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Uruguay lloró el adiós a Gonchi

Una multitud acompañó por Montevideo los restos del piloto, que ayer recibieron sepultura en su ciudad natal

Martes 14 de septiembre de 1999

MONTEVIDEO (Especial).- Una multitud todavía conmocionada despidió ayer los restos de Gonzalo Rodríguez, el piloto uruguayo de 27 años que perdió la vida el sábado último, en una prueba de clasificación de la Fórmula CART, en el circuito de Laguna Seca, en Monterrey.

El pueblo uruguayo no puede salir del asombro y la congoja que le significó la muerte de la mayor promesa del automovilismo local. Como si el clima hubiera firmado un pacto con la situación, miles de personas se agolparon en las calles de Montevideo para homenajear al piloto bajo la lluvia, arrojando flores al paso del cortejo fúnebre, que recorrió la avenida costanera del Río de la Plata hasta el centro de la ciudad.

Los restos de Rodríguez, que iba segundo en el campeonato de la Fórmula 3000 y que se presentaba en la competitiva fórmula CART, paso previo a la Fórmula 1, llegaron a Montevideo al mediodía y, a las 16, fueron sepultados en el Cementerio del Buceo, de esta ciudad.

Los medios radiales y televisivos esperaron la llegada del cuerpo del piloto en el Aeropuerto Internacional de Carrasco, y cubrieron más tarde los detalles del homenaje en el primer colegio donde estudió Rodríguez.

El presidente uruguayo, Julio Sanguinetti, y Roger Penske, dueño del equipo Penske-Mercedes-Lola, con el que Gonchi Rodríguez competía cuando perdió el control de su auto y chocó contra una barrera de neumáticos y un muro de contención, a 250 km/h, estuvieron presentes en la despedida del piloto.

"Si a Gonzalo la gloria no se la pudo dar la pista, se la da ahora el sentimiento popular", dijo Yamandú Fau, ministro de Educación y Cultura, en su discurso en nombre del gobierno uruguayo.

Gonchi Rodríguez se inició en el karting a los 13 años; fue campeón nacional de la especialidad en 1985, 1986 y 1989, y sudamericano en 1986. En 1988 incursionó en el automovilismo y ese año fue subcampeón nacional de la Fórmula Renault; un año más tarde se convirtió en el campeón.

En 1991 fue considerado el mejor debutante del año, al competir en la Fórmula 3 Sudamericana. En 1992 emigró a Europa y quedó segundo en el campeonato de la Fórmula Ford. Esos resultados lo llevaron a la Fórmula 3000, en 1997; allí integró el equipo Astromega, de Bélgica.

Rodríguez murió cuando el campeonato de Fórmula 3000 llegaba a su fin; Gonchi estaba en el segundo lugar, a cinco puntos de ventaja sobre el tercero y, como paradoja o bien como homenaje, el piloto uruguayo podría consagrarse post mortem como subcampeón de la categoría.

Las autoridades mexicanas todavía investigan las causas del despiste; las hipótesis van desde el atascamiento del acelerador hasta un desperfecto en la válvula del combustible. También se piensa en que el accidente se produjo por el atascamiento del freno, pero estas dos últimas versiones fueron negadas por un vocero de Mercedes Benz, proveedora de los motores de la escudería que representaba Rodríguez.

Los colegas de Gonchi, uruguayos y argentinos, que estuvieron ayer en su sepelio junto con las autoridades automovilísticas del país vecino, destacaron las condiciones humanas del piloto por encima de las deportivas.

La misma actitud tuvo la prensa y hasta el propio Sanguinetti. El editorial de ayer del diario El Observador, de Montevideo, es un fiel reflejo del sentir uruguayo: "Era, para ser francos, una promesa. Una carta de triunfo excelente para el siglo próximo. Estaba en la puerta de la gloria, pero todavía no había ingresado. Estaba en la grilla de partida del éxito. Eso sí, en la pole position. Y sin embargo su muerte enlutó como pocas veces al pueblo uruguayo".

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