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El señor González y los pobres

Opinión

El hijo menor del señor González se llama Ramiro, le dicen (naturalmente) "Rami" y en estos días circula por todas partes con su amigo Lucas, a remolque. Lucas es un hombre de 40 años, con barba candado, que anda en sandalias con expresión lúgubre.

Como era inevitable, González llegó una noche (temprano) de su trabajo y se encontró con ambos hombres tomando cerveza en el living. Conversaban en voz baja.

-¡Hola! ¿Qué tal, Rami? Este es tu amigo Lucas...¿Verdad? Mucho gusto, Lucas.

Los dos jóvenes permanecieron un minuto sin hacer comentarios.

González se sentó en el sillón grande (el suyo) quitándose los zapatos de una patada. Como los otros dos no hablaban, dijo:

La clase media es la que alimenta al mundo. La que llena los estadios de fútbol, los aviones que van a Europa o a la India, las playas de verano

-¿Qué tal, muchachos, qué hay de nuevo?

-Acá estamos - respondió "Rami"- Le estoy haciendo el aguante a Lucas, porque se acaba de separar de la mujer.

-Es verdad, señor González- asintió Lucas, con infinita tristeza.

-¡Bueno! No hay mal que dure cien años. ¿Verdad?

-Tiene razón, señor. El mundo se cae a pedazos. Y uno tiene sus problemas, pero finalmente. son problemas de clase media.

-¿Y qué tiene de malo? La clase media es la que alimenta al mundo. La que llena los estadios de fútbol, los aviones que van a Europa o a la India, las playas de verano, los créditos para comprar un auto o una casa, las planillas de ingreso a los colegios secundarios, los restaurantes, bodegones y hamburgueserías del mundo entero. ¡La clase media tiene problemas de clase media, y son problemas muy respetables...!

-¿Le parece, señor González?- retrucó Lucas- ...¿Y qué me dice de los pobres?

-Mirá, Lucas, justamente tengo aquí un informe de la ONU, o sea la Organización de las Naciones Unidas. Aquí dicen que 227 millones de personas del Tercer Mundo han salido, en los últimos diez años, de los barrios marginales para vivir en casas humildes, con luz eléctrica, agua corriente y cocinas a gas. Tienen una heladera, un ventilador, un televisor. ¿Vos sabés lo que es eso, cuando antes no se contaba más que con agua sucia de un vertedero? Eso sí es ser pobre.

-No sé, señor González, yo veo que el mundo está cada vez peor.

-¡No, para nada! - bramó González, que estaba empezando a irritarse- El mundo está cada día mejor. ¿Tenés idea de lo que era la vida hace sólo cien años, sin anestesia, sin antibióticos, sin ascensor, sin luz, sin saber leer y escribir, sin auto? Mis abuelos nunca salieron de su pueblo, en Asturias. Mis padres pudieron embarcarse en la tercera clase de un buque de inmigrantes. Y yo soy un hombre de clase media que ha viajado a Europa, al Caribe, a los Estados Unidos...¡Hasta Cuba conozco! Tengo libros en mi casa. Fui al colegio secundario, y mis hijos a la universidad.

-No sé, señor González, yo estoy muy deprimido.

A estas alturas del diálogo, el hijo de González, es decir "Rami", hacía visajes desesperados para que su padre abandonara la discusión y saliera del cuarto. Pero el viejo facho no hizo caso.

-¿En qué piso vivís vos, Lucas?

-En el octavo. Bueno, ahora ya no. Le dejé el departamento a mi mujer, perdón, a mi ex mujer, y estoy buscando algo para alquilar.

-Bueno. No podrías vivir en un octavo piso, de todas maneras, si no fuera por el señor Otis.

-¿Ah?

-El señor Otis, el que inventó los ascensores. Un capitalista americano. ¿Alguna vez intentaste subir ocho pisos por escalera?

-Eh...No. Pero a mí no me gustan mucho los americanos.

-Bueno, es una lástima. Porque ellos inventaron el auto, y seguramente vos tendrás un Ford.

-No, se lo quedó mi mujer, perdón... mi ex mujer.

¿Tenés idea de lo que era la vida hace sólo cien años, sin anestesia, sin antibióticos, sin ascensor, sin luz, sin saber leer y escribir, sin auto?

