgue la representación legal por sobre la UTA , por tener mayoría de afiliados. Y, también, a ocupar un lugar en la "mesa chica" de la conducción del subte, si el plan futuro es estatizar el servicio. El metrodelegado Roberto Pianelli y sus "compañeros" les ponen nombre y apellido a sus tres rivales: Macri, Metrovías y los "parásitos" de la UTA, como los calificó otro metrodelegado, Néstor Segovia.

La UTA actuó ayer con el impulso de alguien que ve cómo pierde territorio. Con empleados de brazos fuertes, intentó poner en funcionamiento la línea D durante el paro programado de tres horas. Fue como tirar alcohol en un incendio. La UTA sabe que hoy tiene un guiño de Macri y el "respeto" de la Casa Rosada -risueño espectador de lujo-, ya que reúne a miles de colectiveros.

La Ciudad es todavía un invitado que no quiere abandonar el banco para saltar al campo de juego. En los papeles, planea "disolver" el gremio de los metrodelegados y controlar el subte con una oposición sindical menos combativa que no lapide, claro está, las aspiraciones políticas de Macri..

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