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"Saboreo lo que como, y ya no me agito"

Dos ex fumadores cuentan cómo lograron alejarse del humo

Martes 04 de diciembre de 2012
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A los 62 años, Manuel tomó la decisión de dejar de fumar y lo logró desde hace ya tres meses. Después de muchas reincidencias, influyó un diagnóstico que no deja muchos caminos por seguir. Ahora, este comerciante está tratando "de a poco" que sus hijos lo imiten.

"Durante un chequeo médico regular, el médico me pidió una placa de tórax. Me dijo en broma que tenía los pulmones limpios, pero que veía algo en las placas que habría que consultar con un neumonólogo -cuenta-. Y esa manchita que le llamaba la atención a mi médico era un enfisema. Lo primero que me dijo el neumonólogo es que tenía que dejar de fumar."

Al ofrecimiento de asistencia en distintos centros especializados, Manuel le respondió que prefería hacerlo solo y ya hace tres meses que ni se acuerda del cigarrillo.

Recuerda que fumaba un atado por día o un atado y medio, y que era de los que se ponía una birome en la boca cuando no fumaba. "El problema no es la cantidad, sino fumar", asegura. Y cuenta que a un amigo que no fumó nunca le diagnosticaron la misma enfermedad, pero en el otro pulmón, por haber pasado muchos años expuesto al humo de tabaco. "Cuando se comparte un espacio con personas que fuman, se tienen las mismas enfermedades -precisa-. Esto demuestra que un cigarrillo ya es mucho."

Ahora, Manuel hace ejercicios de estiramiento y percibe que cuando respira se le llenan de aire los pulmones. "Saboreo lo que como y respiro -detalla-. Y ya no me agito tanto como antes." Afirma que dejar de fumar es más sencillo de lo que se piensa: "No sé si es fuerza de voluntad o bloquear la mente al consumo de este tipo de droga".

Valeria, de 32 años, ya lleva un año sin dar una pitada. Probó el cigarrillo a los 14 e intentó abandonarlo una vez, pero a los dos meses tuvo una recaída. Éste es su segundo intento y está contenta. "Esta vez por cuestiones de salud familiar y por mi propio deseo probé sola, aunque me ayudó un libro de autoayuda [Es fácil dejar de fumar si sabes cómo, de Allen Carr]. No es muy difícil darse cuenta de que el cigarrillo hace mal -dice-. Pero como el fumador no percibe una consecuencia inmediata ni el deterioro de su salud, no toma la decisión. El cáncer de mi mamá, que no tenía que ver con el tabaquismo, fue un detonante."

Al principio sentía que no podía seguir adelante. "Los primeros dos meses, pensaba solamente en abandonar el cigarrillo -recuerda-. Cada ataque me repetía: «No estoy fumando». Sentir que no voy a fumar nunca más todavía me angustia."

Empezó a correr para canalizar la ansiedad y llegó a tomar hasta cuatro litros de agua por día. Comía pastillas de mentol y más frutas porque sentía que le sacaban las ganas. "Lo dejé cuando tomé conciencia de que lo que tenía era una adicción y que no necesitaba el cigarrillo para vivir", dice. Como a casi todas las fumadoras, su mayor temor era engordar. "Fueron 5 kg, pero sabía que era mucho más pesado el tabaquismo que los kilos que engordé. Lo que hay que hacer es preguntarse qué rol tiene el pucho en la vida de cada uno."

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