-Ellos inventaron la afeitadora, a través de otro capitalista yanqui, el Sr. Gillette, y vos podés usar esa barba candado prolija gracias a Gillette, porque si no tendrías barba y melena hasta la barriga como Rasputín.

-¡Pero los americanos no hacen más que tirar bombas y declarar guerras!

-Querido amigo. Guerras hubo siempre, mucho más que ahora. Hasta hace cien años, todos morían en la guerra: tu padre, tus hermanos, tus hijos. Los países eran invadidos por los vencedores, que saqueaban las casas y violaban a las mujeres. Y al mismo tiempo, la mitad de las mujeres morían en los partos. La peste, las infecciones, las inundaciones, los terremotos, las fieras como lobos y tigres, mataban a muchísima gente. Ahora la gente sobrevive, estudia, se casa, progresa, viaja...

-¡Qué lindo panorama! Se ve que usted no es pobre.

-¡Vos no sos pobre, Lucas! Sos un hombre grande que está en la clase media, que tiene el tiempo y la plata necesarios para divorciarse, que se da el lujo de deprimirse en lugar de pegarse un tiro. Yo fui pobre, vos no. A mí no me hables de pobreza. Hoy día, tanto vos como yo tenemos grandes posibilidades de conocer a nuestros nietos y bisnietos. Gracias al capitalismo. Por obra de la medicina moderna, vivimos cien años. Antes no era así.

El señor González, furioso, recogió sus zapatos y se marchó. Aunque, antes de salir del living, recordó sus buenos modales de clase media y tronó:

-¡Buenas noches!

Los dos jóvenes quedaron en silencio, pensativos. En realidad, no eran tan jóvenes: hace sólo cien años, se los hubiera considerado ancianos. Y aquí estaban, en un living con aire acondicionado, bebiendo una cerveza helada que en tiempo de los reyes sólo podían beber los nobles.

-Tenías razón cuando me dijiste aquello, "Rami".

-¿Qué cosa?

-Tu viejo es un facho.

En la última década, las barriadas marginales de las ciudades de todo el mundo han absorbido a 50,9 millones de nuevos habitantes en términos absolutos, según este texto de la agencia especializada de la ONU en la gestión y el desarrollo integral de los asentamientos humanos (ONU-Hábitat).

En contrapartida, se calcula que 227 millones de personas consiguieron salir de estas villas miseria en estos diez años, lo que supone la superación de uno de los objetivos de desarrollo del Milenio, según el comunicado de la ONU.

El informe señala que la mejoría de las condiciones de vida en estas barriadas ha permitido superar la meta de sacar a cien millones de personas de la miseria absoluta hasta 2020, uno de los ocho objetivos que marcó la ONU en 2000.

La directora de la ONU-Hábitat, Anna Tibaijuka, explicará mañana los detalles de este informe en una rueda de prensa que dará en Río de Janeiro, ciudad que la próxima semana albergará la Quinta Sesión del Foro Urbano Mundial.

El África subsahariana lidera las estadísticas, con 199,5 millones de habitantes de barrios marginales, equivalentes al 61,7% de la población urbana de la región.
Le siguen Asia oriental, con 189,6 millones de habitantes; América latina y el Caribe, con 110,7 millones; Asia suroriental, con 88,9 millones; Asia occidental, con 35 millones; África septentrional, con 11,8 millones; y Oceanía, con seis millones.

En América latina, el 23,5% de la población urbana vive en la miseria, aunque en la región se puede celebrar que 30 millones de personas han conseguido dejar los barrios marginales en esta década.

La Argentina, Colombia y la República Dominicana son los países con mayor éxito de la región en esta materia, ya que han sido capaces de reducir su proporción de habitantes de barrios de tugurios en más de un tercio en este período gracias a una mejoría en las viviendas y a un mejor acceso al abastecimiento de agua y los servicios de saneamiento.

Guatemala, México, Nicaragua y Perú han logrado reducciones comprendidas entre el 21 y el 27%, mientras que Brasil ha visto cómo la población de sus favelas menguó en un 16 por ciento.
Según el informe, a menos que se tomen "medidas drásticas", la cantidad de habitantes de estos barrios en el mundo probablemente crecerá a un ritmo de seis millones al año y alcanzará un total de 889 millones en 2020
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